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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Matar a quien mata

Cabía haber esperado, tal vez, una solución diferente al asunto Bin Laden
Gonzalo Soria
lunes, 16 de mayo de 2011, 07:10 h (CET)
El 11 de septiembre de 2001 dio comienzo un nuevo capítulo en la historia de nuestros tiempos modernos. El devastador atentado de las torres gemelas de Nueva York se perpetró en el recién estrenado gobierno de G. W. Bush en enero, las protestas antiglobalización de verano en Génova y a penas un año después de la declaración de la segunda Intifada en Palestina.

Entonces el mundo árabe o al menos una parte, se revelaba contra occidente sin otra motivación que el odio. A la cabeza un multimillonario, ex colaborador de la CIA y extremista religioso al que no le movía el dinero, ni el negocio sino la venganza. Bin Laden proclamó a los cuatro vientos la guerra de los mártires suicidas contra los explotadores infieles. A las respuestas occidentales con las invasiones de Afganistán e Irak replicaron los atentados indiscriminados en Madrid y (con menor repercusión) en Londres.

Casi una década después del las imágenes de los aviones secuestrados chocando con los rascacielos de Nueva York, el promotor de esta imagen dantesca con el que iniciábamos el siglo XXI, ha muerto. O ha caído en combate. O ha sido ejecutado. O ha sido asesinado. El caso es que la confirmación de la muerte de Bin Laden ha sido una noticia que no ha dejado indiferente a nadie.

En Times Square y en todo EEUU millones celebraron su muerte como una gran fiesta y un gran triunfo de su nación, su way of life, sus creencias y su cultura. También han sido millones de musulmanes en todo el mundo quienes han manifestado su rechazo al modo en que cayó Bin Laden. En Frankfurt parte de la comunidad musulmana rezaba por el alma del líder de Al Quaeda y en Pakistán los más radicales no han tardado en manifestar su rabia con atentados que han causado la muerte a casi un centenar de personas.

¿Y si se le hubiese capturado? ¿Era esta una posibilidad real? ¿Hubiera cambiado eso en algo las cosas? ¿Y si Bin Laden hubiera sido juzgado y condenado? ¿Serviría esto de algo, no habría acabado igualmente muerto como acabó Sadam?

Lo justo, parece ser, que es matar a quien mata. Esta máxima es antigua. Posiblemente la compartan la mayoría de los estadounidenses, tal vez la mayoría de los occidentales. A decir verdad, tampoco eran minoría los musulmanes que justificaban los atentados de Nueva York y Madrid como repuesta legítima a quienes apoyaban las matanzas contra la población palestina y la guerra en Irak. En ambos casos más que justicia parece que hablamos de venganza. No hablamos de sensatez, hablamos de odio.

Si Bin Laden hubiera sido capturado, juzgado y condenado puede que nada hubiera cambiado en la mentalidad de millones de personas de uno o el otro lado de esta trinchera…o puede que sí. Si las cosas hubieran sido de otro modo, se habría abierto un espacio de debate, de discusión, de análisis, de réplicas y contraréplicas, de creación de opinión, un tiempo de reflexión independientemente del resultado final.

Casi diez años después de los ataques al World Trade Center (Centro de Comercio Mundial) el contexto internacional ha cambiado mucho, o al menos así lo parecía. En la Casa Blanca ya no hay un tejano respaldado por el lobby del petróleo, sino un presidente afroamericano por primera vez en la historia. También por primera vez en la historia moderna los pueblos árabes piden libertad de expresión, piden democracia real y se revelan contra sus tiranos.
De este nuevo contexto, sencillamente impensable una década atrás, cabía haber esperado, tal vez, una solución diferente al asunto Bin Laden.

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