Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   El envés   -   Sección:   Opinión

Por un Gobierno de Concentración Nacional

Necesitamos unos gobernantes capaces de dotarnos de una Constitución adecuada a nuestros tiempos y de unos instrumentos aptos para nuestra inserción en unos Estados Unidos de Europa
José Carlos García Fajardo
martes, 17 de mayo de 2011, 06:39 h (CET)
Urge la formación de un Gobierno de Concentración Nacional, compuesto por personalidades de reconocido prestigio, autoridad indiscutida, y servicios a la sociedad con independencia de adscripción política alguna en el pasado.

Unas elecciones municipales llevaron, en 1931, a un cambio de régimen y de forma de gobierno en España. El sistema se había agotado y los súbditos lograron ser ciudadanos. Durante unos años, se vislumbró la posibilidad de una sociedad regida por la Justicia, en Libertad y con derecho a la búsqueda de la Felicidad. Se votó una Constitución democrática basada en los principios de la Ilustración y en los valores de la República. Fueron grandes sus logros, así como lo fueron sus fallos.

Pero no hubo tiempo para conseguir los efectos de una educación universal, gratuita y obligatoria para todos. Ni tampoco para que funcionara la seguridad social pública y gratuita, así como las pensiones para las personas mayores, hubieran o no cotizado por su trabajo. Ni se pudo soñar una ley de dependencia para los ciudadanos que necesitasen atención y cuidados.

Esos cuatro pilares del Estado de Bienestar Social los hemos alcanzado en los últimos años. Con esfuerzo, generosidad y no poco riesgo para la administración siempre torpedeada y ninguneada por una oposición cainita y por unos poderes económicos y financieros que habían erigido en dioses a los llamados “mercados”, mientras hipotecaban la soberanía nacional.

Un Estado de Bienestar Social no sólo para España, sino también para el resto de los países que conforman la Unión Europea y que nos habían hecho confiar en unos Estados Unidos de Europa, con una República Federal de la que formasen parte los ciudadanos de los antiguos estados. Con una soberanía supranacional, con una Constitución, un Parlamento elegido por los ciudadanos europeos y con poderes de control de un Ejecutivo que tuviese la autoridad y los poderes necesarios para gobernar con justicia. Y con un auténtico poder Judicial, profesional, libre y autónomo. Y no esta vergüenza ajena que padecemos.

La drástica reducción de los gastos militares, la unidad en los sistemas educativos y de grados universitarios así como profesionales y de investigación iguales para todos los ciudadanos de los Estados Unidos de Europa, la misma política fiscal, bancaria, de protección medioambiental y de ejercicio de los valores de la República. Esto nos permitiría que hubiera unas sociedades más libres, más justas, mejor organizadas, con una independencia de poderes ideológicos y religiosos - que tendrían garantizado su ejercicio personal y privado, pero sin que pudieran interferir en la educación, en las instituciones sociales, ni en las diversas formas de familia, de asociación y de participación en las tareas del Estado. En resumen, una sociedad regida por la igualdad de todos ante la Ley (isonomia), de contribución en los gastos del Estado (isogoria) y de capacidad de acceso a los cargos representativos de acuerdo con sus capacidades (isocracia).

No existe lámpara de Aladino, pero sí existe la posibilidad de que todos juntos constituyamos una red de redes capaz de despertar a una ciudadanía harta de injusticias, de privilegios, de politicastros impresentables, de sindicalismos hueros y de patronales a costa del Estado. Así como de unos medios de comunicación profesionales, libres y responsables. Una primavera desde las entrañas de esta Europa que bordea por el sur con un Mediterráneo capaz de tender puentes de entendimiento, de cooperación y de acogida, de respeto y de justa distribución de las riquezas humanas y naturales.

Es posible si creemos que podemos alzarnos y rebelarnos contra este sistema político, social y económico caducado por exhausto. Podemos aprovechar estas elecciones titiriteras y de lampantes trasnochados, para urgir la formación de un Gobierno de Concentración Nacional. Compuesto por personalidades de reconocido prestigio, autoridad indiscutida, y servicios a la sociedad con independencia de adscripción política alguna en el pasado. Un Gobierno que durante un período improrrogable fuera capaz de dotarnos de una Constitución adecuada a nuestros tiempos, y de unos instrumentos aptos para nuestra inserción en unos Estados Unidos de Europa.

Este podría ser el mejor y último servicio a la ciudadanía de un Jefe del Estado que ha cumplido sus días, ha gobernado como mejor ha sabido y podido. Y con unos servicios que reconocemos a una familia que deberá integrarse en esta nueva sociedad europea como ciudadanos conscientes de que los privilegios de sangre, dinastías e ideologías forman ya parte de la Historia.

Noticias relacionadas

En busca del bien común

D. Martínez, Burgos

La Diagonal, inutilizable

M. Llopis, Barcelona

Su misión somos todos

P. Piqueras, Girona

Problemática implantación del Artículo 155

J. Cruz, Málaga

El cuidado de la casa común

J. Domingo, Girona
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris