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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Jacobinos o girondinos en la Puerta del Sol de Madrid?

¿Qué es lo que hay detrás de esta protesta?
Miguel Massanet
viernes, 20 de mayo de 2011, 07:09 h (CET)
Qui prodest? Cuando uno piensa hablar sobre un tema de actualidad determinado y no quiere cogerse los dedos emitiendo una opinión precipitada, lo mejor que puede hacer es esperar un tiempo, dejar que se aclaren las circunstancias que lo rodean e investigar las posibles connotaciones que pueda tener, dentro del contexto general en el que se encuadra. Por eso, antes de comentar este “espontáneo” movimiento del 15M, conviene averiguar ¿qué es lo que hay detrás de esta protesta? que, a primera vista, parece estar plenamente justificada y que pudiera considerarse un efecto lógico de una situación generalizada del paro que, de forma desorbitada, está afectando a nuestros ciudadanos y, especialmente, a un 45% de nuestros jóvenes, que no tienen posibilidad de conseguir un trabajo, a pesar de tener capacidad y formación suficientes para poder optar a él. Los que ya hemos vivido muchas veces situaciones parecidas, debemos confesar que, por principio, desconfiamos de estas explosiones sociales que se arropan bajo una capa de reivindicación pacífica, un rechazo a la clase política en general y, esto sí., una legítima petición de que se haga lo preciso para que esta penuria económica y destrucción de puestos de trabajo, se solucione cuanto antes.

En principio, nos podemos plantear las siguientes preguntas: ¿quiénes son los concentrados en la Puerta del Sol de Madrid y otras ciudades?, ¿qué se proponen en realidad?, y ¿quiénes han sido los convocantes que, a través de los canales sociales de comunicación, han organizado esta manifestación? Sabemos que no es cierto como parece que algún medio sensacionalista extranjero, la BBC, ha pretendido difundir, que esta protesta tenga algo que ver con lo ocurrido en el norte de África y, en concreto, con los sucesos que tuvieron lugar en la famosa plaza egipcia de Tahrir. Cualquier comparación resulta grotesca, ya que España no es una dictadura (aunque sí es cierto que el gobierno socialista tiene graves tintes totalitarios) sino una democracia parlamentaria, donde los ciudadanos votan libremente (otra cosa sería la valoración de las declaraciones ofensivas e insultantes de algunos políticos) y existen unas instituciones que, al menos en teoría, intentan hacer que se respete la Constitución (pese a que, el propio TC, no parezca actuar de acuerdo con ella)

Es cierto, y así lo advertimos en su día, que el efecto de casi cinco millones de parados, un día u otro, iba a producir movimientos sociales de protesta; aún más, parece increíble que se hayan retrasado durante tantos años para florar, precisamente, cuando la ciudadanía tiene la ocasión de mostrar su descontento al gobierno que nos ha conducido a semejante situación de la manera más simple, legal y apropiada: mediante la votación en las urnas. El hecho de que, unos miles de muchachos, imbuidos de la inmadurez de la juventud, fácilmente influenciados por gentes interesadas en producir disturbios, aunque estos se presenten en forma de una “manifestación pacífica”; se haya producido, unos pocos días antes de las elecciones; resulta altamente sospechoso. Las discrepancias entre lo que unos dicen respecto a las causas de la protesta; la falta de una coherencia en sus declaraciones porque, mientras los hay que se muestran apolíticos y le dan a sus reivindicaciones una orientación de protesta contra los políticos, sin distinción, pidiéndoles actuaciones más contundentes para facilitar a la juventud el tener una ocupación, parece que los hay que, influenciados por determinados corpúsculos –poco representativos a nivel nacional, pero deseosos de crear un ambiente de caos e inestabilidad en tiempo electora –,reproducen al pie de la letra, en sus peticiones, el ideario de la extrema izquierda anticapitalista. Estos corpúsculos, que siguen anclados en el año 1.936, no se han enterado de que, una nación, no puede excluirse de su entorno, si es que no quiere quedarse aislada y fuera del concierto político, económico y financiero por el que rigen las naciones en occidente y, aún más, en la mayoría de potencias emergentes, como son Brasil, China o la India. España ya no es aquella tierra de los cacicazgos (salvo, quizá, los que mantienen el señor Chaves y el señor Griñán en Andalucía), del Frente Popular, de la FAI y la CNT y de las checas, que tanto parecen añorar algunos rencorosos a los que se les llena la boca acusando al capitalismo de todos los males que estamos padeciendo. Sin embargo, no critican al gobierno de ZP.

Y es que, cuando estamos haciendo equilibrios para financiarnos; cuando nuestra deuda pública la tenemos que colocar asumiendo una elevada prima de riesgo y un interés elevadísimo; cuando nos están mirando con lupa desde Bruselas y, por si fuera poco, debemos contribuir a la salvación de Grecia y Portugal con sendas aportaciones millonarias; cuando hemos perdido cientos de miles de empresas y, las que han sobrevivido, apenas consiguen mantenerse a flote, las ventas están colapsadas ( véase lo que está ocurriendo con la construcción y las ventas de coches) y los bancos están pasando por problemas importantes de liquidez que les han obligado a reducir créditos; cuando los pagos para cubrir los subsidios de los desempleados amenazan la viabilidad del sistema y los recortes en el gasto público se hacen imprescindibles si es que no queremos tener que acudir al rescate de la UE, como les ha ocurrido a Grecia, Irlanda y Portugal; resulta poco menos que una insensatez el hablar de repartir un trabajo que no existe; la jubilación a los 65 años cuando el sistema pende de un hilo; eliminar el único trabajo que se consigue, el temporal, cuando no hay empresas que se atrevan, dada la dificultad para despedir en el caso de contratos indefinidos ( de ahí la urgente necesidad de una reforma de la legislación laboral), ¡pidiendo la supresión de los ERE’s, única válvula de escape para que haya empresas que puedan mantenerse en activo!; aumentar los impuestos; expropiaciones, reducción del gasto militar, ¿todavía más? y toda una retahíla de peticiones absurdas, sin sentido, que califican a esta pequeña revolución, que tienen detrás a la extrema izquierda que, como dijimos al principio, parece ser la única que sale beneficiada con este montaje preelectoral.

No es momento de inventos políticos, no está España para nuevas confrontaciones entre españoles ni mucho menos para retornar a sistemas obsoletos incapaces de de crear progreso y, útiles para traer gobiernos dictatoriales ( es curioso el protagonismo que, los de la Plaza del Sol, quieren darle al Estado en temas económicos cuando siempre ha acabado de modo desastroso para el pueblo) Si, en realidad, estos jóvenes se ven con fuerzas para llevar adelante sus propuestas y tienen un programa ( no una utopía) para ofrecer a los españoles, que lo expongan y lo defiendan públicamente. Esto sólo se consigue, en democracia, formando un partido y acudiendo a las urnas para que los españoles lo refrenden con sus votos. Aceptando las reglas, sin violencia, ni algaradas, ni experimentos peligrosos, que se sabe como empiezan pero no como pueden concluir. Y es que, con compañeros de viaje como “Socialismo21”, “Los firmantes que apoyan al juez Garzón”, “Revolución Social”, “Anonimous”, “Cibercomunismo org”, “Asociación de Estudiantes Socialdemócratas y Altermundialistas”, “Asociación valenciana de amistad con Cuba José Martí”, Attac y otros que sería prolijo enumerar, no creemos que esta manifestación sea nada más que otra de las trampas de la izquierda de siempre. El que organizó el evento parece ser un tal Manuel Román Estrade, un bloguero de izquierdas, que es un dirigente de Izquierda Andaluza, un partido escindido de IU de Andalucía. Con este bagaje, señores, mucho nos tememos que la única formación que va a sacar jugo de esta movida será IU y, el resto, perderá. Ojo pues con estos mozos. O eso, señores, es lo que, modestamente, opino.

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