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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Potencia, prepotencia, impotencia

EEUU abate a Osama Bin Laden, entretanto Europa se encenaga en Libia
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 3 de mayo de 2011, 08:15 h (CET)
En plan película, los Seals del Imperio se metieron en el corazón de Paquistán y abatieron a Osama Bin Laden y a su cohorte. Tal cual. Queda claro que sus amenazas rara vez en la Historia han sido baladronadas, sino un anticipo de lo que suele venir a continuación, aunque usen términos casi colegiales para advertir a sus enemigos, como “castigarlos” o cosa por el estilo. Es la potencia en estado puro, aunque la mayoría de las veces nos parezca a cualquier persona medianamente formada que se les va la pinza y que matan moscas a cañonazos, que su belicismo es extremo o que su manía imperialista nos puede meter a todos más pronto que tarde en un callejón sin salida. Algo discutible, cuando menos, si consideramos que los potenciales adversarios que esperan un signo de debilidad para hacerse con el mundo son potencias conformadas por miles de millones de personas, como es el caso de China, la India o el colectivo islámico, quienes digan o que digan, así que perciban un pequeño síntoma de abandono o dejación, se meten a Occidente entre pan y se lo meriendan.

Europa, que siempre quiso ser potencia, se queda sólo en prepotencia. La mayoría de los países europeos son feudos conformados en base a garrotazos históricos, mediante los cuales quienes tuvieron alguna fuerza expandieron sus territorios metiendo en el mismo saco a tirios y troyanos para convertirlos en contribuyentes forzosos, y no habiendo prácticamente ningún Estado que no tenga sus líos con los naturales del norte, del sur o de cualesquiera otra región. Lo de Yugoslavia, vaya, pero en plan generalizado. Como consecuencia de esto, cada Estado quiere imponerles a los demás socios de la OTAN lo suyo, y, aunque intentan emular al Imperio como potencia alternativa en esta parte del globo, ello es que suelen quedar en evidencia y sus resultados ser un auténtico desastre. Si al Imperio le duró el ejército iraquí apenas unas horas, al prepotente ejército de la OTAN el ejército de Libia, que es menos de la décima parte de aquél, le resulta un hueso imposible de roer, encenagándose en una guerra absurda que a estas alturas no parece muy claro que puedan vencer y ni siquiera empatar. Es la prepotencia en estado puro, la baladronada, el desacuerdo, el sindiós, porque incluso entre los mandos del Estado Mayor de la OTAN no paran de darse mordiscos sobre lo que sí o lo que no hay que hacer y cómo hacerlo. La conclusión, es que un ejército de enésima fila se lo está poniendo crudo y que no son capaces de resolver el crucigrama. No quiero ni pensar en qué pasaría si nos tuviéramos que defender solos de Rusia, China o siquiera sea Paquistán o Irán.

Pero si EEUU representa la potencia y la OTAN la prepotencia, España es la impotencia con todas sus letras. Más allá de que no pintamos ni la mona en la guerra de Libia, en la que no se nos ha perdido nada en absoluto, vamos de botijeros de nuestros aliados con cuatro cazas a los que ha costado un Potosí el encontrarles aparcamiento siquiera en las bases italianas, porque nuestros socios europeos nos desprecian. Buena parte de este feo generalizado es consecuencia de esas avanzadas maniobras de Zapatero que nos hicieron correr para abandonar Iraq entre los cacareos de las tropas aliadas. Actos que no nos han procurado amigos, precisamente, y nuestros supuestos socios, como es natural, no nos respetan demasiado; pero es que además están al tanto de que Zapatero es el Presidente de España y, por si fuera poco, de que doña Carme, la Pacifista, es nuestra Ministra de Defensa, la misma que ha permitido que nuestro Ejército sea poco menos que el de Gila, que incluso para abastecer a los F18A que hemos enviado se tengan que desmontar en Torrejón de Ardoz a otros F18A para abastecer a aquéllos de piezas, y que a nuestras tropas de élite hoy les roban los cajeros automáticos de sus bases y mañana el armamento mientras duermen., aunque, eso sí, con el sueño velado por seguratas a salario base.

Vamos, que nuestro ejército será todo lo testicular que se quiera y tendrá todas las cabras mochileras que se desee en plan siglo XIX o principios del XX, pero que no inspiran en los conflictos modernos mucho más que desconfianza de la parte de sus aliados. ¿Queríamos PSOE?...: pues eso tenemos. Cosa que no sería mala si nos metiéramos a hippies con nuestro ejército y tal, o aún si quisiéramos ser la Costa Rica de Europa y prescindir del Ejército, pero que , como no es así, nos va fatal cuando además nos queremos meter en plan Capitán Trueno a resolver problemas que no son nuestros. Vamos, que la impotencia, incluso, nos queda generosamente grande. No estamos preparados ni para defendernos de nosotros mismos, y eso es grave.

En el concierto internacional hay pocos o ningún manco y muchos menos inocentes. Los peligros están ahí, y la realidad es la que es, y todos saben que al que le tiemble el pulso le quedan pocas horas de vida: así es la Historia. Mala cosa es la potencia en estos casos, aunque imprescindible si unos cientos de millones de personas quieren mantener a raya a miles de millones de adversarios que esperan ansiosos su oportunidad de abatirles; mucho peor es la prepotencia, porque es un signo de debilidad y de desorden que dan pistas a los enemigos de por dónde hace agua el barco y cuáles son sus puntos débiles; pero la impotencia es un obstáculo para los aliados y la absoluta imposibilidad de independencia propia, porque por sí mismo no se puede sobrevivir en el orden que vivimos y para nuestros aliados somos, más que una ayuda, una carga a la que hay que vigilar, un lastre que les impide tanto avanzar como al que hay que vigilar por si cambiamos de opinión y salimos corriendo. No sería la primera vez.

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