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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Las leyes emanan de la voluntad soberana del pueblo, señor Salas

La ciudadanía ha puesto en cuestión el fallo del TC
Miguel Massanet
jueves, 12 de mayo de 2011, 08:54 h (CET)
“Nunca es posible calcular lo que puede esperarse de hombres que no obran por principio fijos, sino conforme a intereses que cambian a cada momento” Esto es lo que dejó expresado, J. Donoso Cortés, Marqués de Valdegamas, en su carta dirigida al Conde Raczinski, del 21 de diciembre de l852. Y podríamos añadir, a este atinado comentario del conocido filósofo, parlamentario y político español; aquel aforismo romano tan conocido, que viene a cuento, de la “excusatio non petita acusatio manifiesta”, algo que se suele aplicar a aquellos que se apresuran a disculparse antes de que se les pida cuentas por alguna acción de la que no se sienten especialmente satisfechos. El caso de don Pascual Sala, actual presidente ¿interino? del Tribunal Constitucional, puede resultar muy curioso porque se ha puesto como gato panza arriba cuando se ha apercibido de los efectos del fallo del TC por el que se le ha dado vía libre a la formación filo¬¬-terrorista, Bildu.

Yo no sé si a don Pascual, como el mismo dice, “se le ha puesto la carne de gallina” cuando la ciudadanía ha puesto en cuestión la imparcialidad del Alto Tribunal cuando, por la mínima y por sólo un voto de ventaja, han decidido ignorar las pruebas de la policía y la Guardia Civil respecto a una organización sospechosa, que sólo los seis magistrados ( o lo que sean) del TC parece que no saben que no es otra cosa que la trampa organizada por Batasuna para colar a etarras en las instituciones municipales, con motivo de las elecciones del 22 de Mayo. No sé si ponerme a llorar y partirme de risa cuando este señor, con toda solemnidad y asumiendo la postura del juez herido en su dignidad y ofendido, se atreve a hablar de “la independencia de la justicia” porque, señor Sala, esto será en otro lugar, en otros países, pero lo que es en España, y usted lo sabe mejor que nadie, esto de la independencia del poder Judicial ya no hay quien se lo crea. Y si no lo quiere admitir, basta que vea la reacción ciudadana, la enorme “alarma social” que esta última decisión del TC ha causado entre la mayoría de los españoles, consternados ante la evidencia de que, de nuevo, un fallo (no judicial, porque el Supremo juzgó con ecuanimidad y pruebas más que suficientes, las causas de la ilegalidad de las listas de Bildu) de seis componentes del tribunal que preside el señor Sala que, por otra parte, parece que no se ha tomado la molestia de leerse los votos particulares de los otros cinco discrepantes, que ponen en blanco sobre negro las ilegalidades y los abusos cometidos por el TC al enmendarle la plana al Supremo, entrando a considerar un tema que no les corresponde ni tiene competencia, como es el de la revisión de la valoración de la prueba hecha por aquel tribunal, en un acto de casación para el que el TC no está legitimado.

Al señor Sala le escuece que, el 80% de los españoles, le hayan vuelto la espalda al TC y que la ciudadanía haya llegado a la peligrosa conclusión de que, en España, no existe la independencia judicial, que los políticos son los que tocan las teclas e imponen sus criterios a los jueces y que, mientras las magistrados del Consejo General del Poder Judicial y los del Tribunal Constitucional sean designados por los políticos, es imposible que se les pida imparcialidad o independencia a los integrantes de ambas instituciones. Al señor Sala, efectivamente, se le puede poner la carne de gallina al sentirse cuestionado, pero lo que él no sabe o parece ignorarlo, es que a los ciudadanos de a pie, no tan duchos en leyes, pero si imbuidos de la sabiduría del pueblo que, al fin y al cabo, es quien debe escoger a sus representantes y a las instituciones a las que les incumbe ocuparse de administrar sus bienes y proporcionarles seguridad jurídica, defensa contra la delincuencia y la protección de los derechos fundamentales, entre los cuales está el bien supremo, que es la vida, que ahora, una vez más, con esta decisión imprudente, a todas luces de carácter político y evidentemente pactada; puede que se les haya infundido nuevos ánimos a los etarras, hayan obtenido una financiación adicional ( a costa de nuestros impuestos) y, como se está demostrando con las fiestas que están teniendo lugar en el país vasco, ETA está exultante viendo que los presos excarcelados son recibidos como héroes y se celebra la legalización de las listas de Bildu con gritos de apoyo a la banda y con nuevas expresiones alusivas la independencia de los vascos, .

En lugar de mostrarse tan indignado; tan herido en su ego; tan molesto contra la opinión pública; los ciudadanos españoles preferiríamos que nos explicasen con claridad ¿cómo es posible que, unos días antes, el señor ZP ya supiera lo que se cocía en el TC, cuando apaciguó al señor Urkullu que amenazaba de retirarse su apoyo? O ¿qué hubo de estos contactos, poco antes de que se emitiese el fallo, con representantes del Gobierno? No se sabe, no se tienen pruebas, pero es evidente que estas filtraciones, si las hubo, son suficientes para crear un clima de desconfianza en todos los españoles que, precisamente y no como opina el señor Sala, somos firmes defensores del Estado de derecho; lo que no estamos tan seguros es que sea defendido como corresponde por algunos que fueron firmes valedores del Estatuto de Catalunya y de su constitucionalidad; como ocurrió con el propio señor Sala, que tuvo que tragarse la sentencia del TC, emitida después de tres años de “sesudas deliberaciones”, en la que se admitía que había, al menos, 15 artículos que no lo eran y otros 27 cuya interpretación podía dar lugar a confusiones.

Ni el señor Sala ni todo el TC ni el sistema judicial en pleno, pueden poner en cuestión el derecho de los españoles a disentir de sus resoluciones y, es preciso que, de una vez, los legisladores legislen de acuerdo con el sentir del pueblo y se dejen de inventarse leyes que nadie les ha pedido y que, en la mayoría de los casos, para lo único que sirven es para reducir los derechos fundamentales de los ciudadanos; poner en la picota la moral y la ética y atentar contra el derecho a la existencia de aquellos seres indefensos, que no pueden reclamar y a los que se les priva de su derecho constitucional a la vida. Los españoles empezamos a dudar seriamente de la utilidad de este Tribunal que, quizá al principio de la transición, cuando se publicó la Constitución de 1987, tuviera una utilidad pero que, con el transcurso de los años y fruto de su politización y de una concepción errónea de sus fines, lo único en lo que se ha convertido es en una cuarta instancia de casación, que no estaba prevista cuando fue creado.

Resulta muy curioso el evidente enfrentamiento del TC con el Tribunal Supremo y, todavía parece más singular que, un órgano en el que no todos son de la carrera judicial, que los hay que son meros abogados, o catedráticos sacados de las universidades, quizá los centros más politizados del país; pueda imponer sus criterios a los de magistrados de gran prestigio, de sobrada solvencia y conocida experiencia, como son los de la Sala 61 del Tribunal Supremo, órgano de última instancia donde se resuelven, al máximo nivel, los casos que provienen del resto de instancias judiciales. Puede que al señor Sala le parezca que el fallo sobre Bildu “tenga una fundamentación completísima”, pero resulta muy raro que, a una gran mayoría de los magistrados del Supremo, no les parezca así. Una observación final: en España las leyes proceden de la voluntad soberana del pueblo y cuando el pueblo no se reconoce en ellas, no se siente identificado con sus órganos legislativos ni está de acuerdo con la aplicación que, de las mismas, se hace a través de las instituciones; hay algo que no funciona y que debe ser remediado y esto se ha de hacer saber a través de las urnas. O eso, al menos, es lo que creo yo.

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