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Un mecanismo para varias enfermedades
Rafael Pérez Ortolá
Los parentescos también se presentan entre las diversas enfermedades. Muchas de ellas están vinculadas entre sí por una serie de mecanismos causales similares. Por lo menos se parecerán en ese rasgo que tienen en común. ¿Eso es bueno o contraproducente? Estamos otra vez con el dios Jano de las DOS CARAS, casi todos los eventos presentan esa doble faz; además, si nos referimos a la gente, a ciertos personajes no se les acaban las caras, una para cada circunstancia. Algo así ocurre con los mecanismos por los cuales se enferma. Una misma provocación puede desencadenar alteraciones diferentes; por ej., según el órgano afectado, como un efecto multiplicador. Por la cara favorable, si atacamos al primer mecanismo lesivo, se evitarán a la vez las diferentes enfermedades involucradas.
El proceso inflamatorio constituye uno de esos mecanismos ambivalentes ligados de diferentes maneras a las enfermedades. En su vertiente satisfactoria, ejerce una gran labor defensiva contra las agresiones, bien las procedentes del exterior o por el contrario desde dentro del propio organismo, tóxicos foráneos o lesiones internas. Plantea la guerra abierta a las inconveniencias que nos asaltan biológicamente. Ahora bien, en esa lucha se generan cambios, se destruyen células, se altera el medio habitual de cada órgano; deviene simultáneamente en un nuevo factor nocivo, produce alteraciones indeseables. La defensa iniciada no se desarrolla aislada de los daños originados por esos mismos defensores. Algunas sustancias liberadas en ese combate sirven de MARCADORES para evaluar la intensidad inflamatoria; número de glóbulos blancos, fibrinógeno, proteína C reactiva, interleucina, junto a otras pruebas. Podemos medir el grado de inflamación existente en cada situación.
Sobre este asunto de la ramificación de los efectos de un mismo mecanismo, activo en varias patologías; Lakaki, S.G. y colaboradores firman una publicación reciente en el Journal of Human Hypertension. Su objetivo principal dirigió su trabajo hacia la evaluación del FENÓMENO INFLAMATORIO en el curso de varios procesos. Aparte de la hipertensión, incluyen la obesidad, la arterioesclerosis, así como la repercusión del tabaquismo. ¿Cuál es el grado de precisión conocido sobre estas influencias? ¿Nos permitirán alguna actitud preventiva? ¿Qué expectativas nos abren? Desde luego, si es por el número de afectados, su extensión en la población general es notable.
En sus primeras aproximaciones concretan los datos relacionados con la HIPERTENSIÓN arterial. Observan a un grupo amplio de 714 “nuevos hipertensos”. Un buen porcentaje de ellos, en torno al 20 %, presentaron previamente cifras elevadas de los marcadores inflamatorios citados; constituían por lo tanto un evidente factor de riesgo para padecer una elevada tensión arterial en el futuro. Mantenían su significación estadística aunque también existían otros factores predisponentes, como la edad, peso, colesterol elevado. Los que no desarrollaron hipertensión en el período estudiado, presentaban valores notablemente inferiores de Interleucina, proteína C o fibrinógeno. La repercusión era directa, la mayor elevación de los marcadores se correspondía con mayores riesgos y complicaciones. Resulta lógico que, si además se trataba de sujetos obesos, se elevara la posibilidad de hipertensión. Ratificaron la relación de la inflamación subyacente con la hipertensión.
En los sujetos con sobrepeso se generan varias líneas de cara a las complicaciones. Primero, la de constituir una vía directa para convertirse en sujetos hipertensos, el mayor peso se traduce en mayor probabilidad de hipertensión. El SOBREPESO iba ligado también a cifras elevadas de los marcadores inflamatorios, si bien en este apartado se conocen mejor las capacidades del tejido adiposo para estimular los pequeños grados de inflamación en el resto de los tejidos, especialmente peligrosa en los vasos sanguíneos. Finalmente, en aquellos obesos portadores además de cifras altas de marcadores, al riesgo directo de la obesidad se sumaba otro 15-20 %, alcanzando cifras alrededor del 50 %. Son cifras que justifican la alarma, siempre con aquella correlación, según el mayor nivel de la inflamación, peores consecuencias.
Todas estas referencias enlazan con las LESIONES VASCULARES de la arterioesclerosis. Se forman placas de ateroma –lípidos y colesterol- acompañadas de una reacción inflamatoria, que a su vez intensifica las lesiones, se agranda el círculo. Con este ya tenemos el tercer proceso relacionado con este trabajo. Por aquí o por allá acabamos en las peligrosas secuelas cardiovasculares de sobra conocidas. Infartos cardíacos o cerebrales, hemorragias, demencia por dificultades en el riego sanguíneo del cerebro, extremidades, como cualquier otro órgano que pueda afectarse. Nos quedamos en un concepto centrado en el nivel de inflamación, provocado por uno u otro motivo, comprometiendo el futuro de esa persona.
El tabaco con sus diversos componentes tóxicos provoca una agresión continuada. Estimula por varios caminos los fenómenos inflamatorios, también con una repercusión preferente sobre los vasos sanguíneos. En caso de añadirlo a los sujetos con arterioesclerosis, obesos e hipertensos, las cifras de complicaciones sufrirán otro empujón hacia el desastre final. Tampoco vayamos con la exageración, ni con mucho se trata del único elemento nocivo. Consideremos no más la cocaína, el alcohol, con repercusiones parecidas. Por lo general, cualquier sustancia exterior de la que se abuse generará lesiones que disparan mecanismos como los mentados. Los XENOBIÓTICOS son eso, sustancias venidas de fuera del cuerpo, que son agresoras cuando se toman en exceso o los sujetos son extremadamente sensibles a ellas. Por eso conviene fijarse en aquel antiguo concepto de la variación, no empecinarse con determinadas pociones o sustancias extrañas. Semejantes invasores agravan la situación de los procesos citados, con su nociva inflamación.
Por debajo de todo lo dicho hemos de contar con los numerosos determinantes genéticos de influencias decisivas, será difícil el hallazgo de dos respuestas idénticas, el marcador genético actuará siempre. Abocamos por la fuerza biológica a una inevitable ESTRATIFICACIÓN de los resultados. ¿Leves alteraciones? ¿Avisos? ¿Situaciones irreversibles? Generalmente, siempre se llega a tiempo de alguna actuación beneficiosa. ¿Hasta qué punto? No se trata aquí de la precisión en estos aspectos, sí de una llamada ante las conexiones lesivas coincidentes que repercuten a la vez en los obesos, hipertensos, fumadores, los sometidos a ciertas aficciones compulsivas dirigidas a la ingestión de infusiones raras o los sufridores de determinados efectos tóxicos laborales (Isocianatos y muchos más); que conforman un amplio espectro de complicaciones futuras.
De lo referido se deducen enseñanzas prácticas, muchas de ellas conocidas, otras no tanto; que sean practicadas es otro asunto. Al cuidar la obesidad, mejoraremos muchos otros aspectos de la salud. Los tóxicos, sean laborales, medicamentos drogas, alimentos o simples abusos de cualquier sustancia aunque no sea peligrosa en sí misma o en cantidades pequeñas; nos debieran impulsar a la variación. Las complejidades son aún mayores, pero de momento no pasemos a otros niveles.
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