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Los jóvenes: nuestra esperanza

“En la céntrica arteria comercial, las fuerzas de seguridad ha retenido a parte de los cerca de 200 manifestantes y ha cargado contra ellos, a pesar de que en todo momento se han mantenido en actitud pacífica” El Mundo, 17 de mayo de 2011
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 17 de mayo de 2011, 07:46 h (CET)
Hay países en los que por poco más de cien euros cualquiera puede disponer de todo un elenco de sicarios dispuestos a dar matarile a quien sea. Nada nuevo, porque es una de las facetas oscuras más normales de la condición humana, o, si no, ahí tenemos a la Historia que nos da fe de que cualquier loco, a lo largo y ancho de sus renglones, cuando le parecía que tenía poco, iba, sometía a otros países soberanos, convertía a las nuevas ciudadanías en esclavos, y listo: ya era más rico. Así se han fundado países y así se han amasado la mayor parte de las grandes fortunas del mundo, porque éstas son hereditarias. El hecho incontestable, es que los Estados de hoy no son sino grandes negocios de masas, empresas como aquél que dice, donde los gobiernos disponen de tantas decenas o centenas de esclavos que están obligados a tributar con parte de su vida, sea contra la obtención de unos servicios públicos o no, por obtener un orden que les complazca o no. En España, por ejemplo, la presión tributaria más la política institucional de multa salvaje que imponen los políticos de doquier (locales, autonómicos y nacionales) viene a ser algo así como trabajar una semana para el propio sostenimiento y las otras tres para el Estado, y no por eso obtiene el contribuyente el país y el ordenamiento jurídico que desea, sino justamente todo lo contrario: una serie de truculencias legales que convierten en más impunes y más ricos a políticos y los pillos, y en mucho más ganado a los contribuyentes de base, a los ciudadanos. Y, volvemos al principio del argumentario: si hay países donde por cien euros se apiolan a quien sea, ¿qué no estarán dispuestos ciertos seres humanos sin escrúpulos morales de ninguna clase, como los políticos, por ejemplo, por disponer de cientos de miles de millones de euros, e incluso billones, tal y como es el caso de nuestra deuda eterna (que alguien se ha beneficiado para su mayor bienestar)?...¿Cree alguien que no prometerían el oro y el moro (aunque el que lo cumplan ya sabemos que no entra dentro de su ideario) por alzarse con el poder de tener a su disposición la caja?...

Los políticos son unas criaturas que arbitran políticas tributarias que ni siquiera garantizan ley y justicia, como bien sabemos de sobra, sino justamente todo lo contrario: más extorsión, más multas, más dineros para ellos, más desempleo para la ciudadanía, más corrupción, más impuestos, más multas, etcétera, porque no se hartan. Y, parejo a todo ello, los que protesten, lejos de ser respetados en los escasos derechos que supuestamente tienen, lo mismo pueden ser apalizados impunemente por la policía, como detenidos sin más o lo que sea, y todo ello porque protestan por ser excluidos de su propia sociedad como si fueran apestados, esclavos de los Estados o mercancía laboral, tal y como corresponde a su condición real de esclavos. Y es que, les guste o no admitirlo a quienes se rebelan contra esto, es exactamente lo que son, lo que somos, para nuestros gobernantes. Recuérdese que hoy se hace negocio con lo que sea: aborto o eutanasia, pandemias falsas y falsas crisis, paces falaces e injustas guerras, etc. No hay límites, y la ciudadanía, ante esto, ¡chitón, que viene la poli!

Algunos jóvenes, ante tan colosal injusticia, se han rebelado pacíficamente contra el sistema que les expulsa y maldice en un chispazo de luz que a muchos les perturba en sus nihilistas tinieblas, quienes incluso han aplaudido o se han mostrado comprensivos con que un policía que esconde su humanidad tras de un uniforme y un casco con visera pueda apalear a cualquiera que pase por allí , únicamente por poner en práctica su supuesto derecho a protestar o por simplemente ser joven y pasar por allí. Los derechos civiles, como queda bien a la vista de todo el que quiera verlo, se han ido a tomar unas cañas, y han abandonado a su suerte a quienes hoy protestan, al mismo tiempo que han abierto las puertas a que cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, podamos ser apaleados, detenidos con falsos argumentos o con criterios falaces y podamos ser quién sabe si desaparecidos. Si alguien tenía alguna duda de que lo es el Estado actual y de qué tipo de democracia tenemos, que vaya abriendo los ojos, que tome buena nota y que el día 22 obre en consecuencia: los apaleados y los detenidos, bien pueden ser sus hijos, sus nietos o ellos mismos. Incluso si los votantes fueran jóvenes, ya saben de qué va la cosa, y que no piensen que por vestir mejor o peor, llegada la hora van a tener un trato mejor. Aquí sólo tienen derecho los que balan a coro en la umbría de la cuadra.

Los jóvenes, a la vista de las cifras de desempleo, no caben en el país, deben marcharse; los titulados, los inteligentes, a la vista del infraempleo y del desempleo en crudo, deben marcharse del país, aquí no caben; y el silencioso grito del Estado, ante esta tesitura de rebeldía juvenil y de la inteligencia, es el mismo de aquel infausto Millán-Astray de ayer: ¡Muera la inteligencia!, a lo que habría que añadir, tal vez, ¡Y los derechos civiles y la Libertad! Al Estado le interesan los asnos porque son domésticos y trabajan sin pedir derechos; los estúpidos, porque son fáciles de conducir a “sus” urnas; y los que carecen de cualquier deseo de vivir de otro modo que a la sombra de la cuadra, que son los buenos contribuyentes. Todos los demás, sobran, están de más, incordian: deben marcharse. Y , si no lo hacen, para ellos hay, a la vuelta de la esquina, todo un batallón de agentes del orden dispuestos a imponer el debido comportamiento en la cuadra. 22M, vaya, vaya y vote: con ello dará la razón a los que están apalizando a nuestro porvenir, a nuestros jóvenes, que son nuestra esperanza.

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