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Etiquetas:   Sentido común   -   Sección:   Opinión

Rice: un personaje

Marta Santos
Redacción
lunes, 14 de febrero de 2005, 01:08 h (CET)
No es ésta una columna política, sino literaria. Es que Condoleezza Rice es secretaria de Estado, pero no me interesa como figurilla política sino como personaje novelístico o, mejor, teatral. No tengo duda, por aquello de la intuición, de que la Rice pasará a la historia y ocupará más de una página. Tarde o temprano participará en algo que la catapultará al folio de los horrores de este siglo XXI que, por lo que parece, no necesita 'ismos' para producir espantos.

Como personaje, Condoleezza Rice es de la gama de los tipos siniestros. Además, nos devuelve las enseñanzas del BUP, cuando había 'ismos' y los personajes se dividían en redondos y planos. Con el correr de las décadas y la huida del pensamiento-pensamiento, que ya es una especie extinta como la mujer-mujer, los personajes-tipo desaparecieron de la escena y se firmó la defunción de El Malo, que era malísimo pero vistoso (de ver). Aquí está la Rice para demostrarnos que el sistema sigue vivo, colea con igual perversidad y produce terribles personajes, de lo más planos, cuya única utilidad positiva es sacarlos en un escenario para alimentar la ficción.

'Nunca sirvas a quien sirvió', decía un viejo refrán castellano. No sé qué pensará la comunidad afroamericana de Estados Unidos sobre esta máxima ni sobre esta dama que podría inspirar una obra con la carga emocional de 'La Torna' de Els Joglars o la variante 'Las amas' de Genet. Personalmente, escribiría una obra en que la Rice sería un convidado de piedra: la sentaría esquinada en el escenario, con medio perfil en penumbra y media hilera de dientes brillando para acongojar al espectador. No sé qué pondría como argumento, pero la reflexión es la misma que usted se hace.

Es la reflexión sobre un sistema que constantemente necesita y produce héroes y mártires (Luther King, Allende) o demonios salidos de la sentina del Imperio que, no sabemos cómo, consiguen convertirse en gente alzada y atroz. Es lo que tiene el sistema de perverso; que por un lado te pone un Gandhi en escena para que lo maten, pues la lógica argumental lleva invariablemente a su muerte; y por otro, te saca de entre el estiércol una Rice con collar de perlas para que el espectador se mee de miedo en el asiento y salga con profusas cavilaciones sobre la cosa de la naturaleza humana y la excrecencia del Imperio.

Luego hay gente que dice que hay flores en el barro. Sí, pero como dijo un amigo mío «cómo deben de tener las raíces».

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