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Etiquetas:   Ser o no ser   -   Sección:   Opinión

Un éxito comercial

Manuel Alcántara
Redacción
martes, 15 de febrero de 2005, 01:18 h (CET)
Nos habíamos acostumbrado a que hubiera niños precoces ajedrecistas y niños precoces directores de orquesta, que hacen mucho más ruido, pero ahora debemos habituarnos a convivir con niños precoces drogadictos. Según las estadísticas, el número de adolescentes que acude a los programas de desintoxicación se ha duplicado en el último año, lo que prueba dos cosas: que desean abandonar la droga y que antes habían caído en ella. Muchos quieren evadirse sin haber estado prisioneros. ¿Cómo a los 13 años puede pesar tanto la vida que haya que buscar una escapatoria? Quizá lo hagan por curiosidad y eso sí que es curioso. Lo cierto es que el hachís dura menos a la puerta de un colegio de lo que duraban los caramelos.

Todo un éxito comercial. Promete ser muy duradero, ya que es tan fácil detener a los 'camellos' que venden droga como arduo resulta localizar a los jefes de la caravana. A éstos jamás les encontrarán con una papelina: no han caído en tan peligrosa costumbre y se limitan a procurar que contraigan otros el hábito. Iniciarles precozmente en él les garantiza el porvenir en la misma medida que se lo impide a sus jóvenes clientes. Octavio Paz decía que el uso de drogas revela que el hombre no es un ser natural y que al igual que la sed, el hambre, el sueño y el placer sexual, sufre de nostalgia del infinito. Quizá sea cierto, pero es un mal camino buscar el infinito por esos caminos blancos: todos llevan al cero.

Quienes los han contado dicen que hay más consumidores de alcohol, que es sin duda una droga dura, que de estupefacientes, pero nadie puede negar que brindar es más agradable que esnifar. Además, según explican científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de California, los niveles de tolerancia al alcohol tienen carácter genético. Se lo tengo que contar a mi hija, que no bebe más que lo imprescindible, para animarla. Que nadie diga que todo es droga: aunque lleve razón, matiza poco. «El alcohol me basta y el resto me da miedo», dijo Francoise Sagan. En mi opinión, no es lo mismo tener en la mano un catavino que una jeringuilla.

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