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Etiquetas:   A cara descubierta   -   Sección:   Opinión

Identidad y conflicto

Diego Taboada Varela
Redacción
sábado, 12 de febrero de 2005, 00:22 h (CET)
Al igual que uno puede preguntarse si fue Dios quien creó al hombre, o el hombre quien creó a Dios... uno puede preguntarse también si fue Fraga quien hizo a Galicia, o Galicia quien hizo a Fraga. Al igual que uno puede preguntarse si Dios es infinito en bondad y sabiduría, puede preguntarse también si Fraga reune tales atributos; los votantes de Don Manuel opinarán dos cosas : que fue Fraga quien hizo a Galicia, y que reune los eternos atributos de la bondad y la sabiduría; por ello, le están eternamente agradecidos, y para reforzar ese agradecimiento, rematan la cuadratura del círculo opinando que fue Dios quien envió a Fraga a los gallegos. Y esto no es una metáfora, en algunos, el hecho religioso se proyecta en la figura de Don Manuel, y los "disidentes laicos" que no creemos en él, no somos -dicen - buenos Gallegos.

Siempre me resultó irracional esa manía de asociar atributos individuales a identidades colectivas, como si aquellas fuesen causa de éstas, y no al revés. Bajo esa pulsión subyace la peligrosa intención de hacer a los individuos a imagen y semejanza de cierta "esencia intemporal" de la nación; vivimos siempre entra tradición y modernidad, somos herederos y creadores, para bien o para mal. Si estuviesemos obligados a imitar a nuestros antepasados estaríamos también obligados a imitar sus defectos y sus errores, estaríamos también obligados a pensar las mismas soluciones para circunstancias y problemas diferentes. Ciertos patriotismos, tienen su germen en el sentimiento latente del padre que, habiendo criado a su hijo, niega a éste la posibilidad de emanciparse algún día, de correr con los riesgos de sus decisiones, de adquirir autonomía propia, de diferenciarse del padre... sin necesidad de ofenderle.

Cuando oigo hablar de las "dos Españas", confieso sentirme desconcertado :
malamente puedo concebir dos Españas, cuando concibo más de dos Galicias.
Eso no impide que admita la existencia de una constitución cuyo cuerpo jurídico - que no es perfecto, y que puede ser reformado- me afecta de la misma manera que a un ciudadano Vasco, Catalán, Español... o Mozambiqueño; una constitución que DEBERÍA garantizarme lo que me promete. Pero la realidad se impone, y el hecho de que tales derechos se correspondan más con declaraciones formales que con realidades consumadas, puede desesperar a más de uno, cierto; pero tal problema no es un problema "nacional", es un problema de ineficiencia política; el problema radica en que los partidos que operan desde las instituciones, no han sabido o no han podido convertir tales derechos en hechos.

Volviendo a esto de las identidades : es un tema delicado. Opino, sinceramente, que identificarse con un estado, una organización político-administrativa, es casi lo mismo que identificarse con la administración de Justicia, lo cual no sería ridículo, ni mucho menos... si es con el ideal de Justicia con quien nos identificamos... y no con el edificio de la administración de Justicia. Bromas aparte : uno puede sentirse identificado también con un cúmulo de poetas, escritores y artistas que forman -o no - parte del estado al que pertenece, y ahí es donde las identidades se multiplican, se vuelven más flexibles y abiertasm se vuelven, incluso, ambiguas.

Jugar con el tema de las identidades desde las instituciones del Estado, no sólo me parece un peligro, sino también un ejercicio retórico que busca, en determinadas ocasiones, la eterna estrategia del "divide y vencerás". De la misma forma que el Vaticano puede distorsionar y contradecir el contenido de la fe cristiana, las instituciones políticas no escapan tampoco de ciertas clases políticas que juegan a decir a sus ciudadanos como deben sentirse en tanto que Vascos, Españoles, Gallegos, Catalanes... o Rusos.

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