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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El Islam avanza en el norte de África

No queda clara la actitud de los musulmanes en esta revolución juvenil
Miguel Massanet
jueves, 5 de mayo de 2011, 06:55 h (CET)
En un artículo que se publicó el 14 de marzo del corriente año, decíamos: “Y es que no queda clara la actitud de los musulmanes en esta revolución juvenil, que ha pretendido hacer tábula rasa de las antiguas instituciones lo que, sin duda, les brinda la oportunidad de aprovechar la extensión del Islam en Egipto (se calcula en un 80% de la población) para en el momento propicio, implantar un régimen teocrático, similar al iraní.”. No han pasado ni dos meses desde aquella efemérides y otras naciones se han contagiado de la revolución tunecina y egipcia, para levantarse contra sus gobernantes, esgrimiendo la opresión a la que han sido sometidas, la pobreza de una parte de la ciudadanía y los deseos de implantar un régimen democrático que les permita establecer un gobierno elegido por el pueblo y para el pueblo. Claro que esta utopía no se la llegan a creer más que nos cuantos idealistas ilusos, algunos intelectuales que se creen que lo que está escrito en los libros se puede trasladar, sin problemas, a la realidad de unos países que están acostumbrados a vivir a las órdenes de sus gobernantes, que no tienen ninguna experiencia en el gobierno de la nación y que, si es verdad que les sobran ilusiones y buenas intenciones, también lo es que las naciones se mueven por condicionamientos económicos, por influencias tribales, por lobbies financieros, por las fuerzas armadas, por influjos religiosos ( especialmente en países de religión islámica) y por la influencia de las costumbres y leyes ancestrales cuya abolición resulta, al menos en el poco tiempo de una revuelta de carácter democratizador, poco menos que una hazaña de Titanes.

Ha explotado la guerra en Libia y se ha producido una intervención internacional, auspiciada por la ONU, y bendecida por una resolución de dicho organismo, que permitía actuar militarmente para evitar que, el señor Gadafi, “cometiera un genocidio con su pueblo”; entendiendo como posibles masacrados a los que se levantaron en contra del dictador libio. Una operación que, para los gobiernos que tomaron la iniciativa, los EE.UU, Francia, Reino Unido y, a desgana, la propia Italia, a las que se unió, entusiásticamente, España, con el señor ZP al frente (que parece que pronto se ha olvidado de sus protestas contra la guerra de Irak y le ha entrado el espíritu de los Cruzados), para emplear la fuerza contra quien, hasta hace pocos meses, era su amigo al que obsequiaba en Madrid; ahora, por mor de su sumisión al señor Sarcozy y al señor Obama, ha decidido convertirlo en su enemigo mortal. Lo que sucede es que, en ambos casos, el de Libia y el de Egipto, no parece que los proyectos de los “sabios”, que pensaron que se solucionarían en unos pocos días y que, los gobiernos democráticos, iban a suceder a las dictaduras sin solución de continuidad; han quedado convertidos en una pesadilla de la que no saben como salir airosos sin demostrar su incompetencia.

Aparte de las cuentas que nos hizo la “experta” en cuestiones militares, señora Chacón; que primero decía que nos costaría 20 millones de euros y más tarde rectifico diciendo que iban a ser 40 millones y, ahora, ya no sabemos por donde andarán las cifras del verdadero coste de esta operación, de la que hubiéramos podido librarnos, simplemente, cediendo las bases de Torrejón y Rota para que los aliados pudieran usarlas, sin que tuviéramos necesidad alguna de comprometer a nuestros soldados y asumir el ingente coste de una operación de semejantes características. No obstante, aún siendo esta una cuestión importante, a mi me intranquiliza más algo que, como he dicho al principio, tiene relación con la extensión del islamismo reivindicativo, el de los seguidores del difunto señor Osama bin Laden, y las otras sectas que los apoyan, como Hammas o los Hermanos Musulmanes que, como era de prever, no quieren renunciar a la ocasión de hacerse con el poder en estas naciones en situación de ebullición política, para implantar en ellas un régimen teocrático.

En Egipto ya han movido ficha y han creado un nuevo partido, aparentemente de carácter democrático, para presentarse a las nuevas elecciones que van a tener lugar para conformar un nuevo gobierno y un nuevo Parlamento. Este partido se denominará “Libertad y Justicia”, un nombre que, a quienes conocen los regímenes islámico, les puede parecer una tomadura de pelo o una broma de mal gusto, si queremos tomar en cuenta que, en estos sistemas teocráticos, como el de Irán, las libertades individuales no existen y la justicia no emana del pueblo, sino de la interpretación de los libros sagrados, muchos de los cuales vienen de tiempos remotos, en los que la vida humana no tenía valor alguno y los castigos corporales más sangrientos y crueles eran práctica habitual. Así se confirman nuestros intuitivos temores de que, esta revolución, dirigida y organizada por quienes buscaban sacar provecho económico, conseguir poder o desestabilizar el sur de Europa con intenciones especulativas; podría traernos complicaciones a los españoles y a España.

Lo más preocupante es que, este nuevo partido “Libertad y Justicia”, calcula que puede llegar a conseguir el 50 escaños en el nuevo Parlamento lo que, sin duda, les dará una posición inmejorable para hacerse, fácilmente, con el poder, estableciendo en el influyente Egipto una base estratégica para poder extender sus tentáculos sobre las naciones vecinas, también con fuerte implantación islamista. ¿Se imaginan ustedes un norte de África bajo un sistema político teocrático, que abarcase naciones como Libia, Túnez, Egipto, Yemen y, posiblemente, Marruecos que, con Mohamed VI o sin él, siempre estarían dispuestos a poner en práctica sus aspiraciones expansionistas? Como primera fase y, con toda seguridad, se anexionarían a Ceuta y Melilla, ciudades que mucho nos tememos ya han estado en la mesa de negociación del gobierno del señor ZP y su Ejecutivo, a la vista del trato sumiso del anterior ministros de Exteriores, señor Moratinos, que renunció a influir en el tema del Sahara para contentar las aspiraciones de Marruecos sobre tal territorio. Un dato adicional: en Siria los Hermanos Musulmanes se ha puesto al frente de la revuelta, supuestamente democrática, que está amenazando el régimen de Bashar el Asad; ¿es mera coincidencia o existe contubernio?

Si alguien ha tenido la curiosidad de observar lo que está sucediendo, en estos momentos, en España y se fija en lo que se está produciendo entre el millón y pico de árabes y otros grupos musulmanes que han entrado, a través de la inmigración, en nuestro suelo patrio, se habrá dado cuenta de lo organizados que están, del número de mezquitas que se ha instalado en la península y de la labor de proselitismo que están llevando a cabo los imanes que las dirigen. Son cédulas aparentemente pacíficas, que no se meten con nadie pero, ¡ojo!, tampoco se integran con el resto de la población autóctona, ni se acercan a nuestras costumbres, ni se someten a nuestras leyes; de modo que siguen practicando los matrimonios obligados, la ablación del clítoris y los castigos corporales a sus mujeres que no se atreven, más que en contados casos, a rebelarse contra tamañas injusticias. Ha nacido un Consejo Islámico Español, con una gestora de ocho miembros, con la intención de unificar las distintas entidades islámicas situadas en nuestro país, con el evidente propósito de establecer un órgano de interlocución de los musulmanes con el Gobierno (los promotores aseguran que agrupan 870 asociaciones islámicas) ¿Un futuro partido político? O ¿un nuevo caballo de Troya, como quinta columna en España? Puede que parezca exagerado, pero sería bueno que las autoridades tomaran nota de ello. O, al menos, esta es mi opinión.

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