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Etiquetas:   Con la mano en el corazón   -   Sección:   Opinión

Un tipo normal

F.L. Chivite
Redacción
lunes, 14 de febrero de 2005, 01:08 h (CET)
Es un tipo bastante simpático. Un tipo normal. Muchos de sus conocidos lo definirían así sin dudarlo. Es razonable y ofrece un aspecto agradable. Y desde luego no es un chulo, ni nada por el estilo. Su mujer le quiere. Y él a ella. Parece que les va bien juntos. Que se entienden en lo fundamental. Quizá sea un poco celoso, eso sí. Pero es su forma de ser. Y tiene sus razones: «La quiere demasiado». Lo dice en serio. «Además, ella es tan guapa», añade con una sonrisa. Tienen un par de críos pequeños. El chico acaba de cumplir los doce y la chica, los nueve. Él tiene un trabajo fijo y gana lo suficiente para ir tirando. A ella, suelen ofrecerle contratos eventuales. Aunque cada vez menos. Últimamente pasa la mayor parte del tiempo con las tareas de la casa. Eso es todo.

De vez en cuando la muele a palos sin más ni más. Le da primero una bofetada inesperada con cualquier excusa. Luego la tira en el suelo de la cocina y le da unas cuantas patadas bien dadas. Por las orejas o en la boca. Hasta que ve demasiada sangre y se asusta. Otras veces salen a pasear por el centro y a tomar una cerveza. O a comprar algo en el mercadillo. A él le gusta mucho la música y ella suele regalarle discos por su cumpleaños y en Navidad. Él también le regala cosas a ella, libros y cosas así. Antes leía más. Ahora, como suele estar un poco angustiada, no lee tanto. Además tiene un ojo hecho polvo porque hace tiempo le dio de lleno con la punta del zapato y no se le acaba de poner bien. Pero siempre le ha gustado leer y en cuanto esté mejor volverá a hacerlo. En los diez días que llevamos de febrero ya han muerto tres o cuatro mujeres asesinadas. A golpes. A cuchilladas. A tiros. Los medios de comunicación se hacen eco del rechazo que esto provoca en la sociedad. Se han oído testimonios de asociaciones de mujeres maltratadas y se dice que anualmente se ponen unas 25.000 denuncias por la llamada violencia de género. Él se molesta mucho con esas noticias y opina que se exagera. No le gusta hablar de ello y si alguna vez aparece el tema en la conversación prefiere quedarse callado. Por otro lado, le tranquiliza oír decir que sólo llegan a denunciarse el 10% de los casos. Sabe que su mujer nunca le denunciará. Ni le dejará. Porque entiende que su caso es distinto: ella le quiere. Y está seguro de que la gente que le rodea, sus vecinos y conocidos, le consideran un tipo normal. Y de que nadie sospecha nada. Llevan quince años juntos y piensa que nada tiene por qué cambiar en los próximos quince. Ella, sin embargo, piensa que son demasiadas las cosas que tienen que cambiar. Cambiar de alma. Cambiar de casa. Cambiar de vida. Tantas que ya no lo cree posible.

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