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Fútbol

Etiquetas:   Análisis de los cuatro 'Clásicos'   -   Sección:   Fútbol

La coronación de Mourinho no termina con la fiesta blaugrana

La victoria blanca en Copa da un respiro a Florentino. Casi dos décadas después, Guardiola repite final en Wembley




Definitivamente, somos anacrónicos por naturaleza (Pareja)

Roberto Carrera Hernández
@r0bert0carrera
miércoles, 4 de mayo de 2011, 21:18 h (CET)
Sistemas destructivos, sensacionalismo exacerbado, agresividad física y verbal... Toda una retahíla de incompetencias que han transformado el sueño de cuatro derbis consecutivos en una frustrante 'marcha atrás' donde el fútbol español ha sido el más perjudicado.

Nos frotábamos las manos. Una vez concluyeron los cuartos de final de la Champions, la posibilidad histórica de vivir cuatro Barcelona - Real Madrid se hacía realidad para gozo infinito de prensa y aficionados. Era una oportunidad única para demostrar al mundo la supremacía incontestable del fútbol patrio, apenas unos meses después de hacernos con el Mundial en Sudáfrica.

Por si fuera poco, el duelo llegaba en un momento inmejorable. Un Barça de leyenda se veía retado por el nuevo proyecto de Florentino, donde José Mourinho aparecía como el antídoto definitivo contra el derroche de calidad blaugrana. Cuatro derbis. Uno detrás de otro. Con los dos mejores equipos del planeta. En las mejores competiciones del globo. Con estos ingredientes de alta cocina, ¿cómo ha podido quedarnos un menú tan deprimente?

LIGA BBVA Mourinho saca a Pepe de la jaula
La inesperada derrota del Madrid frente al Sporting de Preciado dejó al primer partido como sala de pruebas para ambos equipos. Con ocho puntos de diferencia, el campeonato liguero (ese al que Guardiola insiste una y otra vez en calificar como el más importante), parecía totalmente decantado.

Después del brillante triunfo en el Sardinero a comienzos de marzo, una brizna de ilusión brotó en el madridismo más auténtico. ¿Se podía ganar al Barça jugando como el Madrid de toda la vida? ¿Podía la sublime dirección de Özil dirigir la nave merengue sin necesidad de echar el ancla? El partido en San Mamés, previo al primer Clásico, terminó con cualquier ingenua esperanza. El arma secreta de Mou no era de fabricación alemana. Como no podía ser de otra forma, José prefería a Pepe.

Fue un encuentro profético. El Barça, como a lo largo de toda la serie, marcaría unos registros de posesión cercanos al 80%, mientras el Real Madrid empuñaba la espada al contragolpe. El regreso de Carles Puyol (tras su larga lesión) fue la gran noticia de la noche, aunque el capitán azulgrana no podría terminar el encuentro tras sentir nuevas molestias en el segundo tiempo. Empate a uno desde el punto de penalti. Messi y CR7 se quitaban sus respectivos gafes. La 'Pulga' marcó a un equipo de Mou y Cristiano batió finalmente a Víctor Valdés.




Con goles de otro planeta, Leo apunta a su tercer FIFA Balón de Oro (Agencias)


COPA DEL REY El Madrid termina con su sequía


Mejor de pie que en el suelo


Ambiente espectacular en Mestalla para una final que devolvía la Copa al lugar que merece. Más allá de politiqueos deplorables (sobre los cuales no merece la pena volver a detenerse), la tensión se palpaba en ambas escuadras desde la salida de vestuarios. Daba la impresión de que allí se jugaba algo más que un partido. Se convirtió en un ser o no ser, como si ese tan hablado cambio de ciclo pudiera materializarse en la ciudad del Turia.

Un gol de Cristiano Ronaldo en la prórroga, en el enésimo contragolpe del partido, certificó el retorno merengue a los altares del triunfo. El trivote madridista secó la dirección culé, y con la zaga catalana diez metros hacia delante, CR7 y Di María demostraron que a velocidad, el Barcelona no tenía posibilidad alguna. Merecido campeón tras un torneo del KO brillantísimo.

Esta victoria hizo olvidar el sistema anti-juego de Mourinho. Los pocos infieles que se atrevieron a discutir el 'Régimen de Setúbal' se unieron rápidamente a la causa. Poco importaban ya los medios utilizados, y Guardiola caía por primera vez en una final a manos de un técnico que añadía un cuarto país a su palmarés copero. Por primera vez, tras dos amargas temporadas, el Real Madrid se volvía a sentir favorito.


CHAMPIONS LEAGUE (Cap. 1) Messi provoca la esquizofrenia colectiva
Comenzaba a hacerse pesado. Tanta palabrería a bajo coste, tres goles aislados, todo nervios y cero espectáculo. La repetición, lejos de expandir la diversión, parecía comprimirla drásticamente. La victoria blanca en Copa dio unas horas de tregua para hablar de fútbol. No duraría. La tensión, lejor de amedrentarse, continuaba infestando el ambiente. Pep reventó y pasó al ataque. "Mourinho es el puto amo en esta sala (de prensa). José, nos vemos en el campo". Fue el inesperado grito de guerra para conquistar el Bernabéu.

Si había funcionado antes, ¿por qué cambiarlo ahora? El Madrid salió con la idea de conseguir un empate a cero que, según las teorías de amarre portuguesas, era un resultado más que decente para la vuelta. Inaudito en el Bernabéu. Fue como tragarse la carta de ajuste durante una hora seguida. Un esperpento imperdonable que empequeñecía a los blancos y frustraba a los azulgranas.

Pero lo inevitable terminó por aparecer. Pepe le enseña amablemente su plancha a Dani Alves y Stark derrumba el castillo de naipes local. Después de ahogarse en el vertedero, el Barcelona sentía aire fresco en sus pulmones. Podía esperarse que la pérdida de un central/medio afectara al Real Madrid, pero el desconcierto blanco con diez jugadores fue escandaloso. Dos joyas de Messi (con la colaboración inesperada de Ibrahim Afellay), parecían sentenciar la eliminatoria.




La posesión de Mourinho ha llegado a todos los estamentos del club blanco (Diario Siglo XXI)



CHAMPIONS LEAGUE (Cap. 2) "El partido queda en un segundo plano"
Son palabras de Aitor Karanka en la rueda de prensa previa al desenlace de la eliminatoria. Lo vivido entre el pitido final de Stark y el inicial de De Bleeckere ha sido con seguridad el mayor compendio de despropósitos que ha salido de Chamartín en toda su historia. Al ritmo de infinitos "¿Por qué?", Mourinho cruzó la frontera de su egocentrismo insaciable para arremeter contra el Barcelona, la UEFA, Villar, los árbitros e incluso UNICEF (¿¿¡¡!!??). Y tan a gusto.

Qué magnífico estratega es y en cambio qué triste ejemplo nos regala continuamente. Era perfectamente consciente de donde se movía. Había planchado las arrugas con el triunfo de Copa, y nadie (aficionados-prensa-jugadores) pudo escapar de lo que ya es un capítulo gris en la historia de nuestro deporte.

Los medios se encargaron de encontrar relaciones triviales para todas sus quejas (que dábamos ingenuamente por agotadas), y los dos clubes más importantes del fútbol español se repartieron denuncias mutuas ante el organismo que maneja el cotarro. Se estaba haciendo todo demasiado largo. Y todavía quedaba un encuentro.

Ha sido seguramente el partido más atractivo de todos. Agresivo, pero noble. Ni Busquets sufrió ataques narcolépticos repentinos, ni Pepe... bueno, simplemente, no estaba. La lluvia pareció querer enfriar los ánimos, pero una nube negra permanecía sobre los jugadores. Jamás se ha visto un Casillas tan atolondrado, con gesto tan serio, con tanto veneno en la mirada. Seguro que no dura, pero pone los pelos de punta.

Mourinho consiguió que, a base de repetir sus verdades, la gente las hiciera propias. Cada falta se convertía en un juicio rápido. Se construían conspiraciones judeo-masónicas para explicar los problemas del estamento arbitral, cuando todo es mucho más simple. El colegiado belga anuló un gol legal a Higuaín (al no entender falta de Piqué sobre Cristiano), y ello terminó por aderezar con más estilo las declaraciones finales a esta serie lamentable de Clásicos. "El año que viene que le den la Copa directamente", "¡Otra más!", "Todo el mundo ha visto lo que ha pasado", ... el recurso del pataleo que tanto afea una derrota. Solo el retorno milagroso de Abidal consiguió dar brillo a dieciocho días de tiniteblas.



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....................Ante la ira, un poco de cachondeo es la mejor cura (TV3)



HABLEMOS DE FÚTBOL Toca aprender de la experiencia. Qué no se repita
El Barça está en Wembley, con tres cuartos de Liga en el saco, y el Madrid se llevó la Copa. A fin de cuentas, el resto son textos destinados a cubrir algún que otro bocadillo de salami. Basta de ensuciar nuestra época dorada. Por favor. Y sin favor. Nadie tiene derecho a expandir sus vómitos mentales sobre millones de personas. Recuérdenlo siempre. Esto se hizo para divertirnos.

Deportivamente, el año del Madrid ha sido notable. Es duro para un equipo campeón, como lo es la institución madrileña, aceptar un cambio de roles tan continuado ante un Barcelona que sigue acaparando piropos en las portadas de todo el planeta. Pero no vale vender una historia centenaria por un par de títulos. Están más cerca, y el año que vienen seguirán dando mucha guerra.

El Barça luchará por su cuarta Copa de Europa, ratificando la superioridad actual de un equipo con una preciosa historia detrás. Nadie sabe cuánto le queda, pero pocos desean que esa generación mágica se extinga. Ante el Manchester, a España le toca superar a los italianos en 'Orejonas'.

No debe preocupar el publicitado mal rollo entre internacionales. Son profesionales y compañeros. Arbeloa y Alonso felicitaron a su rival nada más acabar el encuentro. Bello gesto que habla de unos jugadores a los que no va a ser tan fácil contaminar sus mentes de chavales auténticos.




Sin palabras (Agencias)


Qué no se nos vuelva a ir la cabeza. Porque acabamos golpeándonos a nosotros mismos. Iker blanco es el mismo que Iker rojo. Xavi azulgrana es el mismo que Xavi rojo. No se rebaje a la altura de quien ha perdido su humanidad (y usted sabe que esto no es solo el juego de una persona). En agosto volveremos a tener más 'Clásicos'. Debemos tener confianza ciega en que será diferente. Tres meses para reconquistar al balón, y desear que los calores estivales fundan los malos modos. Volvamos a convertir esto en una fiesta.

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