Esto nos permite recordar que, si bien hoy la amplia mayoría de los países poseen distintas formas de repúblicas, aún subsisten varios Estados con coronas.
Es más, desde que hace más de 5 milenios fueron surgiendo las primeras civilizaciones hasta hace unas 5 décadas atrás la mayoría de la humanidad siempre vivió bajo monarquías.
En la mayor parte de éstas el poder se heredaba, aunque en algunas el soberano vitalicio era electo por un concejo, tal como pasaba dentro de los aztecas y hoy acontece con el concilio del Vaticano.
Las Américas son el continente más republicano. En 1776 se fundó los EEUU como la primera república occidental y en 1804 Haití como la primera república negra y latinoamericana. En las siguientes dos décadas todas las colonias españolas de la América continental pasaron de ser virreinatos a repúblicas. Brasil se mantuvo bajo la corona de los Braganza hasta 1899.
La revolución francesa de 1789 eliminó a la primera gran monarquía de Europa. Poco antes de la 1era Guerra Mundial de 1914-18 cayeron las monarquías de China y Portugal y al acabar éstas se desintegraron todos los grandes imperios reales de la Europa continental: Rusia, Turquía, Austria-Hungría, Alemania e Italia. Todos estos países pasaron por rupturas o cambios territoriales o por frágiles democracias constitucionales que dieron paso ya sea a dictaduras ‘comunistas’ o nacionalistas (sobre todo al fascismo).
Tras la 2da Guerra Mundial (1939-45) las monarquías del este europeo cayeron bajo revoluciones ‘socialistas’ pero las de su oeste fueron restablecidas. Washington y París, que a fines del siglo XVIII fueron los propiciadores de las revoluciones republicanas en el mundo, fueron quienes hicieron que Holanda, Bélgica, Dinamarca y Noruega pasaran de estar bajo las tropas de la república nazi a ser reinadas por sus antiguos monarcas nacionales. Luxemburgo, Mónaco, Liechtenstein y Andorra subsisten como mini-principados independientes.
Las dos monarquías que tuvieron un mayor rol en la 2da Guerra Mundial lograron sobrevivir a ésta. La japonesa lo hizo perdiendo a su vasto imperio que abarcaba gran parte de China y todo el sudeste asiático y la británica que, pese a haber vencido, tuvo que ir renunciando a seguir encabezando el mayor imperio ultramarino de todos los tiempos.
El emperador de Tokio tuvo que aceptar el fin de la dictadura militarista local que él rigió para aceptar una monarquía constitucional supervisada por tropas estadounidenses que aún siguen en sus islas.
Las monarquías de Londres, Bruselas y Ámsterdam fueron negociando las independencias de sus colonias. Estas y las de Suecia, Noruega y Dinamarca dieron paso a prolongados gobiernos socialdemócratas que dieron paso a uno de los estados de bienestar social más generosos del mundo capitalista.
En las últimas décadas monarquías constitucionales han sido restauradas como sucesoras del fascismo en España y del ‘comunismo’ en Camboya. La de Nepal, en cambio, fue depuesta.
Diversas monarquías subsisten en partes del Asia y África, las mismas que son más autocráticas.
En el continente negro subsisten diversas casas reales aunque la única que no está subsumida dentro de una república es la de Suazilandia, la cual mantiene su independencia, aunque esté 100% rodeada por Sudáfrica.
En las de la península arábiga las mujeres y los cristianos tienen pocos derechos, mientras que la saudita (que es la más grande y poderosa de todas las monarquías del ‘tercer mundo’ no permite que en su país hayan partidos o iglesias o que las mujeres puedan andar solas).