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Tags: Opinión · Momento de reflexión · Octavi Pereña
Piedad popular


Octavi Pereña i Cortina


Octavi Pereña Octavi Pereña
miércoles, 20 de abril de 2011, 09:01
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La Semana Santa, en su expresión pública de la piedad popular en los países católicos debería ser motivo de reflexión. La manera de manifestar la fe se caracteriza en que se da una extrema importancia a la muerte de Jesús, que la tiene y mucha. En cambio, su resurrección tiene escasa resonancia en estas manifestaciones religiosas callejeras, tal vez porque no es posible plasmar en imágenes al Jesús resucitado.

La religiosidad popular que comentamos debería hacernos pensar. No hemos de olvidar que la salvación que Cristo obtuvo para quienes creen en Él contiene dos aspectos inseparables. Si falta uno de ellos la salvación no es posible: “Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, aún estáis en vuestros pecados” (I Corintios 15:17).

La semana Santa tal como la celebra la piedad popular concentra en un espacio de siete días la actividad religiosa anual. Durante estas jornadas los recintos dedicados al culto están llenos a rebosar. El resto del año permanecen desérticos , recubiertos de telarañas. Esta oscilación extrema muestra que la espiritualidad se ha convertido en la expresión de la más pura carnalidad. No es solamente el exhibicionismo de la cobrarías, sino el hecho de que convergen intereses económicos. Así que lo que es espiritual se ha convertido en material. Lo que es sagrado en motivo de atracción turística.

Durante estas fechas que deberían tener tanto significado por su contenido, se le da más importancia a lo que es comercial hasta el punto que para muchos negocios el balance positivo del año depende de si durante estas fechas la climatología ha favorecido el trasiego de turistas. Ha llegado hasta tal punto la mundanalidad de estas fiestas religiosas que si las autoridades decretasen prohibir las exhibiciones religiosas populares de Semana Santa es muy probable que se produjese un motín popular.

Esto casi llegó a suceder en la celebración del Corpus de Toledo del 2010 en que se produjo una agria protesta cuando según la reforma del Reglamento de Honores Militares, el ceremonial militar que acompaña la exposición del Santísimo se alteró de manera que la unidad del ejército no pudo interpretar el Himno Nacional ni presentar armas como ha sido tradición inveterada. Quizás sería oportuno dada la nueva situación político y religiosa de nuestro país revisar el papel que deben jugar las autoridades militares y civiles en las celebraciones religiosas. La libertad de conciencia exige esta revisión y adecuación , lo cual no significa extirpar el derecho de creer y de practicar una religión, sino el respeto que se debe a personas que por sus cargos políticos y militares que no sienten atracción por el catolicismo se vean forzados a asistir a un culto religioso porque es tradición inveterada.

El apóstol Pablo recuerda a los cristianos que deben rememorar la muerte del Señor comiendo el pan que simboliza el cuerpo de Jesús entregado por nosotros y bebiendo el vino que representa a su sangre vertida en el Gólgota y que limpia todos nuestros pecados.

A quienes participan en esta conmemoración conocida como la Cena del Señor, el apóstol Pablo les dice: “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo , y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuero del Señor, juicio come y bebe para sí” (I Corintios 11:28,29). El recogimiento debe estar presente cuando se recuerda la muerte de Cristo a favor de los pecadores, según la manera que instituye el Nuevo Testamento. Además, la Cena del Señor tiene también la finalidad de recordar al Jesús resucitado: “Así, pues, todas las veces que coméis este pan, y bebéis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga” (v.26).

La piedad popular tal como se expresa durante la llamada Semana Santa carece del recogimiento necesario para que el fiel pueda probarse a sí mismo y encontrarse con el Señor.

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