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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Bolsillos helados

Rafa Esteve - Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 17 de febrero de 2005, 23:47 h (CET)
Como ya es sabido hace algunos días padecimos unas temperaturas que aunque propias de la etapa invernal que estamos atravesando fueron un poco más rigurosas de lo habitual. La postal de los pueblos completamente nevados, los quitanieves lanzando sal en las carreteras y las gentes caminando apresuradas con la cara congestionada por el frío han dado lugar, en pocos días, a una nueva estampa, la de los elevados precios que están alcanzando las hortalizas y verduras en los mercados. Me gusta pasear por el Mercado Central de mi ciudad y ver al natural esos bodegones que forman los vendedores con los productos de la huerta, los verdes de las alcachofas y las judías junto al rojo de los pimientos y los tomates acompañado por el blanco de las coliflores. Toda una representación de los productos que la tierra nos ofrece. Pero estos días he podido observar como cada día que pasaba las pizarras donde se marca el precio de los productos experimentaban un cambio al alza hasta llegar en algunos casos a doblar los precios existentes antes de la llegada del general invierno.

Siempre se ha hablado de la cuesta de Enero por aquello de que después de las fiestas de Navidad y Reyes los bolsillos y las tarjetas de crédito se quedan exprimidos. Pero este año también vamos a tener, ya la estamos padeciendo, cuesta de Febrero y quizás de Marzo. Nunca he entendido estos temas de la Economía. Cuando iba a la Facultad era una asignatura que me costaba entender y hoy, en la práctica cotidiana, sigo siendo una nulidad en economía. Pero la razón me dice que siempre hay quien se aprovecha de las circunstancias, sean estas debidas al helado frío o a la costumbre de subir los precios cuando entramos en un nuevo año.

Los convenios colectivos aplican unas subidas a los salarios pactadas entre patronal y sindicatos que suelen establecerse en un porcentaje concreto, y los trabajadores ven como al llegar el fin de mes su nómina aumenta estrictamente en ese porcentaje pactado. Ni un euro más. Pero cuando vamos a algunos establecimientos públicos o al mercado observamos que gracias al redondeo del euro los precios no suben en el mismo porcentaje que los salarios. El otro día en un bar por la consumición que hasta ahora me costaba 1,50 € me cobraron 1,70 €. Aquí alguien ha barrido para casa. Y me temo que esto mismo esté sucediendo con las hortalizas y las verduras. Los defensores del exagerado aumento de los precios lo achacan a la famosa ley de la oferta y la demanda. La demanda siga siendo la misma pero la oferta ha bajado ya que se han helado muchos de los productos. Pero por otro lado nos encontramos con las declaraciones de la Asociación de Mayoristas de Frutas y Hortalizas en las que indican que la oferta sigue siendo la misma ya que para paliar las heladas del este y sur español se ha traído productos de Marruecos y Holanda. También los agricultores se quejan de que a ellos el precio que les siguen abonando no ha subido ni mucho menos lo que reflejan los precios que, finalmente, paga el consumidor. Aquí también alguien ha barrido para casa.

Así es que este invierno lo primero que se no ha helado ha sido el bolsillo gracias a ese extraño incremento que sufren los precios en el largo camino que va desde el productor al consumidor. El ministro del ramo, señor Montilla, se ha reunido con los representantes de las grandes superficies y estos tampoco se hacen responsables del desaguisado, hasta dicen que se han apretado el cinturón y tienen menos beneficios. Será cuestión de que las autoridades averigüen en que bolsillo se quedan esos euros que, con cualquier excusa, van incrementado los precios de las frutas y verduras entre otras materias. Alguien debe salir beneficiado mientras los guisantes se pagan a precio de caviar y al poner un puchero a la mesa nos resultan más caras las verduras que la carne.

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