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Las tristes cifras de la cruda realidad
Ángel Ruiz Cediel
España es el único país del Occidente en el que aunque se devuelva la vivienda (dación en pago) cuando no se puede hacer frente a la hipoteca, el dador sigue siendo deudor con el banco que se la concedió . Un atropello legal, a todas luces, que no se verifica en ningún otro país de nuestro entorno; pero que no es único, ni mucho menos en este nuestro país.
En España gobierna ahora el PSOE, si bien es la segunda vez que lo hace. De los treinta y cinco años de democracia que tenemos, el PSOE ha gobernado durante veinte años hasta la fecha. Siendo, como se dice, un partido progresista que defiende los intereses de las clases menos pudientes, en cuyas capas sociales tiene el vivero de votos con los que obtienen periódicamente el poder, podría considerarse que España es un país que ha mejorado año a año el reparto de la riqueza durante tan largas estadías en el gobierno de los socialistas, aunque la tensión social producida por los continuos escándalos y corruptelas bajo los mandatos de Felipe González (13 años) y Zapatero (7 años y sigue) parecen desdecirlo, apuntándose más bien a una generalizada institucionalización de la corrupción. Pero todo esto puede parecer cháchara antisocialista que no la soportan las cifras. Veamos, pues, si la realidad de los fríos datos corroboran o no esta tesitura, tal vez arrojando algo de luz sobre la naturaleza de los socialistas en el bienestar de sus supuestamente bienamadas capas sociales más deprimidas.
Por lo pronto, España tiene y ha tenido uno de los salarios mínimos más bajos de la CE, apenas por encima de Portugal y algunas repúblicas exsoviéticas, pero incluso por debajo de Chipre, siendo que respecto de los países en cuyo entorno queremos instalarnos, tales como Alemania, Francia, Gran Bretaña o los Países Bajos, estamos a poco menos del 50% de sus salarios mínimos. En los salarios promedio reales, sencillamente estamos a bastante menos de la mitad de nuestros pares europeos, con parecidas diferencias a lo anterior, pero con el agravante de que la brecha salarial entre hombres y mujeres, pese a la abnegada lucha de las señoras Pajín y Aído, es ostensiblemente mayor y ofensivamente más sonrojante en nuestro país. Hubiera bastado una ley y unas penas prescritas para contener este desmadre, pero parece ser que ocuparse del tabaco y de la ortografía de las miembras no las ha dejado espacio para atacar este asunto tan capital.
Naturalmente, no faltarán adeptos socialistas que justifiquen este despropósito arguyendo que estos datos son absolutistas, y que lo que cuenta es lo relativo de qué se puede hacer con cada salario en cada país. Pues bien, a estos adeptos les sería muy interesante conocer que el poder adquisitivo de los españoles, con pequeños altibajos, creció de 1968 a 1980 en casi un 59%, desde 1981 a 2001 (ya casi en todo el periodo con los sociatas en poder) perdió algo más de un 14% en términos absolutos y desde 2001 a nuestros días (la mayor parte con Zapatero), según los sindicatos hemos mejorado el poder adquisitivo en un 3,8%, o según la CE hemos perdido poder adquisitivo en un 4%. Así las cifras, y sabiendo como sabemos hoy que los sindicatos son beneficiarios directos de EREs y cualesquiera despidos por no montar lío, pero muy poco dados a defender el desempleo o a defender los intereses de los trabajadores, comprendemos perfectamente por qué sus números son tan disímiles de la realidad.
A esto, que no es poco, se ha de añadir que nuestros impuestos medios (políticas y legislaciones de recaudación indirecta aparte) está entre un 4% y un 11% por debajo de los países más potentes de CE (sólo de los más potentes, por supuesto, como Alemania, Países Nórdicos o Francia, aunque no así respecto de Gran Bretaña), si bien en todos estos países lo que los ciudadanos obtienen por sus impuestos y lo que obtenemos los españoles no tiene nada que ver, tal vez porque en España se dilapidan la parte más sustancial de éstos en inútiles autonomías que restan medios a temas tan básicos como Educación, Sanidad, Justicia, etc..
Además de que, como es lógico, son países en los que el número de funcionarios está ajustado a la necesidad y no van poniendo los partidos a sus criaturas a la teta del Estado cuando pasan por el poder, cosa que sí es práctica habitual en España y causa y razón por la que nuestro número de funcionarios en estos treinta y cinco años de democracia se ha multiplicado por algo más de 10, entretanto la población se ha multiplicado sólo por 1.3, inmigración incluida. También podríamos contar con los contratos y todas esas macroobras infladas en sobrepresupuesto que se han otorgado desde los poderes sin demasiado criterio, o esos planes de decenas de miles de millones de euros que han beneficiado a unos sobre otros, o, aun, a las supuestas ayudas a empresas o a la Banca que finalmente parecen resultar no muy claras, y entenderíamos por qué estamos como estamos.
Tal vez aquí, precisamente, en este desconcierto que propicia que cualquier pillo pueda hacer lo que le da gana, tanto si es una multinacional extranjera –patente de corso- como si es un golfante genuinamente español, tendremos la clave de por qué entretanto se han producido casi tres millones de parados en el primer gobierno socialista y casi cinco en el segundo, el número de ricos en España en el mismo periodo se ha multiplicado por veinticinco, siendo que en 2010, sin ir más lejos, España se situó en el tercer puesto del mundo que había producido mayor número de ricos declarados, hasta un 18% (129000 personas) de incremento, mientras el desempleo crecía prácticamente en esa misma proporción (21%). Curioso, ¿no?...
No son todos los que están, por supuesto, porque no pocos millonarios que se han forrado aprovechando la crisis, tienen sus recursos en paraísos fiscales o en los llamados países amigos, precisamente donde algunos principales del reino se hacen casitas en las playas para irse de vacaciones o así. Una crisis que ha venido estupendamente para que los derechos civiles de las clases no pudientes hayan sido recortados sin piedad, los antiguos mileuristas apenas si cobren hoy 600 euros, más de la mitad de los jóvenes no tenga oportunidades laborales, nuestros titulados tengan que emigrar para evitar tirarse por el Viaducto, las empresas grandes hayan prescindido de más de la mitad de su personal gracias a trampas legales mientras su facturación sigue siendo la misma, y los sindicatos se han enriquecido del modo que todos conocemos con los parados que “trabajan por España” (Zapatero dixit), que son aquellos a quienes se les obliga a hacer cursos inútiles que a veces ni se dan, y que justifican que a éstos se les donen riadas de millones.
Una realidad que, lejos de remitir, va a más. A más funcionarios, a más autonomías, a más pseudosocialismo, a más desempleo y a más coste de la vida, porque mientras en Europa se recorta y controla con lupa todo esto, aquí lo multiplicamos, incluso el IPC, porque los empresarios, hoy convertidos en víctimas de plastilina, saben que como los políticos cuentan con absoluta impunidad para hacer lo que les dé la gana. Tal vez por esto, y por su desenfreno de querer más (tonto el último), o nos ofrecen marcas blancas donde la calidad está desterrada y el contenido no es sino placebo pseudoalimentario, o suben los precios de tal modo que ya doblamos casi el IPC de Europa, lo que unido a la pérdida de retribución en los salarios, significa un mayor empobrecimiento de la población más sufrida, la que trabaja y es honrada en España, que también son los menos.
Una pérdida previsible de poder adquisitivo este año, entre IPC, bajada de salarios y subida de atracos como Euríbor, intereses hipotecarios, manguncias multeras, impuestos directos municipales y regionales y tal, que nos hará a todos los que no somos pillos entre un 10 y un 15% más pobres en 2011. Esto es batir un récor, sí señor. He aquí la causa por la que entre el 35 y 50% de la población vive los límites de la pobreza (precariedad social), de los cuales el 35% está afincado en la pobreza en bruto, de los cuales entre el 25 y el 25% está ubicado en la pobreza grave, y de los cuales el 15% vive en la pobreza extrema más solmene. El 44% de toda esta población, de casi nueve millones de almas, son niños y jóvenes. En estos dos últimos porcentajes, considerados pobreza severa, están inclusas casi dos millones de almas, casi dos millones de indignas tragedias.
Un favor que los socialistas nos hacen a todos, porque ya no tenemos que preocuparnos de Somalia, Ruanda-Burundi, Dafur o Haití, porque ya nos los han instalado aquí y podemos hacer caridad con cualquier vecino. La corrupción, entretanto, galopa sin freno por nuestros ámbitos. Vota socialista, en fin, que así nos va.
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