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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Realismo escondido

Desde los primeros momentos de la vida, uno aparece en sitios, entre simbólicos y muy cotidianos, que marcarán sus andanzas futuras
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 13 de mayo de 2011, 22:00 h (CET)
Desde los pirmeros momentos de la vida, uno aparece en sitios, entre simbólicos y muy cotidianos, que marcarán sus andanzas futuras. En nuestros ambientes, el habitual punto de partida suele ser el hospital, desde entonces vamos metidos en la madeja de las organizaciones. Pero en no pocos casos, se parte de las playas arrrulladas por el mar, las cabañas, la cueva platónica desde la cual sólo se intuye la luz. El lugar de nacimiento aporta múltiples factores que pronto establecerán diferencias. Desde ahí surgen las PRIMERAS PREGUNTAS, pronto para los precoces, con retrasos variables para la mayoría menos inquieta, pero también se aprecia la parsimonia exagerada de quienes no se las planterarán nunca. La realidad comienza a distinguirse según lo preguntón que sea el protagonista, esa será su realidad. ¿Cómo va a ser igual la utilidad, la eternidad o el desciframiento de la vida para cada uno?

Por un real decreto de la Naturaleza o procedente de las grandes poltronas, se proclama una contradictoria compostura de los humanos, la POSTERGACIÓN de los demás. Cabe imaginar desde que niveles procede esta incompostura. El caso triste es que se convierte en una ley de vida, de una postura inclemente portadora de un desdén progresivo. Como consecuencia, proliferan los ignorados, olvidados, rechazados, menospreciados, si no vilipendiados, hambrientos o destruidos. No es sólo cuestión de egoismo, es algo más profundo. Así se explican actitudes despreciables, la de los asesinos de Marta del Castillo con su desfachatez degenerada, casos similares, el contraste de la acumulación dineraria incluido el dinero público frente a los parados, el desprecio hacia la población por parte de los políticos encumbrados , a los que se añaden capitostes de toda laya. A la postergación no suelen faltarle excusas, ideas, apropiaciones, tramas judiciales o divertimentos necios.

Reconozcamos junto a lo anterior la excesiva e infundada credulidad reinante, llega a plasmarse en una especie de felicidad de los EMBAUCADOS, curiosa felicidad, ya que son felices como resultado de su pasividad para transmitir energía a sus propios pensamientos. Bastará alguien que ejerza de charlatán para que dirija los pasos. Están alejados de un pensamiento crítico en busca de un conocimiento superador, al que perciben como un esfuerzo excesivo; estos “felices” pasivos aún están orgullosos de lo bien que entienden el mensaje del mequetrefe de turno. Lejos de ser nueva, esta es una conducta presente en los relatos clásicos, Los crédulos de la caverna platónica creían culquier cosa dicha por los pretenciosos manipuladores. Los que veían al rey vestido con ropajes elegantes, siendo así que iba desnudo. Sólo los de un espíritu crítico descubren el engaño, apenas alguno se atreve a pensar y ser coherente. Abunda la actitud de los consentidores, en los grandes mítines, en algaradas televisivas o en eventos culturales tendenciosos. Se detecta este fenómeno gregario de funestas consecuencias para el devenir de la convivencia.

Aparentemente hemos entrado en un período histórico caracterizado por la desconsideración hacia las grandes ideas, creencias religiosas, e incluso desdeñando los razonamientos culturales intensos. Como dice Horvey Cox sobre la secularización, está implicada en la eliminación de las tutelas religiosas; añadamos la liberación con respecto a cualquier elaboración conceptual ajena. Eliminados los encorsetamientos, habríamos logrado la ilusión de una grandiosa apertura a todas las posibilidades dispuestas para cada ciudadano. La sociedad plural por antonomasia. ¡Ah! Quizá no se contaba con el gusanillo presente en todo lo humano, se desliza solapadamente, como un simple CAMBIO de TUTELAJE, porque la bandera libertaria pretende taponar los caminos de todo ciudadano osado que pueda creer en algo, de quien pretenda implicarse en el seguimiento de tendencias culturales diferentes o en la práctica de un estilo de vida separado de lo habitual. Lo que se proclamaba como un “pluralismo ideal”, comprobamos como se instala en una actitud totalitaria centrada en una planicie cultural amorfa, no se admiten polos divergentes. ¿Dónde queda lo plural? El ideal plural se quiere transformar en una uniformada disposición de la sociedad, libertaria de fachada, pero sometida a la prohibición de los comportamientos autónomos. El pluralismo se fundió en el fuego de nuevas imposiciones.

La ambigüedad es una de las artes antiguas, adoptada con gusto en los círculos modernos de las convenciones sociales. Entonaremos la balada del descifrador en nuestro intento de una navegación con cierto tino. El “descifrador” era la figura utilizada por Gracián para desvelar los ocultamientos mundanos. Me reía releyendo una de sus historietas reflexivas. En la caverna de la ignorancia, el jovencito le preguntó al descifrador si los seres que va encontrando en todo el mundo, unos no son hombres y otros bestias. La respuesta especificó: “Advierte que los más, que parecen hombres, no lo son, sino diptongos…los peores son los caricompuestos de virtud y vicio, que abrasan el mundo”. Nos surgen pocas dudas al respecto, se trata de una carga mayoritaria, la del DIPTONGO AMBIGUO metido de lleno en los humanos. Cuando avizoramos una respuesta concreta, ¡zás!, el desliz ambiguo desplaza las orientaciones. Si se tratara del mero carácter escurridizo sería tolerable; peor cariz toma la deriva ante los desmanes originados por dichas indefiniciones. Al tiempo, sabemos que las definiciones rotundas resultaron también riesgosas. No salimos del sino ambivalente. ¿Estará escondido en algún recodo el buen equilibrio?

Luis Buñuel si que fue un genio a la hora de hacernos patentes las realidades indebidamente ocultas que circulan por la vida. Sobre todo las disimuladas debajo de los faldones hipócritas de unas sociedades caciquiles ancladas en la desidia general. Qué si no son los rezos utilizados de tapadera o la demagogia insidiosa de los líderes. A un cineasta como él le disgustaban en las películas los personajes transparentes, “no tendrá vida…debe haber una zona de sombra”. En ese tono, si nos detenemos en la observación de la realidad circundante, veremos que nos ensalzan unas transparencias grandilocuentes, señoriales incluso, nadie se lanza al reconocimiento de los ocultamientos, ni pasados ni presentes, ni tan siquiera intencionales. ¿Por qué? Es lógico que ciertas realidades se consideren ajenas al conocimiento público. No descubro nada al comentar el suceso frecuente de hoy en día, cuando el sombreado o miserias encubiertas las hemos transformado en mentiras podridas, precisamente por el equívoco intencionado de presentarlos como inexistentes. La SOMBRA está oscura y algunas deben seguir así, tienen su razón de ser. La luz ilumina y tiene su misión. La mezcla ya conlleva otros manejos con sus personajes protagonistas.

La relatividad también asoma por estas cuestiones. ¿Hemos indagado lo suficiente? ¿Será completo el descubrimiento? ¿Esporádico? ¿Duradero? Lo apreciamos cada día con la evasiva FELICIDAD por la que tanto bregamos; suele estar escondida a tiempo parcial. Si vamos con muchas aspiraciones, abonaremos el huerto para la frustración. Si fuéramos con pocas, la satisfacción perdería consistencia. Nos acercamos a su escondite todos los días, probablemente será uno de los más buscados; su hallazgo requiere de una destreza variable. Con frecuencia enmarañamos los alrededores.

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