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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Televisión y salud

La pasividad de la gente después de un sueño reparador se debe a que está emocionalmente cansada
Octavi Pereña
miércoles, 18 de mayo de 2011, 07:00 h (CET)
El consumo de televisión volvió a crecer en el 2010. Según el estudio anual de Barlomento Comunicación los españoles invirtieron una media de 234 minutos (3,9 horas) diarias en ver televisión. Ocho minutos más que en el 2009. El Dr. Emmanuel Stamatakis y otros investigadores recomiendan que los servicios de salud pública informen a la gente de los riesgos que comporta la inactividad fuera del trabajo. Las personas que pasan más de dos horas diarias viendo la televisión o sentadas ante una pantalla una vez finalizada la jornada laboral corren el riesgo de padecer alguna enfermedad coronaria y más probabilidades de fallecer. Los investigadores dicen que los efectos no tienen nada que ver con la cantidad de ejercicio que se haga, indicando que la manera escogida de pasar el tiempo libre después del trabajo ejerce un fuerte impacto en la salud global.

El Dr. Stamatakis dice: “Es una cuestión de hábito. Muchos hemos escogido la costumbre que cuando regresamos a casa encendemos el televisor y nos sentamos durante horas, es cómodo y fácil de hacer. Hacerlo es malo para el corazón y para nuestra salud en general”. El estudio encontró que este aviso es urgente “especialmente cuando muchos trabajadores adultos pasan mucho tiempo inactivos viajando o dejándose caer en la silla de la mesa de trabajo o ante el ordenador”. Cuando los investigadores compararon la información obtenida de las personas que pasan menos de dos horas ante una pantalla para entretenerse y de los que le dedicaban cuatro o más horas diarias encontraron que estos últimos tenían un 48% más elevado de riesgo de fallecer por cualquier causa. En los casos que se dedicaban dos o más horas a la pantalla al regresar a casa después del trabajo tenían un 125% más de probabilidades de padecer algún problema de corazón. El Dr. Stamatakis dice que desearía seguir estudiando los efectos que una prolongada inactividad tiene en la salud y como los cambios en la manera de vivir pueden reducir el tiempo en que las personas permanecen inactivas.

Pienso que la inactividad de la gente después de la jornada laboral en parte se debe a que están emocionalmente cansadas. No es fatiga física que se resuelve con un sueño reparador, sino de conciencia. Tal como dice el Dr. Stamatakis cuando se regresa a casa es más cómodo y fácil dejarse caer en una butaca y gastarse la vista y las fuerzas emocionales ante una pantalla que refuerza la inactividad. Se dice que el el tiempo es oro. Quien dijo este adagio por primera vez debía considerarlo muy valioso. El refrán popular cargado de sabiduría dice El tiempo perdido no se recupera. Las agujas del reloj no tienen marcha atrás. El tiempo de que disponemos es escaso e irrecuperable. Es preciso aprovecharlo al máximo.

Se trabaja por obligación y en muchas ocasiones es frustrante. Si a parte del trabajo no se tiene un objetivo que valga la pena, el cansancio emocional al que me he referido antes hace la vida fatigosa y le roba la ilusión de vivirla. Si se fija un objetivo que merezca ser perseguido se activan las fuerzas emocionales y la fatiga crónica que nada tiene que ver con el cansancio físico desaparece.

Dados los vientos que soplan, es muy probable que en un futuro no muy lejano la cosa cambiará. Hoy, uno de los problemas que plantea la sociedad de consumo es el ocio y como llenarlo. La solución más fácil es el ocio pagado que mantiene en actitud pasiva a quien lo disfruta. Como rebaños de ovejas se nos incita a ver cosas, a viajar a países exóticos cuanto más lejos mejor que mejor, olvidando que cerca de donde vivimos tenemos paisajes y monumentos merecedores de que se les preste atención. Aceptamos estoicamente las aglomeraciones en los aeropuertos, las horas perdidas en las salas de espera, los atrasos de los trenes, los atascos en carreteras y autopistas y otros problemas que genera el turismo de masas. Se persiguen sensaciones más fuertes y lo que se consigue es que el disfrute se convierte en un rosario de frustraciones.

Otro problema que plantea la sociedad occidental es: ¿qué hacemos con los jubilados? Entre prejubilaciones y jubilaciones obligatorias, hoy a los 65 años y pronto a los 67, de personas que se encuentran en un buen estado de salud física y mental, que se ven obligadas a abandonar sus ocupaciones laborales y que no tienen con que llenar el vacío creado, muchos no saben qué hacer. Para solucionar el problema de la población inactiva se ha ideado la solución de los clubes de gente mayor en donde una buena parte de sus beneficiarios pasan largas horas de tedio sentados jugando a cartas, al dominó, haciendo trabajos manuales, con lo que se consigue favorecer el sedentarismo que es tan perjudicial para la salud física y mental. Ahora se introducen los ejercicios físicos que sirven para romper la inactividad pero que no valen para cultivar la mente porque no anulan el egoísmo escondido en el alma .

Nuestra sociedad necesita un cambio de actitud. Se nos enseña a recibir mucho y a dar muy poco. Nos convertimos en una sociedad egoísta que se autodestruye. El Evangelio nos enseña todo lo contrario: Mas bienaventurado es dar que recibir (Hechos 20:35). Esta actitud evangélica es vida y allí en donde hay vida hay actividad y crecimiento. No hay lugar para la pasividad ociosa y el pasotismo que tantos daños produce. Desaparece el sedentarismo porque vale la pena vivir la vida que Dios nos ha dado. Quien tenga un objetivo que merezca la pena alcanzarlo ayuda a vivir una vida activa y saludable. Los especialistas en salud humana avalan lo que enseña la Biblia.

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