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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El Estado de Derecho, huido y en paradero desconocido

La separación de poderes ha sido la piedra angular de la democracia
Miguel Massanet
sábado, 7 de mayo de 2011, 22:48 h (CET)
El señor Alfonso Guerra, el segundísimo de Felipe González, en su día proclamó el segundo fallecimiento, con todas sus consecuencias, del Barón de Montesquieu; no se sabe si por aversión a la nobleza o por ser dicho intelectual el que articuló la teoría de la “separación de poderes” que, desde entonces, ha sido piedra angular de lo que han sido las futuras democracias. Claro que, el señor Guerra, puede que no tuviese en cuenta que, con el nuevo óbito del ilustre filósofo de la “ilustración”, también se cargó su espíritu crítico que dejó escritos en la historia de la humanidad, con trazos de tinta indeleble, conceptos tales como: “ la tolerancia religiosa”, la “aspiración de libertad” y, en particular, su famosa definición de la distribución de poderes (modernamente separación de funciones o de facultades) que, a criterio del filósofo francés: “es una ordenación y distribución de las funciones del Estado, en la cual la titularidad de cada una de ellas es confiada a un órgano u organismo público distinto. Junto a la consagración constitucional de los derechos fundamentales, es uno de los principios que caracterizan el Estado de Derecho moderno”.

El señor Zapatero y todo su equipo de ministriles, todavía ha dado un paso más en el sentido de fabricar una democracia según lo que él considera como se debe regir un Estado. El señor Rodríguez Zapatero tiene concebida una idea de los poderes del Estado y en particular del Ejecutivo, que dista mucho del concepto de Montesquieu, que decía que, cada uno de los poderes del Estado debía ser independiente de los restantes, con el fin de que cada uno vigilase el comportamiento de los otros dos; de modo que ninguno de ellos pudiera quedar impune en el caso que se excediera en sus atribuciones. Por el contrario, el señor ZP parte de la base de que el fin justifica los medios y que, para imponer a los ciudadanos sus propias ideas, respecto a lo que les conviene, aunque a ellos les pudiera parecer lo contrario a sus intereses, lo que mejor cuadra es un Estado al servicio de un Gobierno que reúna, en sí mismo, todas las facultades que deberían quedar distribuidas entre los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Como esto no es posible, de acuerdo con nuestra Constitución, ha tenido que maniobrar para conseguir sus objetivos por medio de una red de engaños, trucos, influencias, presiones, chantajes y demás martingalas – entre ellas puentear, sin ninguna consideración, la propia Constitución – para conseguido meter en vereda al resto de poderes ( el Legislativo y el Judicial), de modo que todos ellos bailen al son de sus deseos, como el oso del feriante romaní lo hace, a las indicaciones de su amo. El resultado no se ha hecho esperar y ahora, después de que los españoles le hayan permitido a ZP que repitiera legislatura, nos encontramos en un país, presuntamente demócrata, en el cual los papeles de las instituciones se han trastocado, de modo que se están produciendo las más extrañas contradicciones sin que se haga nada para evitarlo.

Por ejemplo, uno tiene un vago recuerdo de cuando estudiaba, por el que la misión de los señores fiscales era encargarse de perseguir, empapelar y llevar ante el juez a los criminales, a los delincuentes comunes y a los terroristas, para evitar que las personas decentes, honradas y cumplidoras de las leyes, pudieran ser los blancos de semejantes personajes. Pues no, no señores, este colectivo que se comprometió a hacer que las leyes se aplicaran y a actuar en nombre de los ciudadanos para prevenir, perseguir y encargarse de hacer comparecer ante la Justicia a los maleantes, vean por donde, se ha convertido en un cuerpo de fieles subalternos a las órdenes del Fiscal General, quien, a la vez, es uno de los más adictos y entregados servidores del Gobierno. Uno se pregunta si, visto la presteza de los fiscales en actuar a favor de los intereses del gobierno socialista y la parsimonia, desgana y falta de diligencia con la que proceden cuando se trata de encausar a personajes que están bajo la protección del Ejecutivo, y, dado que estamos en momentos de ahorro de gasto público, ¿no sería mejor suprimir este cuerpo de fiscales? ya que, abogados defensores, los hay de sobra y no es justo que los señores fiscales les usurpen los clientes a los pobres, para asumir su defensa. Propongo que se decrete una amnistía general para todos los terroristas, así nos ahorraremos el espectáculo de ver como el Gobierno les va facilitando la salida de las cárceles bajo excusas tan pueriles, como ocurre con este terrorista al que se le concedió permiso para cuidar a su madre ( algo insólito y que no ocurre con los presos comunes) y, cuando se han enterado de que su madre se cuida sola y que el interfecto se dedica a preparar las listas de Bildu; en lugar de hacerle regresar a “chirona”, el señor fiscal, cumpliendo con su deber de proteger a los delincuentes, se ha opuesto a que se le volviera a encarcelar, ¿ por qué?, se preguntarán ustedes, pues vayan ustedes a saber, acaso para que el Estado se ahorre el rancho que le dan en la cárcel. ¡Hay que ahorrar en gastos!

Lo cierto es que, todo son leyes de tipo garantista, para que los delincuentes sean bien tratados, tengan todas la comodidades en las cáceles y, si lo desean, puedan retozar en los catres, con sus amantes, las veces que fuere preciso para ahorrarse tenerles que poner bromuro en sus comidas. Pero ¿y qué pasa con los ciudadanos honrados, que no cometen delitos? Pues que, al Gobierno, le importa un rábano lo que les suceda, mientras paguen sus impuestos se estén quietos y callados. Claro que, si eres socialista y los votas, tendrás tus compensaciones, como saben muy bien estos 20.000 funcionarios eventuales que el señor Griñán ha incorporado, como fijos, a las administraciones del gobierno andaluz. Han promulgado – con la importante colaboración del señor Durán Lleida (un señor que parece que se va a comerse el mundo criticando al gobierno socialista, pero que, a la hora de la verdad, siempre vota a favor de las propuestas del Gobierno) que prefiere darle vida al gobierno de ZP ante el temor de que, con el PP, le sea imposible seguir chantajeando a España – leyes que chocan frontalmente con la Constitución pero que, para obviarlo, gozan de la colaboración del TS, un órgano judicial perfectamente prescindible, que parece que se convertido en la cuarta instancia jurídica, por encima del TS. Así se tardó tres años en decidir sobre el Estatut catalán, con inapreciables modificaciones, que no han impedido que se siga aplicando en su totalidad ya que nadie se ha preocupado de ejecutar la sentencia del TC.

Hoy mismo es posible que, el TC, vuelva a tomar una decisión que, en definitiva, complazca al señor ZP, si se decide que Bildu puede concurrir a las elecciones municipales. El Gobierno ha vuelto a jugar con nosotros, ha ordenado a sus valedores, fiscales y abogados del Estado, que recurran la formación y sus listas pero, y aquí está el truco, sabe que, en este organismo llamado Tribunal Constitucional, donde casi no hay jueces, tiene una holgada mayoría que es de su misma rama ideológica y que, a las órdenes del magistrado Sala, un progre que apoyó el Estatut catalán, no tiene más que pedir para que se le conceda. Un anécdota, parece que, hace unos días, representantes del Gobierno tuvieron una reunión con miembros del alto tribunal, ¿de qué hablarían? El señor Urkullo salió como elefante desbocado diciendo que daba por finalizado su pacto con el Gobierno. ZP le llamó por teléfono tranquilizándole y prometiéndoles que Bildu estaría en las elecciones, El señor Urkullo se apaciguó y aceptó esperar a ver si se cumplían las predicciones del señor Presidente. Y ante todo esto, el Estado de Derecho ha preferido emigrar de España para ir a instalarse en Zululandia, donde dice que la gente es más civilizada. O eso es lo que yo pienso que sucede.

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