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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Seremos “bellacos” pero no tontos, señor ZP

El señor ZP entregado a sus demonios personales
Miguel Massanet
viernes, 13 de mayo de 2011, 07:06 h (CET)
Verán ustedes, cuando nuestro presidente, el señor Rodríguez Zapatero, pierde los estribos, la compostura y se pone a gritar como un energúmeno en un mitin de su partido, en Santander; lo primero en lo que se nos ocurre pensar es que ha perdido su habitual compostura, que ha dejado aflorar sus verdaderos demonios personales y que se siente acorralado por los acontecimientos, viendo como le superan y sabiendo que ya no le quedan otra carta que jugar que la de seguir en su huida hacia delante, negando lo evidente, despotricando de sus enemigos políticos y pretendiendo vendernos, una vez más, el espejismo de que, bajo su dirección, España ha mejorado en las conquistas sociales, la economía está boyante y que, todas las medidas que ha adoptado durante los siete años que lleva gobernando, han sido las adecuadas, sin que, para él, nadie más hubiera sido capaz de mejorar, ni el PP, la situación de penuria económica en la que España se encuentra en la actualidad. Debemos reconocer que desfachatez, imaginación y abuela no le faltan. En todo caso, hubiera sido conveniente haberlo intentado.

Lo que no somos capaces de aceptar es que nos haya llamado bellacos a todos aquellos que sostenemos que, durante el tiempo que ha estado al frente del país, su actuación en materia social no ha sido más que un bluf, una orquestación dedicada a presentarse como un valedor de las clases necesitadas y una excusa para ir despilfarrando los miles de millones del Tesoro nacional que le había dejado el anterior gobierno del señor Aznar. Si se toman la molestia de consultar el diccionario de la RAE, verán que el término “bellaco” tiene dos acepciones. La primera lo califica como un adjetivo que implica la condición de malo, ruin y pícaro y, la segunda, que identifica a la persona a la que se califica como astuta o sagaz. Como no puedo imaginarme que nuestro señor Presidente haya querido injuriar a más de la mitad de la población española, que está convencida de que, su actuación en materia social, ha sido ruinosa y, evidentemente, perjudicial y dañina para una gran masa de los trabajadores, que han salido perjudicados a causa de su equivocado enfoque de cómo sacar a España de la amenaza de la recesión, ésta que se venía anunciando desde hacia tiempo en todo occidente; como, por cierto, sí ha sucedido con la mayoría de países de nuestro entorno en la CE que, partiendo de situaciones parecidas o aún peores de lo que lo hizo nuestra nación, han sido capaces de salir adelante, han controlado su desempleo y ya están beneficiándose de una recuperación que, en España, todavía, pese a los optimistas cálculos de nuestros gobernantes, no parece que estemos próximos a alcanzar. Debo de pensar que lo que, en su ataque de ira, ha querido decir es que “mentimos como personas sagaces y astutas” lo que edulcora, en cierta manera, el exabrupto de don José Luis.

Claro que todo dependerá de cómo se enfoque el tema. Verán, si de lo que se trata, cuando se habla de progresos sociales, es de hablar de leyes como la del aborto o la de los matrimonios homosexuales o el favorecer a los dos sindicatos mayoritarios, CC.OO y UGT o, incluso, darles trabajos a sus simpatizantes contratándolos para vegetar en los organismos públicos (más de 300) o las oficinas de la administración, para engordar con ellos el gasto público, no tendremos más remedio que darle la razón. Ahora bien, si de lo que estamos hablando es de los beneficios sociales inherentes al Estado del Bienestar, que sí dio, como fueron los 400 euros a descontar del IRPF, la ayuda a los jóvenes, el cheque bebé o la ley de Dependencia, que luego o han sido suprimidos por ser inasumibles por el Estado o se han aplicado a medias, como sucede con la ley de Dependencia, que todavía no ha atendido a todos los que tienen derecho a su ayuda a causa de la falta de medios para desarrollarla; entonces deberemos continuar “mintiendo” como dice nuestro Presidente; sosteniendo que no se puede llamar Estado del Bienestar a aquel que ostenta el record europeo en desempleo, que triplica el de naciones como Alemania y que alcanza ya los 5 millones, sin que se vean signos verdaderos de recuperación de empleo aunque, ahora, por circunstancias estacionarias, pueda mejorar en los meses de verano, algo que sucede cada año con motivo de la llegada del turismo.

Se tiene que tener mucho cinismo y desprecio por la inteligencia ajena para sostener, ante un auditorio, aunque sea entregado, el que los socialistas han traído a este país una mejora social, cuando fue el mismo ZP quien ofreció a los españoles dos millones de puestos de trabajo, el pleno empleo y un aumento de la calidad y el nivel de vida (de lo que presumió ante sus colegas de Europa y América en Washington), en un ejercicio de verdadera irresponsabilidad Los resultados los tenemos a la vista, siendo la realidad del momento la que se empeña en desmentir tales afirmaciones cuando, en España, estamos ante una situación financiera muy peligrosa, los mercados bursátiles nos tiene bajo vigilancia y el resto de las PIGS están dando muestras de que, a pesar de las ayudas de la CE y de los parches que se intentan aplicarles, no parece que hayan conseguido salir del atasco en el que están metidas desde que se declaró la crisis. El ejemplo lo tenemos en los bruscos vaivenes de nuestra deuda pública y privada, que no para de sufrir sobresaltos, cada uno de los cuales significa, para España, el tener que pagar más intereses para colocarla y el añadido de que debemos cargar con el coste de la prima de riesgo que se nos exige para garantizar la devolución del préstamo.

Y, mientras estamos temblando, observando los acontecimientos de Grecia y Portugal, nos vemos obligados a pagar intereses draconianos para colocar nuestra deuda y ya tenemos a casi un millón y medio de ciudadanos parados, que no perciben ayuda alguna; estos que nos mal gobiernan tienen la desfachatez de forrarse los bolsillos a costa de nuestros impuestos; se embolsan el dinero destinado a los parados (como está ocurriendo con los ERE’s de Andalucía) y nos vemos obligados a soportar, en el Parlamento, a un señor Chaves que no para de insultar a quienes le reclaman explicaciones por los favores de que gozan sus hijos, debido a que no tiene otros argumentos mejores para justificar su clientelismo y la malversación de fondos públicos por los que se le están pidiendo cuentas. Si no tuviéramos bastantes motivos de preocupación, si no supiéramos que estamos a las puertas de que se nos vuelvan a aumentar los recibos de la luz y no viéramos la gasolina por las nubes; aparece el ministro de Industria, señor Sebastián, asignando otros 70 millones de euros para los cochecitos eléctricos, como si no tuviéramos otras prioridades más importantes. Resulta patético que, cuando en este país se ha estancado la venta de vehículos, cuando están a punto de quiebra muchos concesionarios de coches; en lugar de aplicar medidas fiscales que favorezcan la colocación de los cientos de miles de unidades almacenadas en las fábricas, el señor ministro se dedique a un proyecto que, con suerte, surtirá efecto dentro de cinco o seis años; si es que se consigue ilusionar a los futuros usuarios.

Porque hoy en día nadie piensa en cambiar de vehículo; ni se puede pensar en desguazar los coches ya fabricados, para tirarlos a la cacharrería. No disponemos, en España, de las infraestructuras adecuadas para generalizar su uso y, por añadidura, resultan carísimos y su velocidades (45Km/h) ridículas para la vida moderna, tanto en ciudad como en carretera. Seremos “bellacos” pero no tontos, señor ZP. O esto es lo que pienso yo al respecto.

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