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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Lincoln se echaría a llorar

El Partido Republicano está comprometido con una única postura por encima de todas las demás: Reducir el tamaño del estado
E. J. Dionne
viernes, 13 de mayo de 2011, 22:36 h (CET)
WASHINGTON - Los Republicanos están descontentos con su reparto de candidatos presidenciales y ansían que alguien se presente y los salve. Pero esto es lo que no quiere afrontar el Partido Republicano: su problema no está en sus candidatos, sino en la formación misma.

Los candidatos parecen mucho más irrelevantes de lo que son porque los votantes de las primarias del partido y los grupos de interés fundamentales de la formación insisten en reducirlos de tamaño. Para hacerse con una candidatura Republicana, el candidato tiene que desplazarse a la derecha, rechazar taxativamente cualquier postura anterior que vulnere el catecismo actual, y no atreverse nunca a mencionar la verdad de que nuestro actual problema fiscal va a exigir nuevas fuentes de recaudación pública -- léase impuestos.

De manera que tenemos a Mitt Romney defendiendo la obligatoriedad de contratar un seguro que formó parte del plan sanitario que defendió en Massachusetts, pero luego denuncia al Presidente Obama por imponer una medida de obligatoriedad parecida a nivel nacional. Esta ensalada no es lo bastante buena para los guardianes de la ortodoxia conservadora. Se determinó que Romney sólo merecía la salvación repudiando por completo el que ha sido su mayor logro como gobernador.

El ex gobernador de Minnesota Tim Pawlenty ha sido absolutamente abyecto al anunciar su pecaminosidad por creer en tiempos en una solución legislativa de intercambio de emisiones al problema del calentamiento global. "He dicho que estaba equivocado", insistió. "Fue un error, y lo siento". Que alguien le pase el cirio y las cenizas, por favor.

Y luego está Mitch Daniels. El Gobernador de Indiana cuenta con la ventaja de no haber entrado aún en campaña, lo cual es el motivo de que tantos en el seno del Partido Republicano anden expectantes.

Daniels ha sido elogiado por su valentía al instar a una "tregua" en la guerra ideológica. Pero a la primera prueba de fuego de su compromiso con la tregua, elegía romperla aprobando un código que recorta toda la financiación estatal al colectivo de izquierdas Paternidad Responsable. ¿Qué más tendrá que hacer Daniels para alzarse con la candidatura? Es más conservador de lo que la opinión generalizada le retrata a estas alturas. Pero, ¿qué quedará del actual Daniels una vez que la Congregación para la Doctrina de la Fe, también conocida como electorado de primarias Republicanas, le examine?

Incluso si usted acepta cierto cortejo al electorado de primarias, el problema de los Republicanos es más acusado y genera enormes dificultades al país en conjunto. El motivo de que Washington se paralizara por la cuestión del déficit es que la mayoría de los Republicanos tienen un pánico cerval a admitir que nunca vamos a llegar a equilibrar nuestros presupuestos sin ciertas subidas tributarias. Tanto Ronald Reagan como George H.W. Bush subieron los impuestos cuando el déficit subió demasiado. Ahora el partido de Reagan le condenaría como izquierdista partidario de impuestos altos.

En un debate racional del déficit, los Republicanos instan a hacer mayores recortes del gasto público de los que quieren los Demócratas y también alguna forma de impuesto al consumo para evitar movimientos bruscos de los tributos de renta e ingresos. Los Demócratas insistirían en hacer menos recortes y en imponer subidas tributarias a la renta, los beneficios y la inversión. Mantendríamos un intercambio, y tal vez hasta encontraríamos terreno común para el compromiso. Pero como sólo reconocen unos cuantos valientes Republicanos, eliminar de la mesa toda la recaudación pública no es una postura seria.

Esto nos lleva al problema más grave de todos. Los Republicanos actuales han roto por completo con el compromiso asentado de la formación con la innovación nacional: los centros universitarios públicos, los parques nacionales, la regulación alimentaria, la red interestatal de autopistas o los préstamos estudiantiles públicos. La creación del propio impuesto sobre la renta fue apoyada por un buen presidente Republicano conservador, William Howard Taft.

El Partido Republicano actual está comprometido con una única postura por encima de todas las demás: Reducir el tamaño del estado. En esto, los Republicanos recuerdan muchísimo a los Demócratas conservadores de la década de los 50 en el siglo XIX -- exceptuando, dicho rápidamente y con gratitud, la vergonzosa postura que asumieron esos Demócratas en la cuestión de la esclavitud. Hasta el lenguaje de la secesión y la desobediencia estatal al código federal está en boga entre algunos Republicanos.

Imagínese lo que le pasaría a un Republicano que dijera abiertamente lo siguiente: "No habiendo existido nunca Estados, ni por nombre ni de contenido, fuera de la Unión, ¿de dónde sale esta omnipotencia mágica de 'derechos de los Estados?"... Mucho se habla de la 'soberanía' de los Estados, pero ni siquiera la palabra aparece en la Constitución nacional..." Abraham Lincoln pronunció esas palabras el 4 de julio de 1861, y creía tanto en el estado federal que emprendió una guerra sangrienta para salvarlo. ¿Puede usted imaginarse a cualquier Republicano citando a Lincoln al hablar de los derechos de los estados en los debates de las presidenciales?

Lo que más necesita este país ahora mismo es un Partido Republicano que vuelva a creer en su tradición principal. Sería maravilloso que por lo menos una parte de los candidatos presidenciales de la formación la defendiera.

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