Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   La linterna de diógenes   -   Sección:   Opinión

Tontos sin fronteras

“Reacción ante el anuncio de que Dinamarca establecerá un control de fronteras con Alemania y Suecia”
Luis del Palacio
miércoles, 18 de mayo de 2011, 11:21 h (CET)
Uno, que ha sido euroescéptico de toda la vida, partidario del casticismo unamuniano (Unamuno, al que casi nadie lee), antes que de una vaga comunión de primos (en su doble acepción) mal avenidos, contempla desde hace bastante tiempo cómo se van deshilachando poco a poco las hebras de ese tapiz urdido sobre un bastidor mal ensamblado, lleno de irregularidades (principalmente, la ausencia de homologación entre las economías que componen la Unión Europea), agujeros (los países que decidieron no estar -Suiza y Noruega- y los que “están pero no están”, como Gran Bretaña), carente -aunque sea otra paradoja unamuniana, tratándose de “la Unión”- de unidad...

Siguiendo con la metáfora -ya no tengo vuelta atrás- la Unión Europea va pareciéndose más y más a un collage o patchwork, hecho por escolares; es decir, a algo contrapuesto a lo que sería un tapiz flamenco del XVII, en el que la cohesión y el equilibrio, amén de la calidad de los materiales, serían sus características más notorias.

Se habla mucho últimamente del auge de la extrema derecha en Europa; en especial en países de larga tradición democrática, como Holanda, Francia o Inglaterra. Poco se dice que ocurre lo mismo con la extrema izquierda; y “fascista” o “nazi” siguen siendo adjetivos peyorativos, a veces colgados a personas o comportamientos que demuestran una clara inspiración estalinista, que no se tiene, que yo sepa, como insulto. De acuerdo con esto, se dice que la banda terrorista ETA es fascista o que Hugo Chavez es un nazi.

Ahora le ha tocado el turno a Dinamarca o, más exactamente, a su gobierno. Los “enteraos” de siempre, avanzados de la correcta idiocia política, ya han colgado el sambenito de “extrema derecha” o “fascista” a la propuesta gubernamental de establecer controles en sus fronteras con Alemania y Suecia. Les ha faltado tiempo para calificarlo de “vuelta atrás” e indignarse ante lo que consideran una actitud xenófoba. En ese afán por rasgarse las vestiduras, ha habido quien ha señalado la “enorme falta de solidaridad” con los pueblos del norte de África, que en los últimos meses -siempre según ellos- han vivido una suerte de “revolución de los claveles” (pocos claveles crecen en Libia, creo yo) en su lucha contra los tiranos y sátrapas que los han gobernado durante décadas. O sea, que como Túnez, Libia y Egipto (no hablemos de Siria y Yemen porque no son africanos) atraviesan un cambio social y político, sin duda necesario, debemos abrir las fronteras, así, sin más. Debemos, a la trágala, aliarnos con civilizaciones que no respetan la nuestra y permitir que cundan las mezquitas cuando, en países como Egipto, los cristianos son perseguidos, segregados y muchas veces asesinados.

La propuesta del gobierno de Dinamarca, si llega, como parece, a materializarse, va a crear muchas dudas dentro de la Unión Europea y naciones como Francia, Alemania e Italia parecen candidatas firmes a considerar la directriz del Tratado de Senghen, según la cual se establecía la libre circulación de ciudadanos dentro de la Unión (El Reino Unido nunca aceptó este punto y cualquier persona que intente entrar en él debe pasar por el control de inmigración ¡Qué atajo de fascistas!)

Aquella vieja lección de “no mezclar las churras con las merinas” parece no haber sido aprendida por los que confunden el deseo de controlar quién entra (normalmente para no salir) de un país, con una actitud de racismo o xenofobia.

A todos nos incomodaban los controles en las fronteras y aplaudimos cuando fueron levantadas. Cruzar los Pirineos y seguir rumbo a Copenhague sin que nadie te pida el pasaporte, es muy cómodo; pero tal y como andan las cosas tendremos que fastidiarnos todos un poco y renunciar algo a nuestra comodidad en aras de una mayor seguridad. Y, además, qué diantres: yo cada vez que viajo a Egipto tengo que hacer una cola interminable a mi llegada para enseñar pasaporte y visado.

Ahora -parafraseando a don Miguel- acaso nos toque inventar a nosotros sin tener que pedir disculpas a oportunistas y bobos.

Noticias relacionadas

La maldita enfermedad

A lo largo de la historia se han declarado pandemias que han diezmado la población de grandes zonas del mundo

Siempre quedará Valle

En tiempos turbulentos, en los que España parece un boceto de sí mismo, un esperpento, hay que reconstruir los cristales cóncavos de la Calle del Gato

Podemos, el cuarto en discordia

Isabel del Rey, de profesión poeta

Hay que leer estos 'Versos de escuela' de Isabel del Rey porque es la libertad lo que se lee en los poemas

Miedo nos da. ¿Un Art.º 155 descafeinado?

¿Se pretende restaurar la legalidad en Cataluña o salir del paso con el menor coste político?
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris