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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Los años del desengaño

La caída del muro de Berlín no ha supuesto el reinado definitivo de la democracia
Mario López
sábado, 7 de mayo de 2011, 22:03 h (CET)
Cuando cayó el muro de Berlín, la inmensa mayoría de los europeos nos alegramos enormemente. Creímos que, por fin, la democracia se iba a consolidar en toda Europa, que Alemania se iba a reunificar acabando con aquella cruel situación que separó durante décadas a familiares y amigos. Pensamos que se había puesto punto final al socialismo real, es decir, al autoritario e ineficaz sistema en el que se encarnó el socialismo teórico en el que muchos creíamos y aún seguimos creyendo. Cuando cayó el muro de Berlín todos nos asombramos enormemente y no parábamos de hacernos, una y otra vez, la misma pregunta: ¿quién se podía imaginar que iba a caer el muro tan rápidamente y de esa forma tan incruenta? En cierto aspecto, la caída del muro de Berlín se asemeja al final del franquismo. Ambos tomaron la forma de un suicidio político. Ambos regímenes, el socialista de Alemania Oriental y el franquista, cesaron por iniciativa propia.

Ahora, 22 años después de la caída del muro de Berlín, once años más de la aprobación de la Constitución española, y transcurridos más de tres años del inicio de la última crisis del capitalismo, muchos observamos que ni la transición del franquismo a la democracia supuso una ruptura real con muchos elementos cardinales del franquismo, que aún hoy siguen vigentes, ni la caída del muro ha supuesto el reinado definitivo de la democracia. Muchos alemanes de la antigua República Democrática Alemana añoran la cobertura social de su antiguo régimen y el resto de los europeos empezamos a ser conscientes de que nuestra democracia no es más que una ilusión, la dictadura de los mercados enmascarada por un poder político cada día más irrelevante. Estos años que vivimos se recordarán, por las futuras generaciones de europeos, como los años del desengaño, de la desesperanza y, de seguir así las cosas, de la desesperación. Dentro de pocos días, los españoles estamos llamados a acudir a las urnas. Posiblemente sea una de las últimas representaciones de una mascarada que ha acabado con la soberanía popular. La democracia hoy no se encuentra en las urnas sino secuestrada en los despachos de los presidentes de los grandes bancos y corporaciones.

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