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La hora de la ciudadanía
Mario López
Parece que la sociedad civil, el ciudadano raso, empieza a movilizarse. "Hemos aguantado muchísimo, pero ahora ya está claro que la mayoría de partidos políticos tiene las manos atadas y, por tanto, urge explorar otras vías", ha dicho Gonzalo Boye, uno de los abogados que dirige la querella contra las agencias de rating.
Estas agencias, las grandes corporaciones y la banca, han acabado con la democracia y, lo que aún es más grave, provocan guerras, hambrunas y masacres por toda la geografía del planeta ante la más absoluta pasividad de los estados y organizaciones internacionales. El poder político está bajo su control y a la ciudadanía sólo le queda el poder judicial para hacer frente a la continuada criba de derechos civiles que está llevando a cabo el sistema capitalista, al que hoy se prefiere llamar “mercados”.
En España ya son más de 25 mil las personas que se enfrentan, a través de los tribunales, a la abusiva clausula suelo de las hipotecas. Pero aún quedan muchos otros frentes que atender y los juzgados no dan abasto. Cuando parece que el terrorismo nacionalista o fundamentalista está bajo control, ahora tenemos que enfrentarnos a enemigos infinitamente más temibles: la banca, los mercados de valores y las agencias de rating. Y no podemos contar con la clase política, pues está sumida en la corrupción y el entreguismo. Tan solo nos queda un sistema judicial anquilosado, desbordado, al borde del colapso, en muchos casos secuestrado por la clase política.
Pero, al menos, la ciudadanía ya empieza a dar señales de vida. Es muy difícil que el pueblo vuelva a conquistar –si es que alguna vez la tuvo- la soberanía. Las grandes familias que viven en la opulencia son absolutamente insensibles al drama que la gran mayoría de la humanidad está padeciendo, y no van a ceder un ápice de sus privilegios si no se les obliga a hacerlo. Sólo una sociedad civil concienciada, dispuesta a actuar, podrá salvarse a sí misma de la esclavitud, precariedad o absoluta pobreza a la que la están condenando los mercados. El pacto social está hecho añicos y la única manera de recomponerlo es frenando el devastador ataque que contra el conjunto de la población está llevando a cabo el sistema capitalista, los mercados. Tenemos que asumir, cuanto antes, que la clase política ya no forma parte de la solución y sí parte del problema. La movilización ciudadana debe conducirnos a tomar las calles, los juzgados y a dar plantón a las urnas. Estamos iniciando un largo y tortuoso camino que nadie sabe adonde nos acabará llevando, pero el destino es inexorable.
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