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A vueltas con la crisis y el bipartidismo español
Mario López
Los más optimistas vaticinan que no se empezará a crear empleo neto hasta el año 2017. Entre estos augures se encuentran todos los expertos próximos a los poderes financieros que provocaron la crisis. Los más críticos aseguran que el deterioro del sistema puede llegar a alagarse varias décadas, hasta alcanzar su debacle total, arrastrando con él un desempleo creciente. Frente a este panorama, todas las encuestas pronostican que para finales de 2012 todos los poderes de este país estarán en manos del PP, a excepción de las comunidades y ayuntamientos de Euskadi y Catalunya, porque así lo habrá querido el pueblo soberano.
Desde que el PSOE surgido de Suresnes decidiera renegar del marxismo y abrazar el credo de la Alianza Atlántica, cuyo vicario en la tierra se encuentra entronizado en algún lugar secreto de Wall Street, los dos partidos mayoritarios con posibilidades de gobernarnos pertenecen a lo que se ha dado en llamar, tradicionalmente, la derecha política; pues esta circunscripción hace referencia a la política basada en la economía de mercado, con el único y odioso matiz del rescate financiero, que permite socializar las pérdidas a través del trabajo, sin coste alguno para el capital, y privatizar las ganancias.
En España, además, existen dos derechas. Una, laica, partidaria de avanzar en lo social, y otra, fundamentalista católica, implacable celadora de las tradiciones más rancias. La primera derecha, representada por el PSOE, sería la moderada (pues admite más confesiones que la católica y más matrimonios que el católico e, incluso, que la práctica del aborto es un derecho de la mujer) y la segunda, representada por el PP, la conservadora (pues si de ella dependiera, viviríamos al gusto del Cardenal Cisneros). Pues bien, frente a la situación de deterioro de la sociedad del bienestar que estamos padeciendo, los españoles van a decidir seguir en la misma política económica que ha llevado hasta ahora el PSOE y que mantendrá, rigurosamente, el PP, eso sí, poniendo un freno a los avances sociales; es decir, los españoles quieren hundirse un poco más en la cuaresma. Admirable. Yo estoy deseando que Catalunya alcance de una vez su independencia para poder nacionalizarme catalán (soy madrileño de soca-rel, a mi pesar).
Se dice que sólo hay dos opciones políticas posibles. Es mentira. Lo que no hay son medios con voluntad de difundir otras distintas a las que conforman el bipartidismo sitémico o capitalismo bicefálico; como se quiera llamar. Y el electorado, al parecer, necesita propaganda. Un país en el que se necesita propaganda para que cada ciudadano elija lo que realmente le conviene, es un país de analfabetos. Vale, ya todos los españoles sabemos leer el recibo de la luz, aunque ya somos demasiados los que no podemos pagarlo. Todavía nos queda un largo trecho para saber lo que más nos conviene: si seguir soñando en que algún día nos toque la lotería o buscar la manera de que todos podamos pagar el recibo de la luz. Dicen que de ilusiones también se vive. Es mentira.
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