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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Fustiguemos las cadenas

Si nos decidimos a tomar cualquier determinación, habremos de adaptarnos a las ATADURAS que influyen en cada actividad
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 1 de mayo de 2011, 00:20 h (CET)
Sobre las de carácter natural, qué le vamos a disputar si estamos hechos de esa manera; no podemos dejar de comer o de dormir. Luego se establecen las conveniencias para el desarrollo de la vida en sociedad; se les supone una buena elaboración, adecuada para la convivencia. La introducción del concepto de encadenamiento suele referirse a una mayor firmeza de las ligaduras, con el matiz añadido del grado de obligatoriedad, de su carácter involuntario. Encadenados a ciertos entes, personas o realidades, comienza a no ser un plato aceptable, la repulsa aparece en el horizonte; bien por que las cadenas impedirán las escapatorias, bien por su carácter involuntario, pero sobre todo por la imposición de comportamientos decidida por otros humanos.

Escrito hace dos siglos, son muchos los aspectos que no pierden actualidad en el relato de Dickens “Canción de Navidad”. En la narración se muestran sueños entrañables, enlazados con míseras actuaciones, aparecen los fantasmas encadenados ocupando el ambiente onírico. ¿A quienes pertenecían dichas apariciones? Nos sugiere como quien no quiere la cosa, de refilón, que “…unos pocos (debían de ser MINISTROS de gobiernos culpables) iban encadenados entre sí; ninguno se hallaba libre de cadenas”. Desde aquel entonces han caído muchas hojas, arreciaron tsunamis diversos originados en las cercanías de los gobiernos. El poder siempre intenta presentar los encadenamientos como designios ineludibles, por su gran sabiduría, desde la divinidad, o por la inexistencia de otras mentes mejor dispuestas. Sin embargo, no se declaran abiertamente los verdaderos argumentos de la atadura. ¿Por qué será? Cunden los ejemplos por los diferentes polos geográficos.

Una de las observaciones, a la que me enfrento con frecuencia, suele derivarse de mis excursiones montañeras. Me dio por plasmarla en un cuento corto titulado LA CIUDAD SORPRENDENTE, que incide en el tema de hoy. Dice así:

Nos costó ascender por la montaña, la pendiente pronunciada no facilitaba la marcha y el matorral bajo se sumaba a las dificultades. Aún así, sobrepasamos la cima. La visión tan sorprendente hizo buenos los esfuerzos.

Distinguimos una ciudad con un colorido impresionante. Sus gentes no se estaban quietas, era constante el frenesí detectable desde la distancia.

No obstante, algo extraño entreveíamos. Vivarachos ciudadanos y desplazamientos continuos, pero… bullía una sensación de intranquilidad añadida.

El colorido emanaba de las cadenas, todas las personas circulaban conectadas entre sí por múltiples y varipintas cadenas. Un auténtico mosaico de cadenas coloreadas.

Y no parecían estar a disgusto soportando tantos encadenamientos.

Curiosamente, una de las vocaciones de mayor arraigo es la de provocar el forzamiento de los demás, tenerles bien agarrados para servirse de ellos. Son historias muy repetidas en cualquier época, ahora difundidas con la propagación enérgica a través de los modernos medios de comunicación. Se trata de un poderío, de una fuerza; sin la mediación de los recursos, de los argumentos. Con razones o sin ellas se ejercen las presiones. Alevosa actitud esta, despreciativa, que pasa por encima de las otras personas. No extrañará por lo tanto el CABREO que pueda destaparse desde aquellos que fueron sometidos a dichas fuerzas. ¿Por qué tienen que aguantar esas cadenas? ¿Cómo se podrá salir de la situación opresiva? Dejados aparte los argumentos se trata de la fuerza de los opresores sobre los encadenados.

La aspereza de estos comportamientos origina problemas serios a cada grupo de gente afectada. Son tantas las variantes de cadenas que, de alguna manera, cada uno de nosotros habrá rezongado alguna vez por el hartazgo de padecer alguno de sus efectos. ¿Quién no? Lo expresa muy bien el cabreo del Zaratrustra nietzscheano cuando bajó de la montaña, una vez establecida la muerte de Dios. Liberados ya de Dios, ¿Qué se encontró por abajo? Se encontró con la trivialidad del ateismo reinante, sin asumir responsabilidades, la desaparición de Dios no fue sustituida por criterios de fundamento. Ahora también lo vemos por la imposición de una SECULARIZACIÓN sin el respeto a otras posiciones. La destrucción de creencias sin más, no deja de ser una insensatez, que trata de imponerse a todo el personal sin el contrapeso de un buen razonamiento práctico respetuoso. Cadenas para ti y desbarajuste general sólo constituyen un buen trampolín para los abusos.

El marco actual se ofrece ocupado por un pluralismo genial. Al destapar las primeras capas observamos una consistencia muy débil, se eliminaron los puntos de apoyo, eso sí. ¿Qué nos queda después de eliminarlos? Si tiramos por la estética, en una cuestión de gustos será difícil la armonía. En cuanto al arte, también hemos alcanzado un punto de gran dificultad. ¿Qué es arte? ¿Todo? Su desprestigio es notable de cara a que pudiera servirnos de luz liberadora. ¿Pérdidas sin posibilidad de retorno? Es decir, el llamado pluralismos es realmente la visión de un oasis inexistente, una auténtica ZONA DESÉRTICA, su imposición se dibuja, se transforma en una nueva cadena de fuerza. Se anulan las perspectivas, se pretende una reglamentación uniforme e impuesta. Nada más alejado de la realidad humana caracterizada por el vitalismo y la diversidad. Topamos con una antiquísima tendencia, la suplantación de la tolerancia con los diferentes puntos de vista, por un encadenamiento a los comportamientos romos sin fundamentación. ¿Toleraremos esas sujeciones? ¿No seremos capaces de una participación equilibrada? Las trazas actuales apuntan a que no. ¿Volveran los embrujamientos que dábamos por sobrepasados? ¿Despertaremos a tiempo? Se trata de un tiempo para cada uno en particular como primer paso.

La interioridad de la conciencia humana está separada por una fina línea de lo que acontece en el mundo exterior; ahora bien, esa DELIMITACIÓN es PERSONAL y, añadamos enseguida, intransferible a otras personas, mucho menos a las estructuras sociales. Ese protagonismo de cada persona es crucial, es una pieza básica. Resulta el principal argumento para repudiar las cadenas opresivas, ninguna de estas justificará el ahogo de aquella capacidad única de cada persona. La deriva social con pretensiones sensatas exigiría la implicación del individuo con carácter voluntario. Esa debería ser una reconversión necesaria para transformar los encadenamientos en invitaciones. Será preciso que fustiguemos con energía la práctica de forzamientos infundados, por lo general están orientados al beneficio de entidades o gente poderosa; pero ajenas a la colaboración oportuna con el ciudadano concreto. Esos eslabones nefastos de la cadena no facilitan, sino que impiden la participación sin trabas de cada sujeto.

De no conseguir la mencionada reconversión, se ampliiará el campo de la irresponsabilidad, los sufrimientos, los desmanes; que seguirán al frente de los acontecimientos. No deben engatusarnos con soflamas ni con pequeñas entregas, mientras persigan los mismos empeños.

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