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Etiquetas:   Con la mano en el corazón   -   Sección:   Opinión

La grasa

F.L. Chivite
Redacción
domingo, 20 de febrero de 2005, 00:22 h (CET)
La obesidad es un problema de salud pública. El Gobierno se ha dado cuenta de que la grasa está avanzando a un ritmo galopante. Especialmente entre la población infantil. Y asegura estar dispuesto a tomar medidas para evitar que se convierta en una epidemia. Me parece muy bien. En este país se ha pasado hambre desde los tiempos de Jesucristo. Y ahora nos desquitamos con fiereza. Y con nocivos lamines. Hasta hace cuatro días, estar gordo era un signo de prosperidad. Los adinerados exhibían con satisfacción su llamada curva de la felicidad.

En vez de sacar pecho, sacaban barriga. Ahora sabemos que la obesidad es nefasta. Los ricos de hoy en día están delgados. Les encanta la flexibilidad. Y entendemos que el exceso de tejido adiposo es el resultado de una mala dieta alimenticia. Y de unos hábitos de vida poco saludables. Pero, junto a esta obesidad física, está también empezando a proliferar de manera alarmante una especie de obesidad moral, por llamarla de algún modo. Una obesidad moral que, por supuesto, no tiene nada que ver con la anterior (sin duda resulta mucho más perniciosa que ella), y que viene a ser la consecuencia de una deplorable alimentación emocional durante la infancia y juventud. Con la consiguiente acumulación de materia grasa en el alma. Lo que unido al consumo prolongado de basura espiritual durante los periodos de desarrollo y crecimiento hace que un relativamente elevado porcentaje de nuestras nuevas generaciones puedan encuadrarse en la fea categoría del 'fofo moral con cerebro tumefacto'. Siento decirlo. Pero ejemplos no faltan. Echen una ojeada a su alrededor y en seguida verán a un buen puñado de fofos morales crónicos paseando por ahí su gelatina intelectual con un desparpajo tremebundo. Sólo por citar un ejemplo, me parece oportuno referirme aquí a todas aquellas grasientas criaturas que el pasado sábado (en el campo de fútbol del Zaragoza) proferían gruñidos de mono con la intención de insultar al delantero del Barcelona Samuel Eto'o. O a cuantos enarbolan enseñas nazis en las gradas de los estadios. La grasa moral causa graves problemas de visión: impide ver al otro. Impide entender las razones ajenas. De hecho, impide incluso llegar a la consideración de que el otro tenga sus propias razones. Y el derecho a exponerlas. La grasa moral se adquiere por una mala educación sentimental en el ámbito familiar. Y moldea individuos insensibles y egoístas. Y violentos. Por eso creo que debería empezar a hablarse de este asunto sin pelos en la lengua. Porque también amenaza con convertirse en epidemia. Es el riesgo de las civilizaciones en decadencia: la grasa galopante. Urge una dieta de adelgazamiento, no me digan que no.

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