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El Manzanares: de aprendiz de río a antirrío
Mario López
Este fin de semana visité laribera del río Manzanares. Está impecable, sobre todo el tramo que cubre elPaseo de la Virgen del Puerto (un puertohasta la fecha puramente onírico). Ha sido la primera vez en mi vida que hepodido pasear desde Príncipe Pío hasta Marqués de Vadillo al lado del río. Lasensación fue magnífica.
Me sentí como un praguense con su Moldava o, más bien,como un florentino con su Arno. Los solados, los parterres, los alcorques, lospuentes. Todo magnífico. Especialmente impresionante observar cómo la Casa de Campo sirve de orilla a la margen más meridional del río. Maravilloso.
Pero pasado ese primerentusiasmo, me detuve a observar las edificaciones que bordean la ribera.Inmediatamente comprendí que Madrid se construyó de espaldas a su aprendiz derío. En la margen meridional, aparte del cementerio y la Casa de Campo, sealzan unos edificios muy poco agraciados, vulgares y con fachadas pensadas máspara esconderse de la ahora soterrada M-30 que para lucir sus mejores galasante aquel humilde remedo de Guadalquivir.
Y en la margen septentrional, losmagníficos edificios que bien pudieran representar la mejor skyline de laciudad (el observatorio de la Monclona, Príncipe Pío, las torres de Plaza deEspaña, el Palacio Real, la Almudena, San Francisco el Grande) están muyalejados del río, separados de él por la inmensa cornisa que cuelga sobre elCampo del Moro y llega hasta las Vistillas. Tampoco hay una gran avenida que cruce el río; todo lo más, lacalle de Segovia. Muy digna, pero nada que ver con la calle de Jorge V de París.Finalmente, uno observa con cierta perplejidad que la ribera del río Manzanarescuadruplica en tamaño a su rivera, en una proporción inversa a la decualquier otro río del mundo.
A veces el cauce se pierde en la inmensidad de la ribera y cuesta encontrarlo. Como cuesta encontrar un signo devida, un comercio, un chiringuito; eso sí, la concurrencia de ciclistas y fondistas es grande. Es una absurda paradoja que el escenario másgrandioso del lugar esté vació y sus aledaños más cutres, como el Paseo de la Florida oAntonio López, llenos a rebosar de todo tipo de ocios. El Manzanares, ahora, es el mundo al revés. El antirrío.
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