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Etiquetas:   Equipaje de mano   -   Sección:   Opinión

Schengen o no Schengen, he ahí la cuestión

Dinamarca acaba de anunciar un aumento del control en sus fronteras tras un pacto con la ultraderecha
Pablo Lázaro
jueves, 12 de mayo de 2011, 09:52 h (CET)
Unas horas antes de que los ministros de Interior de la UE se reúnan para debatir cómo aumentar los controles de fronteras dentro del espacio Schengen, Dinamarca se ha adelantado, y ha anunciado unilateralmente que impondrá la vigilancia de los extranjeros que entren en su país. Esta medida se traducirá en controles en la frontera con Alemania, pero también en los puertos y en el puente de Oresund, que une Suecia y Dinamarca. Las causas de esta actuación hay que buscarlas en el auge de la extrema derecha danesa y su crucial apoyo al gobierno minoritario liberal-conservador, a cambio de un endurecimiento de la política en materia de seguridad y, sobre todo, de inmigración, con una de las legislaciones más estrictas de Europa.

Esta decisión no atenta contra el marco legal Schengen, que permite la libre circulación dentro de la UE, ya que éste contempla que cada estado tiene poder para suspenderla temporalmente por alguna emergencia de seguridad. Pero sí se trata de un ataque en toda regla a la línea de flotación del acuerdo, uno de los pilares fundamentales de la construcción europea.

Hasta ahora, esta cláusula sólo se había aplicado ante atentados o eventos especiales, pero Francia sentó un precedente el mes pasado al restablecer el control extraordinario por los inmigrantes tunecinos procedentes de Italia. Y ahora llega el turno de Dinamarca, con el objetivo de luchar contra la inmigración ilegal y el crimen organizado, cuyo aumento en los últimos años consideran preocupante.

La decisión que tome la Comisión sobre este asunto marcará el camino por el que se dirigirá la Unión Europea en un futuro próximo. ¿Queremos avanzar en la Europa de las personas, seguir derribando fronteras y trabajando juntos en lo que nos une en lugar de en lo que nos separa? ¿O nos conformaremos con una Europa ficticia, donde lo único que compartamos sea una moneda y un mercado común, que sólo sirva para que las grandes empresas se enriquezcan? Porque ése es el gran peligro de no dejar claras las reglas del juego, y de no ser capaces de cortar de raíz este tipo de decisiones por parte de algunos países.

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