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¡Windsor va!

Pilar Ana Tolosana
Redacción
lunes, 21 de febrero de 2005, 04:03 h (CET)
Una torre en medio de Madrid. Una torre que se incendia sin saber muy bien cómo. Una torre tan alta como la luna en un trance dantesco, en un símil con el infierno, en un record al mejor tentempié.

Pasada ya esa noche destructiva del sábado, y transcurridos unos días para que las estructuras se afianzasen un poquito, unos bomberos briosos y templados entraron en el tostado edificio, y constataron que tenía que ser derruido. Pero caerse por sí solo no se cae, y los vecinos del Carmen en Barcelona pensarán que qué ironías tiene la vida: que inmuebles como los suyos, que creían imperecederos, se desplomen, mientras el Windsor, que todos esperaban que se hundiera, ni ha hecho amago de desfallecer.

Los bomberos-arquitectos fueron muy valerosos al entrar a pelo al escenario incendiado. Vi una imagen en la tele que me recordaban a Bruce Willis y sus compañeros antes de entrar en las naves en las que iban a perforar un meteorito: la película era “Armageddon”… Los bomberos del Windsor, marchaban igual, pero sin escafandras.

Suena aristocrático o a título de saga peliculeril: “Los apagafuegos del Windsor”, cuidando el género, claro… Fueron los verdaderos héroes, y nadie les ha apreciado suficientemente la acción. Debe ser que entraron con casco en ese gigante que podía haberse tambaleado, y esa herramienta, el casco hecho de valía y sudor, les parecía a todos suficiente para que el Windsor no se les echara encima.

Los cuatro intrépidos bomberos del Ayuntamiento de Madrid comprobaron después del paseíllo por las plantas del Windsor, la presencia de pequeños focos de fuego; y que continuaban chicos derrumbes de la construcción de 32 pisos.

El rascacielos de Azca no se abate, pero ha hecho palpitar fuertemente los corazones de todos, y también el del Corte Inglés y las edificaciones que el Windsor tiene al lado. - ¡Vaya regalito! -, pensarán los que allí tenían su empleo, tanto la patronal como los sindicatos.

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