Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Pisando huevos

Quien a hierro mata, a hierro muere
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 6 de mayo de 2011, 08:03 h (CET)
Como anticipo vaya que no me gustan las maneras del Imperio y que reniego de la condescendencia de todo Occidente en rendirle culto, permitiéndole lo mismo los vuelos secretos de la CIA que su propensión a la brutalidad, el militarismo exacerbado y a la violencia extrema como forma de existencia, incluyendo en ella la tortura. A los imperios, en realidad, históricamente los han caracterizado los mismos tiques, y sus países súbditos sólo han dicho amén, incluso como cuando ahora, con el insigne Mabús-Obama, le nombraron Premio Nobel de la Paz en un porque sí mientras sostenía invasiones de países a quienes ha robado su soberanía... y sus riquezas.

Dudo, dudo mucho que la acción de secuestrar (no me creo por ahora que le hayan dado muerte) a Bin Laden obedezca a otra cosa que a las encuestas de popularidad de Mabús-Obama, quien lo mismo ha tenido que pseudodemostrar su nacimiento imperial que llevar a cabo una maniobra de dureza aparente que no le alejara demasiado de la reelección. Me temo que todo este teatro no ha sido sino una maniobra electoral destinada a ese electorado fanático que tanto le gusta liarla por todo el mundo imponiendo su voluntad. Se les acabaron los indios y la emprendieron con los comunistas, y, una vez extinguidos éstos, la han tomado con los musulmanes. Lo que siempre les ha unido a los deleznables (DRAE: que se rompe o disgrega fácilmente) imperios son, en realidad, los enemigos comunes, aunque éstos sean frecuentemente inventados. Su consistencia radica en un batallar contra un enemigo común que les fuerce a una alianza, aunque ésta sea de plastilina. Consecuencia de ello, de esta andadura sangrienta, fueron los muchos atentados que han tenido en las cuatro esquinas del globo, ni más ni menos que la respuesta a la guerra que ellos han llevado por todos los rincones de la Tierra, acaso más indiscriminados porque los enemigos sólo se tenían a sí mismos para perpetrar daños que, tal vez, pueden ser considerados armas de guerra.

Punto. Hasta aquí. La guerra es la guerra, que decía la monjita, y las guerras no se hacen con flores, que decían las tropas españolas para justificar las masacres perpetradas en la Conquista. Quien a hierro mata a hierro muere, dice el mismo Jesucristo, y quien siembra vientos cosecha tempestades, decimos por estos lares. De modo que, lo veamos como lo veamos, parece ser que desde todas las ópticas estamos más o menos de acuerdo en que las guerras y las violencia sólo pueden generar muerte, dolor y sangre, y quienes se meten en ellas ya saben a qué se exponen y qué precio pueden pagar por su osadía. Por otra parte, para estos guerreros no parece que morir en combate o luchando contra aquellos que ideológicamente son sus enemigos sea una mala muerte.

Lo que me llama la atención de todo esto, sin embargo, es la polémica levantada en Europa en defensa de los derechos de quien se ha manifestado festivamente enemigo de todo Occidente, incluidos los ñoños que le ahora le defienden. Hay una propensión pijo-ridícula en Europa en conceder derechos humanos a los más siniestros criminales que, por pasiva, niegan a las víctimas, conformándose, acaso, con que a éstas, cuando son muchas, les hagan un monumentos… y a otra cosa. O con los criminales o con las víctimas: no hay espacio para tibiezas. En mi caso, siempre con las víctimas, aunque parece ser una postura un tanto excéntrica, al menos si consideramos el parecer de la mayoría pijo-progre. Por mi parte, no creo que un guerrero que lucha contra un Imperio o contra otro adversario tenga por qué convertir en objetivo de su ira a los civiles, como no creo que el Imperio, en ningún caso, tenga derecho alguno para invadir países y querer que no les pase nada y que no lleguen los desastres de la guerra a sus calles. Unos y otros la liaron, pues allá ellos.

En la parte que me afecta, no creo que quien ha matado indiscriminadamente (y aún selectivamente) tenga derecho alguno a la vida, y me parece fatal que quienes matan puedan, unos añitos después, caminar por la calle como si tal cosa mientras sus víctimas siguen enterradas. Hago, pues, extensivo esto a cualquiera que mate con voluntad de hacerlo, apenándome, acaso, sólo el hecho de que quienes matan a más de una persona no pueda ser ejecutado las mismas veces. Abatirlos, pues, me parece legítima defensa, retribución de lo que ellos han sembrado, ni más ni menos.

Una opinión, ésta, abiertamente en conflicto con el grueso de los adalides librepensadores de la sociedad ñoña que habitamos, en que lo peor y más abyecto goza de beneficios que las víctimas no tienen. Somos demasiados sobre el planeta, y no me parece mala cosa que las sociedades tengan la capacidad de depurarse a sí mismas eliminando a los individuos que son incapaces de respetar la vida de sus semejantes. Creo sinceramente que sobran, que son un lujo que no nos podemos permitir, porque además, así te descuides, van y se reproducen. El problema, el único problema que le veo a ver como justa la aplicación de la pena de muerte es mi desconfianza en quienes la aplicarían, que siempre sería otro personaje, seguramente manejado por algún poder oscuro o por intereses espurios o por su propio desvarío o prejuicios. Nada más. Pero en un ideal escenario de Justicia, lo suyo es quien la haga, la pague. Lo que es igual, al fin, no es trampa. Ya imagino que en esto hay que ir como pisando huevos, aunque ya se puede imaginar de quién y, además, retorciendo el pie.

Noticias relacionadas

Yihadismo que no cesa

Parece que estamos entrando en una nueva etapa de la historia europea

Muchas personas mayores, pero pocas personas sabias

Sólo la actitud que se tiene al ir entrando en años define cuanta plenitud de vida posee una persona de edad

Fariseismo religioso

El fariseísmo, sea religioso o político, mata todo lo que toca. Una sociedad edificada sobre la mentira se destruye

Matanza en Barcelona

Es una guerra y somos tan inconscientes que decimos no tener miedo

¿Seguiremos soportando desplantes de la CUP y los separatistas?

¿España no es capaz de acabar, de una vez, con semejantes incordios?
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris