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Otro balón en juego
Nieves Fernández
Si en mi anterior artículo hablaba de fútbol, sin entender como la mayoría de los que se atreven a hacerlo, en el marco de estos clásicos partidos supermillonarios y mediáticos, hoy me atrevo a comentar sobre fútbol pero en el marco de un libro publicado por la Colección de Poesía Infantil Ajonjolí de la Editorial Hiperión.
Se titula precisamente así “Con el balón en juego”, con ilustraciones llenas de acción de Fernando Noriega, ilustrador madrileño que tiene como objetivos de vida dibujar con lápiz, ternura y paciencia para que los niños disfruten con sus creaciones.
Pero el verdadero artífice de esta obra es Jorge de Arco, también madrileño, aunque ese arco de su nombre nos lleve a una Andalucía, próxima y heredada, de abuelos y padres, a Arcos de la Frontera, que nos lleva a relacionar al vocablo arco con lo que en términos futbolísticos significa portería, al arco formado por los postes y el palo que lo atraviesa.
Jorge con su arco, doblemente localizado y relacionado, escribe maravillosamente esta obra “para niños de todas las edades” como reza la dedicatoria de la colección Ajonjolí. A su vez, la dedica a “un once insuperable” a saber, para él su mejor equipo: padres, esposa, hijos y sobrinos. Y sin pensarlo mucho comienza el partido. Presenta a los protagonistas del balón en juego dentro de lo que para muchos es un arte y él así lo aprecia con su propio arte. En la segunda tirada de versos, reconoce que sólo es un juego y hay que saber perder y ganar y “consolar al vencido”. Así se van sucediendo los versos en dos tiempos, en dos partes como un verdadero partido, partido en dos un libro lleno de poemas, en el que en su primera parte nos dura nueve poemas y en la segunda, más intensa de emociones, nos llega con otros veinte.
En los versos del primer tiempo, podemos botar la pelota, colocarnos una camiseta regalada por un jugador de un número especial, sin olvidar a una niña futbolera por aquello de contrarrestar un poco al sexismo, no se salva el árbitro ni el autógrafo, ni el fuera de juego, ni el saque de esquina, ni el mundial. Y en su segundo tiempo, la poesía se torna en pretemporada, en porteros con frío, en los once galácticos, en el pobre suplente o en el rico pichichi, en los penaltis, en la tarjeta roja y en un olvidado entrenador.
Todo el especial mundo del fútbol visto desde el arco de la portería del poeta Jorge de Arco. Una delicia en juego de este poeta que hereda las buenas artes de su padre, el gran poeta gaditano, Carlos Murciano, a quien parece seguir en el campo de juego de la palabra muy de cerca, juntos ganarán con el mejor equipo. “En su brazalete lleva / escrito el nombre de todos. / Y sobre su camiseta / la insignia de no estar solo.” Pero solo es como Jorge de Arco ha conseguido los mejores logros en poesía con libros que entran en el mejor juego poético.
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