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Del Proyecto 2000 a la Ecuación Apocalipsis

“El crecimiento de la población mundial durante los próximos veinticinco años tiene tal importancia que supera toda consideración social o económica. Es el problema fundamental de nuestra existencia”. Naciones Unidas
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 13 de mayo de 2011, 07:00 h (CET)
La gente común tiene inquietudes y esperanzas comunes que pueden afectar a las cuestiones de la supervivencia o la vida cotidiana personal o familiar; pero hay unas pocas personas o familias sobre el planeta para quienes lo común no entra dentro de su orden. Sus recursos son tan incuantificables que ni siquiera pueden ver a sus semejantes como semejantes, sus necesidades no se satisfacen con una casa, un coche o una ropa de marca y sus gustos no se centran en pasar un rato agradable con la familia o los amigos. Están tan, tan alto y tienen tanto de todo, que se consideran descendientes de los dioses. Tal y como suena. Y no me refiero en absoluto a quienes aparecen en Forbes o clasificaciones por el estilo, porque éstos, por mucho que tengan, no son sino mendigos comparados con aquéllos, que además no tiene cédula de pertenencia esta exclusiva logia y el pedrigree de ser descendientes de los dioses.

Quienes refiero, que son estirpes que vienen pero que muy de lo antiguo, controlan economías, países y destinos no sólo propios, sino de todos, incluido el suyo, lector. Ellos son los que siempre ganan, y para quienes la paz y la guerra, la carestía o la abundancia de las poblaciones, no son sino un juego. Un juego de dioses, eso sí, que es lo que a sí propio se consideran. O dicho con mayor propiedad, descendientes directos de los dioses, y esto créanme que no es una metáfora. No; ellos no ven a los demás mortales como humanos, porque los demás no están en su nivel, ni siquiera comparten con ellos ninguno de sus afanes, creencias o fines. Los mortales, para ellos, son rebaño. Solamente. No abundaré más sobre esto aquí debido a que sólo es un artículo, pero a quien le interese tiene sobrada información en Sangre Azul (El Club).

En este sentido, siempre les gusta ir algunos pasos por delante de los hechos, adaptándolos a sus intereses para que se verifiquen como les conviene. En los primeros años de uno de sus gobiernos, el comandado por Jimmy Carter, el Consejo de Calidad Ambiental (oficialmente, aunque no fue así), elaboró el “The global 2000 report to the President”, conocido popularmente como “Proyecto 2000”, en el que se dibujaba un horizonte próximo de carestía alimetaria, energética y caos social tales producidos por la superpoblación del planeta, que, sucintamente, sugería la reducción de la población humana a menos de 2000 millones de personas. Entonces éramos 5500 millones de almas sobre la Tierra. Este Proyecto 2000 se completaba con otro, elaborado por las mentes más siniestras del momento, conocido como Tratado de Iron Mountain, en el que se proponían ciertos métodos para conseguir ese fin, tales como guerra de barrio, pandemias, crisis, catástrofes locales, gobiernos absurdos que produjeran revoluciones internas y otras lindezas, las cuales se han ido desarrollando tal cual, como cualquiera puede ver, y dentro de cuyas estrategias (algunos dicen que ensayos) estaría tanto el desarrollo del SIDA como nuestro Síndrome Tóxico, y aún pandemias recientes como la gripe aviar o la del cerdo, o nuevas siniestras tecnologías como el HAARP. La famosa bomba de neutrones fue desarrollada para ese fin, sin ir más lejos.

A juicio de esta élite, poner en marcha una extinción masiva de la población chocaba con problemas importantes, aunque fuera evidente para todos que somos demasiados y que el planeta no soporta esta superpoblación y este nivel de consumo, lo que implícitamente conllevaría, si no se tomaban medidas radicales, su propia extinción. Estos desalmados dioses de plastilina no desarrollan las tecnologías necesarias, ni, desde luego, aprietan los botones, sino que deben hacerlo verdugos que pertenecen al orden del rebaño, y, por ello mismo, deben servirse de artificios de falsa bandera o podrían correr el riesgo de que sus siervos se rebelaran y dar al traste con sus fines. El terrorismo, así como utilizar los más abyectos rencores humanos, han sido y son algunas de sus herramientas, promoviendo enfrentamientos y divisiones entre razas o pueblos que producen grandes daños sin que ellos pierdan el control. Sin embargo, a pesar de que el número de muertes y víctimas producidas por sus artificios ha sido elevadísimo y se pueden contar por millones, no ha dado los resultados apetecidos, tal vez por los escrúpulos de quienes tenían que hacer el papel de ejecutores de parte del género.

Sin embargo, la aparición en escena de Audrey Tomason, la actual responsable de la Lucha Contraterrorista de la NSA, parece que ha cambiado el planteamiento. Según algunos, destacó porque cuanto realizaba sus estudios en la Kennedy School de Harvard desarrolló una tesis a la que nombró como “Ecuación Apocalipsis”. Ésta, muy resumida, abunda sobre lo mismo de Proyecto 2000, aunque actualizado, previendo un horizonte inmediato de ingobernabilidad de las masas y de carestía extrema tanto alimentaria como energética, cuando no una serie de acciones que pudiera provocar que a la élite –El Club, según mi novela “Sangre Azul (El Club)”- se le fuera el control de las manos, y de vencedores supervivientes pasaran a ser “suprimidos”. Apoya sus asertos no sólo en la evidencia de los trastornos climáticos del planeta que producen severos desabastecimientos y constantes hambrunas que pronto podrían afectarlos a ellos mismos, sino también en que hemos pasado de la abundancia a la carestía petrolífera, base de nuestro desarrollo y sistema de vida, según la curva de Hubbert. Ante este panorama, y redundando en aquel Proyecto 2000, la autora se muestra más expedita y propone, por técnicas parecidas a las anteriores y aun por una guerra nuclear, química y bacteriológica pactada, la reducción de la población mundial a 1500 millones de habitantes.

Las últimas alarmas saltaron con motivo de los incendios del año pasado en uno de los graneros del mundo, la catástrofe medioambiental del Golfo, las inundaciones que este año han asolado el planeta arruinando las cosechas de multitud de alimentos desde Extremo Oriente a EEUU, el agotamiento de los recursos fósiles, la superactividad solar, los recientes desastres como los de Fukushima y el aceleramiento del proceso de calentamiento global, y ya no faltan voces en los márgenes de la sociedad que alertan de que las distintas potencias controladas por El Club han decidido poner en planta de forma inmediata la Ecuación Apocalipsis, porque el futuro ya les ha atrapado y lo que está por desatarse en los próximos meses, ha pasado ya todas las alarmas. La puesta en escena del supuesto asesinato de Ben Laden, y las previsibles acciones de respuesta de los supuestos seguidores, podrían ser uno de estos detonantes, aunque no el único.

¿Pero pueden gobiernos aparentemente contrarios ponerse de acuerdo en desatar conflictos que diezmen no sólo a las poblaciones adversarias sino también a las propias?... A tenor del interés real que muestran los gobiernos por sus propias poblaciones –no hay más que ver la saña con las que las reprimen-, queda claro que sí, no sólo porque para ellos también sus poblaciones sólo son contribuyentes, que es como decir esclavos, sino porque sus dirigentes quieren contarse entre los supervivientes y parece que ser que sólo hay dos grupos a los que se pueda pertenecer en un próximo futuro; pero, por si esto fallara, la élite dominante cuenta con los artificios de falsa bandera, la provocación o la falsa acusación, de modo que en su mano está que se liberen a los cuatro ángeles exterminadores y la Ecuación Apocalipsis arroje el limitado guarismo que esperan. Algún fin había de tener el hecho de que en todas partes las potencias estén construyendo a increíble profundidad la enorme cantidad de refugios capaces de albergar a decenas e incluso a centenas de miles de personas. El tiempo nos dirá qué y cuánto de cierto hay en esto, y desde luego ese tiempo es más bien corto. La respuesta, en fin, mañana.



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