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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La gran tragedia del hombre

Miguel Rivilla (Alcorcón)
Redacción
lunes, 9 de mayo de 2011, 15:54 h (CET)
El hombre moderno vive inmerso y distraído en un sin fin de ocupaciones y preocupaciones de todo tipo, que le impiden encontrar el sentido último de su existencia..Carece de paz y de sosiego para conocer, escuchar y meditar la Palabra de Dios. Entretenido por lo material y caduco, pierde de vista lo trascendente y definitivo, que es Dios, la meta de su vida.

Un lamentable fallo es la carencia de tiempo para encontrarse cada uno consigo mismo. Se prefiere el bullicio, las prisas, la agitación y el activismo, dando de lado al silencio, la soledad, la meditación y el encuentro con Dios y con uno mismo, en el hondón del alma de cada cual.

Jesucristo es la Palabra de Dios, que ilumina, vivifica y trasforma la vida de toda persona que se pone en contacto con él. Es el manantial de agua pura y cristalina, capaz de calmar la sed y dar la vida eterna a la humanidad sedienta. Pero la gran masa desconoce esto o prefiere ir a saciar su sed en las charcas o en los cenagales del camino. Las consecuencias son evidentes y desastrosas para los individuos, las familias y la sociedad. Si Cristo es la LUZ del mundo, quien no le sigue, anda en tinieblas. Si Cristo es el CAMINO, quien le ignora, anda despistado y desnortado por la vida. Si Cristo es la VERDAD, quien no le escucha vive en el error. Si Cristo es la VIDA, el que le vuelve la espalda está en la muerte. Tal es la tragedia del hombre y de la humanidad y la causa de todas las desgracias que sobrevienen a los humanos. Jesús vino a los suyos como SALVADOR del mundo y éstos han preferido buscarse otros salvadores en la ciencia, la técnica, el progreso, la política etc, centrándose en sí mismos y no abriéndose a Dios. En una palabra, la causa de todas las desgracias que nos anegan radica, fundamentalmente, en el olvido de Dios.

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