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Balones en juego
Nieves Fernández
En el próximo mes, o en los próximos veintiocho días, nos anticipan que los dos grandes equipos futbolísticos de nuestro país, aquellos que lidian semana a semana durante todo el año, aunque no se enfrenten en el campo de juego, aquellos a los que les interesa que el país siga estando unido, porque se perdería todo el buen negocio de la Liga, los que siempre han rivalizado eternamente, nos dicen que se van a enfrentar en cuatro ocasiones, tanto en casa como fuera.
Serán cuatro partidos, cuatro, los que se disputarán y en los que las familias y amigos se dividirán como en política, en los que el país se dividirá machadiana y nostálgicamente helándonos el corazón por un balón en juego y comerán merengues los de Mou y regalarán la flor en San Jordi y la mona de Pascua, los de Pep, y llorarán unos y reirán otros, y los unos serán después los otros y habrá victorias tanto para unos como para otros.
En cuatro ocasiones se demostrará que el futbol es mucho más que un juego, mucho más que un deporte.
Se hará acopio de bebidas, de aperitivos y de grandes comilonas frente al televisor y las familias se reunirán con sus adeptos para disfrutar los directos de pantalla, y el buen tiempo hará que los seguidores acudan al campo a pagar grandes cantidades, incluso harán largas colas, porque serán cuatro grandes espectáculos de primavera, también disfrutados fuera de nuestras fronteras, donde muchos extranjeros de lugares lejanos, sin televisión en sus casas, te identifican con España e irremediablemente con el Barça o con el Madrid y con todos sus jugadores, a los que conocen mejor que otros españoles.
A estos encuentros se les llama clásicos, como a la mejor música, como a la historia más auténtica, como a los pintores y escultores antiguos o como a la literatura del Siglo de Oro más reconocida. En ciertas fechas, el fútbol parece derrotar a todas estas artes (música, humanidades, pintura, literatura, etc.), no es inteligente tirar de estos clásicos y programar actos de los otros (clásicos) en fechas coincidentes, se pierde la batalla inútilmente porque el fútbol se convierte para muchas personas en un nuevo arte asociado al deporte, un arte que no escatima difusión, inversión, o reclamo donde refugiarse ante tanta penuria social como vive un país lleno de parados y de ERES que se consuelan tras una bufanda colorista anudada al cuello; es más, hasta se asocian éxitos sociales, incluso demográficos, como ha ocurrido en la ciudad que resido, Ciudad Real, donde ha quedado demostrado que en periodos de bonanza futbolera nacen más niños. Curioso caso a estudiar tras los cuatro clásicos en las ciudades más comprometidas con cada uno de los colores en lid.
Hoy es el primer balón en juego. Que ruede bien para el mejor y no se olvide que es eso, un juego.
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