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El legado de Quique
Daniel Sanabria
Que Quique Flores no seguirá en el Atleti al acabar la temporada es un secreto a voces. Un secreto y un disparate. Es incomprensible que el entrenador que más ha dignificado este escudo en los últimos quince años se marche por la puerta de atrás igual que lo hicieron Ranieri, Sacchi o Bianchi, técnicos de prestigio internacional que no dejaron en las vitrinas dos títulos europeos. Pero para Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil Marín, el técnico madrileño se ha convertido en un arma peligrosa.
Acostumbrados a gozar de la coraza del entrenador de turno, los dirigentes rojiblancos (prescritos de la justicia) no quieren más rebeliones y necesitan una cara nueva a la que echar las culpas si fracasan en su enésimo proyecto deportivo. Desde que Quique llegó al banquillo rojiblanco, la grada del Manzanares le ha apoyado de forma incondicional. Tanto que estando el equipo en novena posición se escuchó a la hinchada atlética corear el nombre del madrileño. Algo insólito en el Vicente Calderón, que es poco dado a elogiar a forasteros.
Así, cuando Quique abandone el Atleti en junio, lo hará con un legado del que pocos pueden presumir: una Europa League, una Supercopa de Europa, David De Gea, Dominguez, Koke y Reyes. Porque antes de que llegara Quique al Atleti De Gea era suplente en el B, Koke y Dominguez no habían debutado con el primer equipo y José Antonio Reyes era un desecho al que la grada le cantaba “Reyes muérete”.
Pero así funciona el Atleti de Gil y Cerezo. En lugar de apostar por un proyecto deportivo que tiene una base sólida y un entrenador que conoce el vestuario y se inventa jugadores, deciden empezar de cero y volver al punto de partida. Porque ya se sabe que a entrenador nuevo, proyecto nuevo, más tiempo y más paciencia. Un cuento que la grada rojiblanca ya se sabe de memoria. Y es que lo único que no ha cambiado en el Atleti en los últimos veinticuatro años es la directiva. El club está enquistado.
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