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Boda Real
Breve repaso a la consolidación de la familia real británica
En la semana que acaba con la boda real tuve la oportunidad de recorrer varias partes del Reino Unido estudiando como sus habitantes se preparan para tal acontecimiento. Llegué a visitar uno de los principales castillos donde reside la reina así como el Britania, el yate real en el que durante 44 años se transportó a Elizabeth II, que llevó a los príncipes Carlos y Diana en su luna de miel y en el cual William se iba a recorrer su país y el mundo.
En este último pude ver sus colecciones de suvenires que incluyen desde una escultura de una de las tortugas ecuatorianas de las Galápagos hasta de las de una de las cabezas de la isla de Pascua.
Algo que he constatado es la tremenda fuerza de la tradición monárquica desde Inglaterra hasta Escocia. Posiblemente ninguna otra monarquía tiene tal grado de legitimidad en su propia población. Las que subsisten en el mundo árabe o Asia se basan en mucha coerción y represión, en tanto que el Reino Unido, desde que se fundó en 1707, siempre tuvo libertades y elecciones parlamentarias.
En sus 314 años de existencia este Estado nunca conoció un golpe o una revolución, invasión o guerra civil (aunque si experimentó los bombardeos nazis o conflictos armados internos en Irlanda o Escocia). Tal grado de estabilidad no lo tiene ninguna otra potencia así como cualquier otra monarquía del planeta.
La realeza británica se hizo fuerte distanciándose del oscurantismo y de la gran concentración de poder que llevaron a la ruina a otras familias de sangre azul. Permitieron gobiernos basados en elecciones multi-partidarias y libertades de culto y comercio, lo que les dio una ventaja sobre el autoritarismo español y les abrió la posibilidad de convertirse en el centro de la revolución industrial y de la mayor flota mundial.
El haberse trasformado en el primer país con una población mayoritariamente urbana y llena de fábricas le dio un tremendo peso económico y social a la monarquía, la misma que se consolidó forjando el mayor imperio ultramarino de todos los tiempos (una de cuyas herencias en la Commonwealth que lidera Elizabeth II).
La corona ganó legitimidad en su población combinando el salvaguardar la soberanía nacional contra diversas fracasadas invasiones (desde la española de Felipe II a la nazi de Hitler, ambos encabezando los mayores imperios de sus épocas) con significar la preservación de las tradiciones imperiales, culturales y tolerantes británicas.
La respuesta que ésta ha dado ante la emergencia de poderosos movimientos sindicales y socialistas fue, al igual que el resto de monarquías del Mar del Norte, el buscar cooptarlos al sistema permitiendo que éstos hagan sus propios gobiernos realizando reformas sociales que han dado paso a sistemas de educación y salud públicos gratuitos más avanzados que los que hoy tienen los EEUU.
La británica es una monarquía que se ha consolidado renovándose y atrayendo a mujeres hermosas fuera de su tradicional entorno (como Diana o Kate) como símbolos de puertas tendidas hacia la población ‘plebeya’.
He estado dentro de los principales palacios reales como los de Windsor y Buchingham, aunque el de Hollyrood me llamó la atención en un sentido, pues se ubica al frente del nuevo parlamento escocés, el mismo que se encuentra por reelegir este 5 de mayo a un gobierno pro-secesión. La habilidad de los Windor está en que aunque Escocia se torne independiente, la corona querrá que éste sea otro de sus reinos (como los son de los de Canadá o Australia) o uno de los miembros de su Commonwealth (como lo son 54 países incluyendo la India o Pakistán).
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