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Semana Santa de movimientos en el PP
Almudena Negro
Semana Santa en España. Los más intolerantes se dedican a ofender las creencias de millones de españoles. Ahí tienen el bochornoso numerito de la manifestación atea que planeaban perpetrar en Madrid y que ha terminado no sólo prohibida, sino en los tribunales. Esto último no me parece bien ya que la idiotez no debe estar penada y no creo que exista algo así como el derecho al honor colectivo.
Pero que existe una campaña en contra de los católicos alentada desde determinadas terminales de poder, es algo que sólo un sectario, un ciego o un tonto pueden negar. Ahí tienen el intento de prender fuego a una parroquia en Majadahonda (Madrid) o el numerito de circo organizado en la capilla de la Complutense o en la Universidad de Barcelona ante el silencio cómplice de sus rectores. La cosa sólo puede ir a peor. Es lo que sucede cuando desde el poder se envían mensajes de impunidad a los violentos. Y violencia es que un grupo feminista radical pretenda pegar fuego a una iglesia, como sucedió recientemente en Barcelona. Son ya varios los años en que coincidiendo con estas fechas se recrudece la totalitaria batalla contra la libertad religiosa. Conviene que haya tensión, que le diría Zapatero a Gabilondo.
Pero esta Semana Santa va a ser algo distinta. Va a estar marcada por las decisivas elecciones del 22 de mayo, en donde Rodríguez Zapatero –otra cosa son los barones- ya no se juega nada pero Mariano Rajoy se lo juega todo. Atención a la campaña en contra de María Dolores de Cospedal que empieza a asomar aquí y allá en medios del centro-derecha. Ojo también a los movimientos desestabilizadores puestos en marcha por los de siempre. No se resignan a ver cómo sus opciones se diluyen. Algún popular incluso habla de la vuelta de Aznar. Desvaría. Más lo cierto es que si el gallego gana las generales ellos tendrán que esperar, en principio, hasta 2020. Imposible. No tienen ya tiempo ni ganas. Por eso los grupos mediáticos de cabecera andan ayudando a poner en duda, una vez más, el liderazgo de Mariano Rajoy. El cual, por cierto, con su tibia oposición hace méritos para perder votos y dar credibilidad a los mensajes en su contra. Rajoy no entusiasma a nadie. Gusta a pocos. Pero tampoco molesta, que es lo debe de susurrarle Arriola al oído.
El caso es que si Rajoy no consiguiera arrasar o al menos sacar un buen resultado en las municipales los de siempre se aprestarán a mover, una vez más, la barca popular. Nada les importa salvo que los suyos alcancen el poder. Rajoy es demasiado independiente. Nada les debe. Hay demasiados intereses en juego. En el caso de los grupos mediáticos puramente económicos. Dicen las malas lenguas que la quiebra es ya casi un hecho. Alguno de estos medios lleva meses dedicado a salvar la imagen de Zapatero (¿es que el Faisán sólo es responsabilidad de Rubalcaba? ¿No tiene nada que ver el presidente?), porque cree que a ZP o a Chacón es más fácil sacarles. Otros siguen vendiendo, como si nada hubiera pasado, un liberalismo inexistente en UPyD. Están convencidos que Rosa Díez puede menguar las posibilidades de Rajoy. No se dan cuenta que UPyD hace mucho que viró a la izquierda y que se nutre, básicamente, de ex votantes del PSOE. Tampoco se percatan que ellos ya no tienen tanta influencia como antaño. Se les ha visto demasiado el plumero.
Y, por supuesto, la izquierda, en estado ideológico terminal, está encantada. Qué panorama.
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