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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

“Todo va a terminar bien”; Un optimismo condenado

Nada es casualidad, tampoco el conocer o encontrarnos con determinadas personas
Vida Universal
martes, 17 de mayo de 2011, 07:02 h (CET)
No es casualidad que tengamos problemas con nuestro vecino o que nos entendamos mejor o peor con este o aquel compañero de trabajo. Posiblemente nos volvemos a encontrar ahora para aprovechar la oportunidad de acabar con tareas pendientes de encarnaciones anteriores. ¿Cómo? Tomando en serio a nuestros semejantes, por ejemplo, escuchándonos mutuamente y ante todo, perdonándonos recíprocamente.

Si consideramos que aquello que nos sucede en esta vida tiene a menudo causas atribuibles a una encarnación anterior, veremos también a Dios de modo muy distinto. Ya no Le acusaremos tan fácilmente de por qué nos sucede esta o aquella «injusticia», y por qué nos ocurre precisamente a nosotros, sino que reflexionaremos hasta qué punto el golpe del destino que nos afecta actualmente se debe tal vez a energías negativas que emitimos en el pasado y que ahora vuelven a nosotros.

El hombre mismo no es otra cosa que un vestido del alma de muchas capas, una solidificación que reluce y cambia de matices según sea la carga de las capas del alma. Por eso los caracteres de los seres humanos son tan diferentes.

Después de la muerte, el alma pasa entonces a los ámbitos del Más allá. Si se va a los niveles más inferiores porque está muy cargada, entonces se encuentra aún atada en la rueda de la reencarnación. Si el alma se ha tornado más luminosa, entonces se ha liberado de la misma y asciende a niveles más altos, a los llamados niveles de preparación, para dirigirse desde allí paso a paso al Hogar eterno divino que una vez abandonamos.

Como es bien sabido ninguna energía se pierde. Debido a esto, ni la energía de nuestros pensamientos positivos o negativos se pierde, ni la de nuestras palabras, nuestras formas de actuar, o la de todo nuestro comportamiento. Tal como las energías sean, positivas o negativas, así tienen su efecto, con ellas imprimimos “sellos” a nuestra alma. Estos sellos o grabados energético permanecen en el alma también después de la muerte del cuerpo físico. El alma está envuelta por todos estos grabados y a estas envolturas las llamamos «vestidos» del alma.

Reconozcamos también en la reencarnación la gran misericordia de Dios, ya que en la vida por medio de la energía del día recibimos impulsos para que nos arrepintamos y purifiquemos cargas negativas creadas antes de que vuelvan como efectos a nosotros y surja una desgracia, quizás una enfermedad. Afrontar y poner en orden lo que nos muestra los dias hace que las cargas en el alma se disuelvan a tiempo y no caigamos en un golpe del destino, sino que lo solucionemos antes de que se muestre exteriormente. ¿No es entonces cada día una gran misericordia?

Ésta es la enseñanza optimista que da esperanza, una enseñanza llena de consuelo que fue enseñada ya en el siglo III d.c. por Orígenes. Sin embargo en el Concilio eclesiástico de Constantinopla, en el siglo VI, esta enseñanza fue condenada y maldecida. No sólo se condenó la enseñanza de Orígenes que decía que el alma ya existe antes de su nacimiento, sino que se condenó también su optimismo sobre que al final todo terminará bien, que todo volverá a Dios. Esto también lo condenó la Iglesia, para poder así atemorizar a sus fieles con un infierno y una condenación eterna, que no existen y que son ademas incompatibles con el Dios del Amor, que –desde luego – no puede desear o enviar mal alguno a sus hijos.

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