 Morir con dignidad
Antonio Pérez Gómez
Menudo partido tan apasionante que jugó el Almería en Barcelona el sábado pasado. Los rojiblancos plantaron cara al todopoderoso equipo culé, los mantuvieron a raya durante toda la primera parte, aguantando las embestidas azulgranas admirablemente durante gran parte del partido y, además, logró salir a la contra con criterio. El culmen del partido para los del sureste fue cuando éstos lograron adelantarse en el marcador, con gol de Corona, que finalizó una buena contra llevada por Piatti.
Poco dura la alegría en la casa del pobre. Y muy poco duró para los almeriensistas, que a los escasos minutos vieron como Villa logró provocar un penalti más que discutible. Fue elk principio del fin para los de Olabe, que acabarían hincando la rodilla con un gol de Messi en el 92, que suponía el 1-3.
El caso es que el Almería cosechó una nueva derrota en su triste e inexorable camino a segunda, pero una derrota –a la par que lógica por el rival y el escenario- muy digna. Y eso es exactamente lo que pide la afición, un final digno para una temporada liguera desastrosa. Los partidos que restan están llenos de rivales potentísimos y presupuestos que multiplican con mucho el del Almería (Valencia, Sevilla, Villareal, R. Madrid…) y se espera que los últimos partidos del Almería en primera no sean un viacrucis. Se anhela una “muerte digna”.
Ante este deseo de los aficionados almeriensistas, sorprende el discurso machacón y utópico del equipo técnico y jugadores, encabezados por su presidente, que sigue declarando en público que la permanencia aún es posible y que el equipo se va a salvar. Este optimismo desaforado, lejos de beneficiar a la entidad, eleva a grotesco el esfuerzo de los jugadores y puede ser hasta peligroso para los seguidores más inocentes que crean los mensajes presidenciales, pues luego las desilusiones se pagan caras y son difíciles de perdonar.
|