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El clamor de Moses Zerai
72 emigrantes libios perecieron a bordo de una barca que naufragó ante la indiferencia de los barcos de la OTAN.
Un pasajero llamó al padre Moses Zerai, director de la ONG Abeshia con sede en Roma, para hacerle llegar la dramática situación por la que estaban pasando. El sacerdote eritreo dio la voz de alarma a las autoridades, pero su clamor se estrelló contra el muro de la indiferencia administrativa. Los dejaron morir.
Eso de "dejar morir" me suena profundamente hipócrita. A uno se le puede dejar comer, dormir, hacer el amor, porque se supone que son cosas que agradece. Pero, ¿cuántos de estos emigrantes libios querían que se les dejase morir? Desde un punto de vista estrictamente ético, me parece mucho peor "dejar morir" que matar.
Entre una buena parte de la población se ha instalado la idea de que las labores humanitarias desplegadas por la OTAN sólo obedecen a los intereses de las grandes corporaciones. Que si no hay petróleo o gas por medio aquí nadie mueve un dedo por nadie. Quizá sea una visión algo injusta, pero no está falta de fundamentos. El clamor de Moses Zerai es el clamor de las 72 almas que yacen en el fondo del mar océano, de los cientos de millones de desheredados que yacen en el mar de la indiferencia, de las decenas de millones de ciudadanos occidentales que yacen en el mar de la precariedad, de la exclusión social y la desesperanza. Cuando todos los clamores se conviertan en uno solo, este mundo que hoy padecemos saltará por las nubes, hecho añicos. Ojalá lo pueda ver yo.
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