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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Las damas de la muerte visten hábitos socialistas

“Que haya un cadáver más ¿qué importa al mundo?”
Miguel Massanet
martes, 17 de mayo de 2011, 07:09 h (CET)
Espronceda exponía, en “El diablo mundo”, usando su vena más cínica, un pensamiento desolador sobre los muertos, sin que su crudeza le restara ni un ápice de verdad ni un átomo de buen juicio: “Que haya un cadáver más ¿qué importa al mundo?” Es evidente que, aquellos que no piensan habitualmente en lo metafísico, los que centran sus aspiraciones limitándolas al ciclo vital del individuo y no suelen pararse a pensar en lo efímero de la existencia; las injusticias que comporta para unos y las diferencias sociales que separan a los humanos, los peligros y miserias que acechan a unos y la seguridad y solaz con los que otros son premiados; las enfermedades, deformaciones físicas o mentales que castigan la vida de unos y la buena salud, la belleza y la inteligencia de las que disfrutan los otros; son especimenes humanos que prefieren centrarse en lo que, en términos actuales, se define como “pasotismo”; dejando que la vida transcurra lo más gratamente posible, considerando las desigualdades que nos depara la existencia como un hecho fatal, contra el que no se puede luchar aceptando lo que los antiguos romanos definían como: “carpe diem, cuam minimun credula postero”, que, para entendernos, significaba que hay que aprovechar el presente ante la incertidumbre de lo que nos puede tener reservado el futuro.

En efecto, parece que la invasión de ministras feministas que ocuparon el gobierno del señor Zapatero, ha destapado, dentro del Ejecutivo –quizá a causa de las sombrías andaduras y los malos resultados que su gestión, un tanto contradictoria y desafortunada, vienen deparando al pueblo español – una cierta preocupación por la vida, como si pensaran que, cuanto menos españoles quedemos más fácil les va a resultar controlarnos o más va a quedar por repartir entre los que supervivan. Y es que resulta verdaderamente difícil de entender que, por ejemplo, se hable tanto de fecundaciones in Vitro, de los modernos métodos de fecundación artificial para contentar a aquellos padres a los que la naturaleza no les ha permitido concebir descendencia y, a cambio, se insista constantemente en el hecho de que las mujeres tienen plena potestad para eliminar de su vientre a un nuevo ser, que todos sabemos que es humano ¿no, señora Aído?, y que tiene todos los atributos para llegar a ser un niño, si es que, la vesania y la falta de sentimientos maternales de su progenitora ( no me atrevo a calificarla como madre) no se lo impide.

Azrael, el Ángel de la Muerte, ha tenido, sin duda, que pedir ayuda para poder atender los cientos de miles de abortos que la petulancia y feminismo mal interpretado de esta joven ex ministra, Bibiana Aído, ha cargado sobre su conciencia con su absurda Ley del aborto, que ahora, a las postrimerías de la legislatura, parece que va a tener su adecuado complemento con la nueva ocurrencia de Leire Pajín, consistente en otra ley de “muerte digna”, recién aprobada en el Consejo de Ministros.

Resulta ser que, en España, ya disponíamos de una ley que establecía el llamado “testamento vital”, en virtud de la cual cualquier persona mayor de edad podía decidir como quería que fuesen sus últimos minutos u horas de vida, mediante un documento que se inscribía en un registro. El testamento vital o, más exactamente, el documento de instrucciones previas constituye un hito en el desarrollo de la autonomía del paciente. En España ha adquirido estatus legal con la publicación de la Ley 41/2002. La Ley regula los registros de carácter público denominados registros de instrucciones previas (término legal sinónimo y equivalente a testamentos vitales o documentos de voluntades anticipadas) en todas las Comunidades Autónomas y un Registro nacional. Las Comunidades autónomas han publicado las respectivas normativas y ofrecen información y en numerosos casos modelos que siempre pueden ser modificados por los signatarios. Entonces, si es así, y la ley data desde el 2002, ¿a qué viene que se insista sobre el mismo tema, unos pocos años después?, ¿acaso es que, la señora Pajín, quiere presentarla como una conquista del socialismo?, ¿por ventura aprovechan los días anteriores a las elecciones del 22 de mayo para intentar paliar los efectos negativos de un gobierno desastroso del señor Zapatero? O, hilando más fino, ¿se trata de poner sobre el tapete este tema de la muerte digna, para anticipar, en un futuro más o menos inmediato, la posible legalización de la eutanasia?

Es cierto que, en esta ley, se obvia la palabra muerte y la señora Pajín parece que ha hecho los suficientes equilibrios para no citarla; pero hay un punto que no deja de llamar la atención y es que, cuando se habla de que ningún médico podrá dejar de cumplir con la voluntad del testador, quedando, automáticamente, exonerado de cualquier culpa que se pudiera derivar de tal cumplimiento. Pongamos por caso que, el sujeto de esta última voluntad hubiera dejado dispuesto que “si se barruntara que está en peligro inminente de muerte se le aplicasen dosis masiva de cualquier droga”. Pensemos que, llegado el momento, el interesado no esta en disposición de manifestar su voluntad y la decisión queda en manos de los médicos, fueren uno o dos, y los familiares que, por motivaciones que no vienen al caso, presionen a los médicos para que procedan a cumplir, inmediatamente, la “voluntad” del enfermo. ¿Qué seguridad existirá de que no se acude a la solución menos complicada, o a un diagnóstico precipitado del médico o, incluso, a un posible error de diagnóstico, que pudiera adelantar la muerte, aún en el hipotético caso de que, con otro tipo de práctica médica, el paciente pudiera tener, aunque no fuera más que un 1% de posibilidades, de recuperarse y seguir viviendo?

No podemos aceptar que un valor tan importante como es el de la vida humana, pudiera quedar reducido al acuerdo de un par de médicos, sin la intervención de un organismo judicial que pudiera valorar, debidamente, todos los factores a tener en cuenta y posibilidades de que, un enfermo, se pudiera recuperar; antes de que se tomara la drástica e irremediable decisión de aplicar los cuidados paliativos cuyo fin, sin duda alguna, es el de la muerte del paciente. ¿Acaso la legislación actual no garantiza la muerte digna y con el menor sufrimiento? O, quizá, estamos hablando de garantizar la inmunidad a los facultativos, como ya ha ocurrido en casos pasados, por supuestas prácticas poco deontológicas, cuando se ha favorecido la muerte de pacientes, incluso en contra de la voluntad expresa de sus familiares.

Creemos recordar, al respecto, que, en cuanto a la potestad de los facultativos de alegar “0bjeción de coincidencia” existe una aclaración del TC, en la que se les garantiza la posibilidad de ejercerla en cuanto lo que se les pida que hagan está en contra de sus valores éticos o morales. ¿Cómo, entonces, puede esta ley obviar la existencia de tal doctrina del Constitucional, cuando obliga a todos los médicos a aceptar, sin objeciones, la voluntad de los pacientes, emanada de su “testamento vital”? Hace poco leí en la prensa una noticia en la que se anunciaba que, el gobierno socialista, tenía en la recámara, antes de las nuevas legislativas, una batería de nuevas leyes que podría rondar el número de 65.

Teniendo en cuenta que, el periodo hábil para promulgarlas, termina en el mes de diciembre del corriente año; nos espanta pensar cuál será su contenido si, como ejemplo de las pendientes de promulgar, lo tenemos en esta nueva norma, protegida y encargada por la señora Pajín, una señora si, como portavoz del PSOE, ya dio muestras de su incapacidad, de su fanatismo y sectarismo, ahora, como ministra de Sanidad, no parece que su trayectoria mejore en nada la de su anterior empleo. Lo único positivo es que los plazos se acortan y los medios materiales para poner en práctica la nueva ley parece que son escasos. En todo caso, señores, esto es lo que yo opino.

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