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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Un pico

m. Parte sobresaliente de una cosa, como el morro de hormigón de los políticos, por ejemplo.
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 11 de mayo de 2011, 07:02 h (CET)
En mi ciudad había un edil de supuestas izquierdas que se ufanaba de que entre lo que cobraba por un puesto al que acudía poco o nada, por lo que se sacaba de dietas por hermanar la ciudad con otras ciudades de las cuatro esquinas de la Tierra mientras hacía turismo, y lo que se sacaba por comisiones de vaya usted a saber qué y por actividades especiales, como que se levantaba todos los meses un pico. Es uno de los muchos picos de esta nuestra realidad.

Realidad, que es ajustable a las conveniencias de cada cual, según el pico de ideología anacrónica y mitinera que se inyecten en vena los postulantes políticos, quienes desde su nirvana drogota suelen recurrir con vehemente verbo a unas supuestas izquierdas o derechas que hace mucho caducaron y tienen ya un regusto a rancio que no hay quien lo soporte. Son espíritus antediluvianos, lo saben, pero no ignoran que funciona, porque hay mucho votante enquistado en el ridículo paroxismo de cuando el cretácico anterior. Reliquias, antigüedades, fósiles que ignoran la era en la que viven, si es que lo hacen. Un pico, el que los políticos se meten a sí mismos y los meten a los ilusos en los mitines, cuando de sobra saben hasta los que lo ignoran que el objetivo de los unos es levantarse un pico, por izquierdas o por derechas, y el de los otros, también.

Pico, que además tiene la afección de besarse en los morritos, cariñosamente, que es como lo hacen las izquierdas y las derechas, entretanto en el escenario parece que se enzarzan en disputas que los van a conducir a la sangre. Cosa para la galería, sin duda, porque en realidad les gusta luego verse juntitos en la pantalla, mientras acomodados en la fila de los mancos se dan el pico. Ahí tienen que se ha legalizado a Bildu, y los unos están tan contentos y los otros protestan, pero sólo con la boca pequeña; o que ambos llevan tal cantidad de chorizos en las listas que ambos podrían presentarse por la demarcación de Cantimpalo, y quedaría excelentemente representada; o que ambos se suben los sueldos mientras al populacho ignorantón se lo bajan; o que ninguno de ambos renuncia al trinque en grueso, mientras al alelado votante le suben los impuestos hasta los cuernos de la luna; o, aún, que el país esté manga por hombro y aquí sólo se quejan los picudos de cara a la galería mientras a hurtadillas se acarician las manos y se dan el pico como tórtolos. Después de todo, ya se sabe que ambos son los miembros del mismo corpus, el cual ni está acá ni allá, ni tiene pico ni nada, aunque, eso sí, se levanta un pico que para qué cuento, porque ya ha convertido a todos los pueblos de la Tierra en sus esclavos, ya que jamás podrían pagar la deuda que tienen, que en el caso de España es nada más que 1,76 billones de euros, casi 37 mil euros por ciudadano. Casi na´.

Pico, que también tiene una afección fálica, que es con el que los políticos nos acicuatan a todos al alimón; otra, que se refiere al órgano chupador de los vampíricos hemípteros, que es con el que estos vivales nos succionan los fluidos y dineros con que se alimentan estos parásitos; y una más, que tiene una afección referida al órgano decidor de estas locuaces criaturas, las cuales pueden decir digo con el mismo aplomo que Diego, y aún arsa pilili sin sonrojarse siquiera. En fin, que un pico para besarse mientras seducen a los incautos votantes, un pico que se sacan por cada colegui que colocan en algún puesto de la Administración, un pico que se levanta cada cual por los chanchullos que se traen entre manos per se o per les suyes, un pico para su satisfacción sexópatica, un pico para sorbernos hasta las ganas de vivir, y un pico psicotrópico de realidad de plastilina que utilizan para pintar paisajes que no existen ni en los delirios narcóticos de esta panda que usa el portland como maquillaje. Un pico que se multiplica hasta ser una excavadora para esos círculos discretos de mucho triángulo y compás dos por dos que, en adamado salón, bailan a luz de gas con los bolsillos atiborrados de la recaudación que los de los otros picos les han procurado.

Un pico les daba yo a todos éstos crápulas, palabra; pero de los de cavar. A ver si trabajando se les pasaban las ganas de tomarnos por idiotas.

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