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El Bachillerato de los Prodigios
Mario López
La presidenta del irreal Madrid, Esperanza Fuencisla Aguirre Gil de Biedma, ha anunciado a bombo y platillo la próxima apertura en nuestra Comunidad del Bachillerato de los Prodigios; que, a falta de inauguraciones, buenas son anunciaciones. El Bachillerato fetén albergará en sus excelsas aulas a lo mejor de cada casa; así, entre las impúberes luminarias de nuestro castizo predio, me supongo que los cazatalentos del reino acabarán por descubrir al repelente niño Vicente que nos saque de la ruina.
Los brindis al sol son moneda corriente en época de crisis. Ya se sabe que a perro flaco todo son pulgas. Un Bachillerato divino de la muerte es como un soneto de Joaquín Sabina: algo perfectamente prescindible. De la misma manera que a Sabina le publican el soneto por el destacado lugar que el jienense ocupa en el cancionero patrio, más que por el valor intrínseco del poema en sí (que, para qué nos vamos a engañar, es una ful), al estudiante sobresaliente le pondrán una plaza en la Universidad de sus amores por su propio talento o por la pasta gansa de su padre, que no por haber figurado durante uno o dos años en la selección madrileña de bachilleres listos (el virtuosismo suele ser cosa del posgrado).
La excelencia, el esfuerzo, el mérito. Qué grandes conceptos. Qué palabras más redondas. Qué bien les cuadra a tantos españoles a los que, sin embargo, nadie les reconoce sus méritos y ahora forman parte de la legión de desempleados que sobreviven malamente sin esperanza alguna, empezando por la de Puerta del Sol.
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