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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La excelencia huye de España

El 80% de jóvenes investigadores emigran a los Estados Unidos
Miguel Massanet
martes, 10 de mayo de 2011, 07:00 h (CET)
He podido leer en la prensa que, el presidente de Asociación de Jóvenes Investigadores de Madrid, señor Juan Alai, ha afirmado que la fuga de cerebros también afecta a España, donde parece que el 80% de jóvenes investigadores emigran a los Estados Unidos, Alemania o Gran Bretaña. “La mayoría de los jóvenes investigadores españoles están en un exilio forzoso” se lamenta Juan Alai ante este hecho, evidentemente descorazonador para nuestro país. Es obvio que el Gobierno español invierte importantes sumas en la educación pero, como sostiene el premio Nóbel de Medicina, Hamilton Smith, es preciso destinar más recursos económicos a la investigación. Contrariamente a esta docta opinión parece que, en España, está previsto que se produzca un recorte del 15% para el próximo ejercicio, en las dotaciones para la investigación. Este hecho ha dado lugar a que, La Plataforma de Investigadores del Colegio de España en París, haya emitido un comunicado por el que denuncian que “las actuales perturbaciones ligadas a la política de presupuestos pueden suponer otra oportunidad perdida para un progreso económico y social que no debería depender de las legislaturas, crisis, opiniones o modas”. El citado artículo de prensa confirma que: la financiación privada y la creación de nuevas estructuras ayudarían a la optimización de recursos, mientras se aprovecharía la capacidad y el talento científico con más apoyo.

Es evidente que, la precaria situación de España en cuanto al desempleo, predispone a que se vuelva a producir el fenómeno emigratorio que ya tuvo lugar en el periodo de 1.940 a 1.950 y que, más tarde, se volvió a reproducir entre los años 1960 y 1970, en lo que se originaron nuevas emigraciones “forzadas por la situación económica y social”. No obstante, las emigraciones que tuvieron lugar a partir de 1.987 afectaron a jóvenes más cualificados y con predominio de mujeres “en búsqueda de mayor reconocimiento laboral y social”. No obstante, según el Randstad, en su último “Estudio de Movilidad Internacional Laboral”, en estos momentos y debido a la penuria de trabajo en España, se vuelve a notar una tendencia importante a la emigración; de tal forma que ha quedado claro que, un 62% de los parados, parece dispuesto a cambiar de país en busca de un empleo. Los jóvenes de entre 25 y 34 años son los más dispuestos a esta opción.

Si estos datos ponen en cuestión el optimismo de nuestro Gobierno sobre la recuperación económica y, en especial, la posibilidad de que se engendren nuevos puestos de trabajo; todavía existe, en esta tendencia a la emigración, un peligro adicional que, sin duda, puede acarrear daños irreparables para nuestra patria. Se trata de la llamada “fuga de cerebros”, jóvenes de carrera, perfectamente formados y capaces de ocupar importante puestos en el sector de la investigación, que se ven en la imposibilidad de conseguir un puesto de acuerdo con sus aspiraciones y que, sin embargo, reciben importantes ofertas de trabajo fuera de España, como ya hemos citado al principio de este trabajo. Los profesores Diego Herranz y Javier Rodríguez atribuyen a la crisis de los 90 y su correlato de desregularización y flexibilización del mercado laboral “el que el valor otorgado, tradicionalmente, a lo formativo se ve fuertemente devaluado… cuando la opinión pública empieza a cuestionar el verdadero valor de la enseñanza superior, especialmente la universitaria, como estrategia para acceder al mundo activo”. El “mileurismo” parece que satisface a los jóvenes con estudios, que ven que otros, sin estar tan cualificados como ellos, ganan sueldos iguales o superiores a los suyos. En este periodo disminuyen los universitarios, aumentan los abandonos escolares de jóvenes de 16 que prefieren trabajar en lugar de estudiar (un 30% abandonaron sus estudios después de la fase obligatoria, entre 1.997 y el 2007). Actualmente están desempleados e intentando reengancharse a los estudios algo sumamente complejo para quienes no siente especial apego al estudio.

El PSOE, cuando llegó al poder, puso en marcha un adoctrinamiento aparentemente favorable a los jóvenes en edad de estudiar, pero que ha devenido en un desastre completo. El anteponer, en la enseñanza, determinados planteamientos políticos, el introducir elementos distorsionadores, como la asignatura EpC, y el insertar en las aulas a profesores adictos y agitadores profesionales, que han desprestigiado al gremio docente, han eliminado el respecto a la autoridad docente y han socavado la autoridad de los padres, de modo que, en muchas familias, no existe el respeto por sus progenitores y la convivencia se ha convertido en algo que, en muchas ocasiones, resulta insoportable. Se ha primado la masificación antes que los buenos resultados académicos; se han dado consignas a los educadores para fijar unos mínimos de aprobados y se ha permitido que chavales con varias asignaturas cateadas, hayan podido pasar de curso para evitar que las estadísticas pusieran en evidencia el gran bluff de nuestra enseñanza. Nadie puede objetar que cada chaval precisa de una enseñanza mínima para poder valerse en la vida; pero el empeño del Estado en que salgan, cada año, un número determinado de licenciados, pese a quien pese, nada más ha conseguido que, muchos de ellos, sean incapaces de asumir las responsabilidades que se les puedan exigir en su trabajo, se hayan producido situaciones de desencanto y, muchos de ellos, han tenido que asumir el trauma de su incompetencia cuando ya no tiene remedio.

Los que, a pesar de las dificultades existentes para conseguir formarse adecuadamente, lo consiguen y se encuentran dentro de este limitado número que alcanzan la “excelencia”, tienen que abandonar España porque, ni el Estado ni las empresas, están en la posición de poderles pagar lo que se merecen y de darles facilidades para que puedan desarrollar, en beneficio de la sociedad española, sus cualidades y conocimientos. Es evidente que, si valoramos lo que cuesta al Estado la enseñanza de cada individuo; si contabilizamos lo que significa sostener miles de escuelas públicas, universidades y todo el elenco de maestros y catedráticos que el sistema comporta y, si lo comparamos con los paupérrimos resultados obtenido por nuestro sistema educativo; deberemos llegar a la conclusión de que nuestro sistema educativo necesita una reforma en profundidad y, en especial, sacarlo de las garras de estos socialistas que han confundido la enseñanza y la culturalización de nuestros jóvenes, con la Juventudes Hitlerianas (Jungmannen), con la desventaja de que, en aquellos cuerpos de élite, el esfuerzo, el aprovechamiento y los resultados, aunque fueran politizados al máximo, proporcionaban al Estado jóvenes perfectamente instruidos y capaces de contribuir al desarrollo de su nación.

Hoy tenemos, en España, casos tan penosos como el del científico Mariano Barbacid, uno de los valores más solventes en la investigación del cáncer, al que la ministra, señora Garmendía, le ha puesto a caldo, negándose a financiar sus trabajos e impidiendo por meros celos y orgullo, que el señor Barbacid pueda obtener ayuda de mecenas privados, para poder continuar sus importantes investigaciones. ¿Qué ocurriría, como parece más que probable, si el señor Barbacid decide regresar a los EE.UU?, si abandona sus trabajos, en España, para ir a seguir en los Estados Unidos donde, sin duda alguna, encontrará todas las facilidades para seguir sus trabajos, en mejores condiciones y sin tener que someterse a los políticos de turno. L. A. Séneca decía: “Todo poder excesivo dura poco” Esperemos que acierte. O esto es lo que opino yo.

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