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¡Más madera!
Ángel Ruiz Cediel
Lo del cinismo de la guerra contra Libia que libra la OTAN no puede ser más absurdo, no sólo por cuanto se decía primero que se quería proteger al pueblo Libio (ha de entenderse que sólo de una parte: la rebelde) del tirano de Gadafi y ahora se dice que es preciso que se vaya, sino también porque queda de manifiesto la nula potencia de este ejército internacional para derrotar a un enano. Lo digo, porque si con Libia se tienen estos problemas, no quiero ni pensar si este superejército se tuviera que enfrentar a China, pongo por caso, o a una potencia regular con cierta capacidad, como Rusia. Más allá de apretar botones que lanzan ingenios con gran capacidad explosiva, bien se ve que vale para bien poquito, de modo que en un conflicto con un ejército rival de su tamaño sólo quedaría la opción de los ingenios ABQ, que es como decir que el Cielo nos coja confesados.
La cosa no pinta bien para la OTAN, y no precisamente porque el enemigo se pueda esconder en bosques o algo por el estilo, porque el ejército regular libio tiene que ir con sus camiones desvencijados y sus mal pertrechados fusileros por las solaneras del desierto a pecho descubierto, y ni aún así es capaz de frenarlos este prepotente conglomerado de ejércitos supermodernos. Cosa lógica, si consideramos por quiénes están comandados, y que en la cúpula de éste gobierna una multicefalia en todo parecido a la bestia aquella del Apocalipsis que tenía diez cabezas o más. Todos quieren mandar para sacar alguna ventaja de la degollina, siendo muy frecuente que en las reuniones estratégicas del Estado Mayor se tiren los unos a los otros los trastos a la cabeza, profiriendo palabras malsonantes que más que aliados les hacen parecer enemigos. El resultado: un desastre, un caos, un gasto bueno sólo para los fabricantes de armas. Es lo que tiene el que las potencias se aburran y quieran emular al Imperio y sus guerras de apropiación, y, en consecuencia, a quien hasta ayer era su amigo y le compraban todo lo que producía, hoy le ataquen para quedárselo por el artículo 33.
El primer problema que tiene la OTAN es que no tiene nada claro qué es un Ejército, y el segundo qué propósito persiguen con este conflicto que pretenden ganar desde el aire, a salvo de cualquier enemigo que les pueda hacer pupa. Sin una línea de mando clara y definida –nada de democracia-, no hay disciplina, y cada uno, como es natural, va a lo suyo. España, que no quiere correr riesgos (quién sabe si para que peligrosos chorizos albanokosov
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