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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La locura del umbral de la deuda

Una batalla estúpida en el Congreso de EEUU
E. J. Dionne
domingo, 1 de mayo de 2011, 22:43 h (CET)
WASHINGTON - A partir de esta semana, el debate en la capital de nuestro país se verá dominado por la cuestión de si el Congreso debe o no elevar el umbral de deuda -- como si tuviéramos más opción que pagar nuestras obligaciones. Va a ser una batalla colosalmente estúpida y autodestructiva, otra muestra de la forma en que el fanatismo y la obsesión ideológica están haciendo ingobernable nuestro país.

Los Republicanos, en compañía al parecer de ciertos Demócratas aterrorizados, tratan de utilizar la votación del umbral de deuda para imponer recortes del gasto público que no se podrían sacar adelante por méritos. Si el umbral de la deuda no se eleva, la administración podría enfrentarse a la posibilidad del descubierto. Incluso si el descubierto no se produce, los mercados globales pueden castigarnos exigiendo tipos de interés más altos contra nuestra deuda.

De ahí la primera razón de que este enfrentamiento sea contraproducente: Los que van a utilizar el umbral de la deuda como forma de reducir el gasto público se arriesgan a elevar el déficit forzando al alza el coste de la servidumbre de nuestra deuda.

Además, los conservadores manifiestan escaso interés real en reducir el déficit. Sí, lo ha leído bien. Lo que les preocupa realmente es reducir el gasto de la administración y mantener bajos los impuestos de las rentas altas. Si la cosa fuera realmente del déficit, se estarían contemplando los recortes del gasto público tanto como las subidas tributarias. Pero la mayor parte de las propuestas que se contemplan - y sobre todo las de los nocivos límites artificiales que mantienen el gasto federal en un porcentaje bajo del producto nacional bruto -- descartan las subidas tributarias.

Una de las peores propuestas que se ofertan limita el gasto federal paulatinamente al 20,6% del producto nacional bruto. Es la ocurrencia de los senadores Bob Corker, R-Tenn., y Claire McCaskill, D-Mo. Otro senador Demócrata, Joe Manchin, de Virginia Occidental, se apuntaba la última semana.

Un límite de esta clase es un enfoque terrible porque fija un objetivo sin proponer ninguna forma concreta de alcanzarlo. Yo puedo anunciar que el próximo año haré 70 carreras como jugador de la liga de béisbol, pero usted tendrá que preguntar (1) si algún equipo importante de la liga va a ficharme; y (2) si tengo la capacidad para hacerlo. (Pista: La respuesta a las dos cosas, lamentablemente para mi carrera en el béisbol, es "no").

Valerse de patrones del gasto salidos del pasado para simular que podemos mantener así de bajo el gasto federal pasa por alto el hecho de que la población estadounidense va a envejecer durante mucho tiempo. El Censo ha calculado que la cifra de estadounidenses de más de 65 años alcanzará los 88,5 millones en 2050, más del doble de los 38,7 millones que en el año 2008 tenían esa edad.

Y no importa lo creativos y audaces que seamos a la hora de contener la inflación del gasto médico, la factura sanitaria subirá. Hasta con recortes importantes, va a ser difícil mantener las actuales promesas sin destinar al gobierno entre el 23% y el 25% del PIB.

De esta forma, en un meticuloso análisis de la fórmula de los senadores Corker-McCaskill, el Centro de Prioridades Presupuestarias y Legislativas llega a la conclusión de que "forzará inevitablemente enormes recortes en el programa Medicare de la tercera edad, el programa Medicaid de los pobres, y probablemente la seguridad social". Soportar este límite significa tragar los presupuestos del congresista Paul Ryan, más impopulares cada jornada que transcurre.

Si McCaskill y Manchin quieren presentarse a la reelección con los presupuestos de Ryan el año que viene, son bienvenidos. Es difícil imaginar que las cosas les vayan a ir bien si lo hacen.

Hablando de los presupuestos de Ryan, es totalmente falso por parte de sus partidarios conservadores en la Cámara decir que elevar el umbral de deuda es escandaloso porque ellos ya han votado a favor de un incremento masivo de la deuda. Las propias cifras de Ryan demuestran que sus presupuestos obligan a que el umbral de deuda se eleve a los 8,8 billones de dólares -- con "b" -- durante la próxima década. De manera que todo este enfrentamiento es poco más que una farsa política.

El Congreso debería tramitar simplemente la subida del umbral y a continuación pasar a debatir medidas concretas para rebajar el déficit que no se limiten a hacer recortes. No es posible encontrar un militarista del déficit más centrista y homologado como partidario del sector privado que el Senador Mark Warner, D-Va., y se mostraba clásicamente franco al decir que el umbral de la deuda "no es algo con lo que andar jugando". (También estaría bien que alguien destacara que nuestro ritmo de crecimiento sigue siendo anémico y que de lo que realmente deberíamos de estar hablando es de creación de empleo).

Pero si hace falta alguna clase de mecanismo "disparador" para controlar futuros déficits con tal de tramitar el límite de la deuda, debería de ser un mecanismo que permita la posibilidad de realizar subidas tributarias en la misma medida que recortes del gasto público. Por lo demás, el Congreso va a tramitar simplemente los presupuestos de Ryan de forma encubierta.

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