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La ley para una muerte digna
Estamos en tiempos en que vencen los plazos para todo; de eso nos damos cuenta, sobre todo, los que apenas tenemos ingresos dinerarios
Lo único que no vence es la voluntad de seguir adelante, a pesar de todo. Parece que la última medida relevante que va a tomar el Gobierno de la nación, antes de llamar a los ciudadanos a las urnas, es la ley para una muerte digna. Los que vamos a morir –que somos todos- se lo deberíamos de agradecer. Pero, al parecer, hay un sector importante de la población que necesita una agonía dolorosa para ganarse el cielo.
Quizá es que han sido malos cristianos y se han dejado, como los malos estudiantes, para el último momento la preparación del examen final. Pero los que no creemos en el más allá –incluso nos cuesta darle un mínimo de crédito al más aquí-, sabemos el valor de cada instante y que abandonar este mundo entre dolores y quebrantos, es atroz. Suplico, por tanto, que la ley para una muerte digna se apruebe cuanto antes y cumpla satisfactoriamente con el propósito que se propuso. Y a los creyentes les recomendaría que fueran buenos desde su primera infancia, para no tener que pagar en el último momento los pecados acumulados durante toda una vida de egoísmo, engaño, abuso e intolerancia.
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