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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

De Munich al referéndum

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 14 de febrero de 2005, 01:08 h (CET)
El próximo domingo las urnas, con su alba transparencia, estarán esperando los votos de los españoles para ver que contestan a la pregunta ¿Aprueba usted el tratado por el que se establece una Constitución para Europa ? Pero para llegar aquí ha hecho falta un largo recorrido que comenzó a principios de Junio de 1.962 cuando 118 españoles, del exilio interior y del exterior, se reunieron en Munich convocados por el Movimiento Europeo.

Representaban a casi todas las fuerzas políticas, tanto del interior como del exterior, excepto los comunistas y los anarquistas tachados de totalitarios en aquel momento y excluidos de la reunión por Salvador de Madariaga. España en aquellos días políticamente no estaba en Europa y en este congreso se aprobó una resolución de cinco puntos en los que se establecían las condiciones para que nuestro país o cualquier otro pudiera adherirse o asociarse a la entonces Comunidad Económica Europea.

En estos cinco puntos lo único que se pedía eran los derechos que en aquel momento el franquismo gobernante negaba a los españoles. Esto hizo entrar en cólera al dictador y se motejó a la reunión de Munich de “contubernio manejado por Moscú” cuando es bien sabido que los comunistas no fueron invitados ni acudieron. Los asistentes del interior no pudieron regresar durante un tiempo a España y cuando lo hicieron fueron deportados de sus lugares de residencia. Hoy pocos de aquellos hombres viven, yo llegue a conocer y colaborar con alguno de ellos, como Vicent Ventura que me inculcó la llama del periodismo y de la solidaridad con el resto de las gentes, pero su actuación en aquel verano del 62 puso la primera piedra para esta Europa, de momento de los 25, que quiere dotarse de una Constitución.

No estamos ante unas elecciones generales, autonómicas o municipales y eso se nota en las diferentes campañas. Europa sigue quedando lejos de los ciudadanos y la mayoría acudiremos a votar sin habernos leído el farragoso texto de lenguaje administrativo que ocupa un libro de casi doscientas páginas con letra pequeña. Pero tampoco cuando votamos la Constitución Española nos la habíamos leído aunque entonces y por aquello de la novedad las ganas ciudadanas de votar eran más grandes que lo son ahora. Tenemos propuestas para todos los gustos y la verdad es que votemos lo que votemos siempre coincidiremos con alguien lejano de nuestros ideales. Un socialdemócrata coincidirá en su voto afirmativo con la derecha popular a pesar de que el primer partido de la oposición pida el sí con la boca pequeña. Esta misma derecha va a votar lo mismo que los nacionalistas del PNV a quien tanto denostan en público. La izquierda y una parte de los nacionalistas con su voto negativo coincidirán con los xenófobos de Le Pen y por si faltaba algo la Conferencia Episcopal, “pro domo sua”, barre para casa indicando a los suyos que es posible y lícito abstenerse mientras desde las ondas de la COPE cada mañana se hace campaña del no aleccionando a los oyentes con un “el 20 de febrero no a Zapatero”. Una patada al culo de Europa para dársela al Presidente del Gobierno.

Esto es lo bueno de la democracia. Cada cual puede votar la opción que mejor cuadre con sus pensamientos. Aún queda una semana para meditar y después de reflexionar todo el día del sábado acudan a las urnas, con el sí, con el no o con su voto en blanco, pero voten. Si se abstienen haciendo caso a unos obispos, que han estado callados tanto tiempo, después tan sólo les quedará el derecho al pataleo. El que no llora no mama y el que no vota no debe protestar.

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